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Jueves 14 Diciembre 2017
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“Un chileno casado con el arco”, El magallánico que triunfa en el extranjero

El criollo Jorge Coihuín (37 años) ha encontrado su destino en Europa como preparador de porteros. Ha pasado por Real Madrid, Milan, Mónaco, Terrasa…. En Chile no trabaja porque, sostiene, los clubes no quieren invertir en la formación o en un puesto como el suyo.

arqueroNo hay fronteras. Al menos, en esta conversación que cruza mundos, imposible casi de domiciliar. Hoy, él está en Barcelona, donde necesita del silencio para escribir un libro acerca del oficio de ser portero. Pero ayer estaba en Moscú y no hace tanto en una universidad de la Patagonia dando una conferencia. Siempre acerca de la portería “y de la formación cognitiva de los porteros” que para este hombre, Jorge Coihuín, constituye su trabajo y tal vez una obsesión, porque “esto es algo tan especial y hay tanto por evolucionar….”. De ahí que su discurso también sea una reivindicación, “sobre todo en Chile, donde hay sitios en los que al preparador de porteros se le da la misma categoría que al que lleva el agua o el material”. “Y no es eso”, protesta; “no puede ser eso en un mundo como éste. Ya no se concibe un portero que se limite a entrenar lo físico o lo muscular. También tiene que trabajar el cerebro, la parte mental”.

Y ahí es donde aparece Jorge Coihuín, un hombre de la Patagonia chilena, nacido hace 37 años, que hoy gasta un aire a lo Ricardo Darín y que ayer soñó con ser un gran portero. “Pero a los 23, después de haber jugado en Palestino, tuve que retirarme por un problema en la columna”. Tuvo cura y volvió de la manera que pudo y que puede ser una fuente de inspiración. “Me convertí en portero de la selección chilena de fútbol sala”. Allí no renunció al retrato de sus años jóvenes en los que rara vez aceptó esa agonía que tantas veces procede de la soledad. “Fui un portero regular, pero un hombre tranquilo”.

Hoy, esa tranquilidad le acompaña en su viaje por el mundo. Incluso en los momentos más graves, como hace dos años, cuando sufrió un infarto cerebral. “Fue muy duro porque se me taponó una arteria del cerebro. Los médicos decían que se estranguló y por un tiempo me quedé sin habla y sin movilidad”. Pero supo luchar como homenaje a la vida. “Tuvo que ser el estrés. No pudo ser otra cosa, porque yo me cuidaba, comía bien. Tengo el mismo peso que tenía a los 18 años”.

De ahí que lo único que le quedase fuese enterrar el estrés en esta vida que lo postula como hombre emprendedor e inteligente, licenciado universitario: “Soy profesor de Educación Física y estudié peritaje forense”. Sin embargo, una vez que acabó los estudios, intuyó que había posibilidades de ser más feliz y regresó al primer amor de su vida, la portería, de la que nunca deja de hablar con una devoción infinita. Hoy, es como la banda sonora de su vida: “Porque dentro de la portería aún quedan cosas por inventar: el cerebro de un portero no tiene límites. Tenemos que conocerlos, intentar llegar a ellos”.

Para lograrlo, Jorge se apoya en la tecnología, “que permite medirlo todo”, y en la formación: “No conozco otra forma mejor de llegar al éxito que la formación y eso es lo que más cuesta entender en el fútbol chileno. No se quiere invertir en formación. No se sigue el ejemplo de Europa donde ves staffs técnicos en los clubes de 16 o 18 personas. Y eso es lo que te permite entender por qué Claudio Bravo se ha formado realmente en Europa. El portero que vino a la Real Sociedad no era así”.

Hoy, sin embargo, Jorge Coihuín se atreve a ponerlo como ejemplo: “Porque es un portero que se abstrae de los momentos buenos o malos. El tema de la victoria no es capaz de absorberlo. Aun ganando, él es consciente de que uno tiene errores y de que la única forma de mejorarlos es la autocrítica”.

Jorge, en realidad, piensa como él y también piensa que va a ser difícil sustituir a Bravo en la selección chilena, porque “ninguno de los que hay se acerca a su nivel”. Pero eso tampoco significa que no puedan alcanzarlo: “La materia prima es buena. Si se trabaja, y conozco a los técnicos de la selección que trabajan con ellos, sí, pero todo eso lleva tiempo. El éxito siempre necesita de tiempo y de una inversión que en nuestro caso tampoco es tan cara. No hacen falta tantos medios; lo que hace falta es formación y, claro, lo que tampoco puede uno hacer es bajar los precios del mercado. No sería una competencia leal. Hay trabajos que, si te ofrecen 50 euros, no puedes hacer. No debes hacer, porque no valen eso”.

Su ventaja para llegar al primer equipo de un gran club europeo es el tiempo: “Tengo 37 años. No soy ni muy joven ni muy mayor”. Salió de Chile con esa idea rumbo a Irlanda del Norte, donde estudió “otro tipo de entrenamiento para los porteros”. Desde entonces, no ha parado de viajar por el mundo. Ha trabajado en las academias de porteros de Real Madrid, Milan, Mónaco, Rusia e incluso en el primer equipo del Tarrasa, donde estuvo a punto de coincidir con Tito Vilanova, el fallecido entrenador del Barcelona. Hoy, Jorge Coihuín es el resultado de todos esos lugares y de todos esos idiomas que resplandecen en él y en el libro que está escribiendo.

Su pasión es infalible y ya son cientos de muchachos, que son los que aspiran a ser los arqueros del día de mañana, los que le han escuchado en Europa. Su poder también reside en la palabra e, incluso, en la nostalgia de regresar algún día a vivir a Santiago: “Claro que me gustaría trabajar en Colo Colo, en Católica o en la Universidad de Chile. Son tres clubes grandes, pero no sé si alguna vez llegará ese día. No depende de mi”.

Su formación, sí, y ése siempre será su verdadero cheque al portador, lo que nos une a su vida y a su domicilio imposible de identificar. “Nací para viajar por el mundo”, exclama Jorge en la despedida como si se tratase de Ricardo Darín, por ejemplo, en Truman. La diferencia es que él no habla del cine, sino de la portería. El amor de su vida.

Autor: Alfredo Varona, Madrid