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Sábado 15 Junio 2019
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Literatura de Magallanes: una historia viva y presente

Donde se acaban Chile y el mundo, quizás avivada por las ráfagas de viento patagónico que atraviesan la región, se ha desarrollado durante años la literatura magallánica, probablemente una de las más pródigas de nuestro país, de por sí generoso en materia literaria y poética.

Al alero de una naturaleza tan extrema como su ubicación geográfica, la creación literaria parece encontrar en la zona del Estrecho de Magallanes un terreno fértil, tanto para los creadores nativos como para aquellos que han hecho de estas tierras su patria adoptiva. Uno de los casos emblemáticos es el de Francisco Coloane, quien, en definitiva, fue el “inventor del espacio magallánico dentro de la narrativa chilena”, en palabras del novelista Ramón Díaz Eterovic.

Hijos de un paisaje que aún hoy tiene mucho de indómito, los escritores magallánicos han logrado construir una sólida columna al interior de las letras chilenas, contando con tres Premios Nacionales de Literatura: Francisco Coloane, Enrique Campos Menéndez y Roque Esteban Scarpa y uno de Educación, Ernesto Livacic. A estos se suman un grupo importante de creadores que han traspasado las fronteras de la región, como Marino Muñoz Lagos, Mariana Cox Stuven, Rolando Cárdenas y el director de teatro Andrés Pérez.

Aunque fuertemente marcados por el entorno, que contribuye en la construcción de una línea creativa con una gran presencia de los elementos naturales y un lenguaje relativamente bucólico, es imposible enmarcar la producción literaria de la región en una sola veta estilística. Conviven así en la escena literaria magallánica las obras de un estudioso como Livacic y las novelas negras de Díaz Eterovic; la poesía de Juan Pablo Riveros en torno a las etnias originarias, los versos más oscuros de Rolando Cárdenas y los textos políticos y testimoniales de Aristóteles España; los cuentos del Trúbico y el Salustio, de Alfonso Alcalde, y las temáticas regionales del poeta José Grimaldi, que escribió una verdadera “carta de nacionalidad magallánica” con su poema “El ovejero de mi tierra”.

Es como si la misma geografía accidentada de Magallanes que enamoró a Gabriela Mistral -considerada una de las fundadoras de la poesía magallánica por la influencia que ejerció en la vida cultural de la región, al ser nombrada directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas en 1918-, se repitiera en la escena literaria de esta región de la que han escrito desde Víctor Hugo hasta el naturalista británico Charles Darwin.

Esta región ha entregado no sólo una numerosa legión de escritores y poetas, sino que ha mantenido, desde la incipiente actividad teatral y literaria desarrollada por la Federación Obrera en el salón La Bodega a principios del siglo XX, un nutrido movimiento creativo a través de la sección regional de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), de agrupaciones de escritores (como el colectivo Esperanto), premios y concursos regionales, que han permitido el surgimiento de nuevas promociones de escritores en la región, con Pavel Oyarzun, Christian Formoso y otros autores.