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Jueves 18 Julio 2019
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Cuarta Brigada Aérea conmemora en Magallanes el natalicio del creador de la Fuerza Aérea de Chile

COMODORO DEL AIRE ARTURO
MERINO BENÍTEZ

EL SIGLO DE LA AVIACIÓN CHILENA

Sin lugar a dudas, el siglo XX será reconocido como la centuria en la cual Chile pudo superar definitivamente los accidentes de su geografía y la irregular distribución espacial de su población, hasta lograr su total integración territorial y plena identidad nacional, gracias a la introducción y desarrollo del medio aéreo.

Entre el primer vuelo realizado en Chile por César Copetta en Agosto de 1910 y la sólida realidad actual, destaca con brillo propio una figura clave para la aviación chilena, que a partir de 1926 reúne sus elementos dispersos e incipientes, civiles y militares, y como Jefe de la Aviación Militar les da una estructura definida, les fija un propósito de carácter nacional e impulsa la creación de la Fuerza Aérea en 1930, para lograrlo: el COMODORO ARTURO MERINO BENÍTEZ.

Por lo grandioso de su obra, que trasciende nuestras fronteras, por su visión de futuro, por su perseverancia, liderazgo y probidad, por su valor e integridad y, por su gran amor a la Patria, para la cual supo poner la aviación a su pleno servicio y progreso, es reconocido por todos los aviadores como “EL PROCER DE LA AERONÁUTICA CHILENA”.

SEMBLANZA DEL COMODORO

Datos biográficos

Nacido en Chillán el 17 de Mayo de 1888. Sus padres fueron Pedro Merino Feliu y Clorinda Benítez Labbe. Ingresó a la Escuela Militar antes de cumplir los quince años de edad. Se destacó como Cadete, siendo designado por sus méritos Brigadier Mayor y egresando en 1908 como Teniente 2º de Artillería con sobresalientes calificaciones. Siendo Oficial de la Escuela Militar ascendió, por méritos, a Capitán en 1913. Egresó de la Academia de Guerra en 1917 como Oficial de Estado Mayor y al año siguiente, 1918, pronunció su recordada conferencia “Sobre futura proporcionalidad de las distintas Armas”, en la cual hacía presente la superioridad de la aviación sobre la caballería en la exploración a larga distancia y en el combate mismo, y su acelerado desarrollo que había aumentado el efecto de las armas de fuego, por todo lo cual él pronosticaba que era natural esperar un aumento en la proporción de aviones, cañones y ametralladoras en los Ejércitos.

En 1922 se encontraba sirviendo como Agregado Militar a la Embajada de Chile en Brasil, cuando arribó a Río de Janeiro el Capitán Diego Aracena Aguilar, culminando el más largo crucero aéreo efectuado en Latinoamérica hasta ese momento, lo que contribuyó a aumentar su interés por la aviación como medio moderno de comunicación e integración.

En 1926 ingresó a los servicios aéreos del Ejército, como Director de la Escuela de Aviación, siendo Mayor de Ejército del arma de Artillería. Al poco tiempo y ya con 38 años de edad, voluntariamente hizo su curso de piloto, porque lo sintió como una obligación moral ya que debía mandar a pilotos, lo que evidencia su gran sentido de responsabilidad y de superación.

En 1928 asume la Dirección de Aviación del Ejército, organismo recién creado, del que fue su primer Director. Esta designación y el apoyo del Presidente de la República, General don Carlos Ibáñez del Campo, le permiten llevar a cabo sus grandes ideas sobre lo que debía ser y significar la aviación en Chile, tanto militar, como civil y comercial, logros que se detallan más adelante.

El 21 de Marzo de 1930, siendo Teniente Coronel asume, con el título de Subsecretario de Aviación, el mando de la Fuerza Aérea Nacional, creada por Decreto 1.167 de la misma fecha. No existía todavía el cargo de Comandante en Jefe, ya que antes de crearse la Fuerza Aérea existía un Ministerio de Guerra y uno de Marina que regían al Ejército y a la Armada, respectivamente. Solamente a partir de 1932, cuando se crea el Ministerio de Defensa Nacional, con tuición sobre las tres ramas de la Defensa, se crean los cargos de Comandantes en Jefe en cada arma, reportando a un solo Ministro.

Ejerció el mando institucional, con el grado de Comandante de Grupo, durante 1930 y 1931, pero los avatares de la situación política nacional lo alejaron de su cargo a fines de este último año. Fue reincorporado posteriormente en Junio de 1932, esta vez con el título de Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea y tres meses más tarde, el 02 de Septiembre de 1932, se cursó su ascenso a Comodoro del Aire (rango de General).

Terminó su carrera militar definitivamente el 15 de Septiembre de 1932, en que se acogió a retiro.

Previo a esto, el 21 de Julio de 1932 se había promulgado el Decreto Nº 247, que otorgó personalidad jurídica a la Línea Aérea Nacional, designándose un Consejo Directivo presidido por Merino Benítez. Posterior a su retiro, presentó su renuncia la cual fue rechazada por el Presidente electo, don Arturo Alessandri Palma, al cual acompañó hasta Agosto de 1938, prácticamente todo su mandato presidencial, dándole a dicha empresa el enorme impulso que le permitió consolidarse como la principal aerolínea nacional hasta la actualidad.

Años más tarde volvió a dirigir la Línea Aérea Nacional, siendo nombrado Vicepresidente Ejecutivo de ella el 11 de Noviembre de 1952, cargo que ejerció hasta el 24 de Agosto de 1954, a partir de lo cual se dedicó a actividades particulares.

La Fuerza Aérea tuvo el privilegio de rendirle un merecido homenaje en vida el 21 de Marzo de 1970, con motivo de cumplirse los 40 años de vida institucional. En una emotiva ceremonia, con distinguidos invitados extranjeros y un espectacular desfile aéreo y terrestre, el Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva condecoró al Comodoro Merino Benítez con una medalla de oro que tenía la siguiente inscripción: “Al insigne y primer Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile. 1930-1970”.

Falleció en Santiago el sábado 30 de Abril de 1970, faltándole días para cumplir los ochenta y dos años de vida.

Su personalidad

Fue un líder nato. Su ascendiente de mando, liderazgo, firmeza, rectitud y perseverancia en todas sus actuaciones, le ganaron siempre la mayor adhesión y lealtad de su personal. A lo anterior, se unía su gran honestidad moral y material, predicando con su ejemplo personal estas virtudes. Le correspondió durante su jefatura efectuar varias adquisiciones de material aéreo, para uso militar y comercial, e incluso una fábrica de aviones (Curtiss en Los Cerrillos) y jamás se cuestionó su probidad.

Con gran visión de futuro, visualizó la aviación como el medio más moderno, rápido y efectivo para unir territorialmente todo Chile. Cuando el Presidente Ibáñez le expresó su desaliento por las dificultades geográficas para comunicarse con los habitantes del territorio austral, Merino le respondió: “Yo tengo un camino construido: ¡el de los cielos de Chile! ” Luchó incansablemente por ello, arriesgando incluso su vida, como en el caso del accidente de Aguas Frescas, en Punta Arenas en enero de 1930. En esa oportunidad, Merino se mantuvo horas a bordo de su avión accidentado en el Estrecho de Magallanes y fue rescatado cuando ya estaba prácticamente sumergido en sus heladas aguas.

Profundamente nacionalista: se opuso tenazmente a que el tráfico aéreo en Chile fuera servido por líneas extranjeras y luchó por tener una línea nacional.

OBRAS Y REALIZACIONES DEL COMODORO

Su obra más maciza es sin duda, haber sentado las bases y puesto en marcha el SISTEMA AERONAUTICO NACIONAL, tal como lo conocemos ahora. Teóricamente había sido esbozado por el Estado Mayor del Ejército en 1926, pero era necesario un líder como Merino para materializarlo en hechos concretos. Puede verse la obra de Merino a la luz de los componentes del Poder Aéreo: Componente de Fuerza La Defensa del país se efectúa en aire, mar y tierra; cada una de ellas con su respectivo instrumento bélico. Hasta 1930 no existía como tal en el aire, solamente Ejército y Armada para la superficie. Merino, con el decidido respaldo del Presidente de la República, General Carlos Ibáñez del Campo, logra el 21 de Marzo de 1930 la creación de la Fuerza Aérea como institución independiente de las otras dos y con el mando único sobre los medios aéreos de combate de la Defensa Nacional.

Hasta ese momento existían, no solo en Chile sino en todos los países, una concepción paralela del empleo de los medios de defensa, con muy poca conexión entre la estrategia terrestre y la naval, por razones obvias del escenario y de los medios de cada cual. Al crearse la Fuerza Aérea y tal como lo había previsto Merino en 1918, la aviación pasa a tener un papel preponderante en la estructura de la defensa nacional, ya que los medios de superficie no pueden desentenderse de la amenaza desde la altura.

Es por esta razón que la creación en 1930 de la Fuerza Aérea como instrumento militar, en menos de dos años obliga a establecer un Ministerio de Defensa, común para las tres Instituciones y, más importante aún, introduce en las concepciones estratégicas, la lógica inevitable del EMPLEO CONJUNTO de las fuerzas de aire, mar y tierra. Esta lógica ha tomado su tiempo en asentarse, pero en la actualidad es un hecho comúnmente aceptado por la mayor eficiencia y sinergia que se produce en el empleo de los medios.

Componente de Desarrollo Aviación comercial

En 1928 plantea el establecimiento de una línea aeropostal al Norte del país, proyecto que fue aprobado finalmente por el Presidente Ibáñez, quien ordenó la compra de 20 aviones Cirrus Moth para el futuro servicio. El Servicio Aéreo del Ejército había creado en Santiago, en 1926, los Grupos Mixtos de Aviación Nº 1 y 3, con la intención de asentarlos posteriormente en Iquique y en Temuco. Cuando Merino Benítez es nombrado en 1928 Director General de Aeronáutica del Ejército, se materializa este propósito.

El Grupo Nº 1 en Iquique y las postas que establece desde la capital hasta Arica, permiten que el 5 de Marzo de 1929, se inaugure la “Línea Aeropostal Santiago-Arica”, que tres años más tarde se convierte en la LÍNEA AÉREA NACIONAL.

Dentro de este mismo espíritu, encabezó varios cruceros hacia la zona Sur y dispuso en 1928 el asentamiento en Temuco del Grupo Mixto de Aviación Nº 3. Al año siguiente, 1929, crea la Escuadrilla de Anfibios Nº1 en Puerto Montt, con la cual echa a andar la “Línea Experimental Puerto Montt-Aysén”, como una primera etapa de la futura línea a Magallanes. En Enero de 1930 llega finalmente a Punta Arenas en un trimotor Junkers, siendo la primera vez que un avión llegaba a dicha ciudad en vuelo desde el centro del territorio nacional. Allí sucede el accidente de Aguas Frescas.

Con todos estos avances, cuando en 1930 se crea la Fuerza Aérea, ya existía una base de material sólida para sustentarla, formada por pilotos, tripulaciones, aviones y aeródromos, como producto del titánico esfuerzo de Merino Benítez en los cuatro años anteriores.

Durante la década de los treinta, se establece un servicio a Magallanes desde Puerto Montt, con dos bimotores Sikorsky de la Fuerza Aérea Nacional que, aunque de corta vida, dejó los fundamentos necesarios para que en la década de los cuarentas, la Línea Aérea Nacional iniciara el servicio comercial de dicha ruta con aviones de itinerario.

De esta forma, gracias al tesón, la visión y el sacrificio de Merino Benítez, el territorio nacional quedó finalmente unido en su totalidad por el camino que él le había prometido al Presidente Ibáñez: el de los cielos de Chile.

Aviación civil y deportiva

Merino Benítez siempre vio en los pilotos civiles una reserva valiosa para integrar la dotación de la Fuerza Aérea en casos de emergencias mayores. Por esa razón, fundó el Club Aéreo de Chile, en Mayo de 1928, y le proporcionó la más estrecha y decidida colaboración de la Fuerza Aérea para ir dando vida a los Clubes Aéreos a lo largo del país.

Oficiales pilotos se desempeñaban como Instructores de vuelo de dichos Clubes, Oficiales Ingenieros y mecánicos de la Fuerza Aérea apoyaban el mantenimiento de su material aéreo y fue así como se generó una importante masa de pilotos civiles, preparados metódica y disciplinadamente, que fueron posteriormente generando a su vez, sus propios instructores. Desde el comienzo, Merino dispuso que los pilotos civiles pasaran a integrar la Reserva de la Fuerza Aérea como Oficiales y los incorporó permanentemente a las actividades institucionales.

Con el tiempo, el Club Aéreo de Chile original agrupó a todos los Clubes Aéreos que se fueron formando en el país, por lo cual tomó su nombre actual de FEDERACIÓN AÉREA DE CHILE.

Al mismo tiempo y para un mejor ordenamiento y seguridad de las actividades de la aviación civil y comercial, Merino Benítez logró la creación de la DIRECCIÓN DE AERONÁUTICA el 28 de Marzo de 1930, organismo que hasta nuestros días cumple dichas funciones, además de velar por la seguridad de la aeronavegación en el espacio aéreo chileno.

Conciencia aérea nacional

Merino previó que era fundamental que la ciudadanía tomara conciencia lo más directa posible de los beneficios y posibilidades que le ofrecía la aviación, para su comunicación y progreso. Por esta razón impulsó la formación de una conciencia aérea ciudadana, a través de discursos, conferencias, artículos de prensa, y además con frecuentes vuelos públicos de grandes formaciones, que impactaban al público y que despertaron muchas vocaciones en la juventud para ingresar, ya fuera a la Fuerza Aérea o a los Clubes Aéreos.

Industria aeronáutica

Probablemente en esa época no se conocía el término actual de “off sets”, pero ya en 1930 Merino Benítez tenía el concepto de que las adquisiciones de material aéreo dejaran también un beneficio residual en el país. Por esta razón, cuando a fines de 1928 se decidió la adquisición de 20 aviones biplaza Curtiss, modelo “Falcon” para la Fuerza Aérea, Merino hizo colocar como condición inamovible en el contrato, que la empresa vendedora, la Curtiss Aeroplane Export Corporation, instalara una fábrica de aviones para producir dichos aviones en Chile.

Consecuente con su profundo espíritu nacionalista, estipuló que debía emplearse mano de obra nacional. Con este propósito, 25 técnicos egresados de la Escuela de Artes y Oficios viajaron a Buffalo, Estados Unidos, en Abril de 1930, para recibir instrucción en la propia fábrica matriz. De esta manera, en Octubre de 1930 se inauguró la FABRICA DE AVIONES en Los Cerrillos, con técnicos norteamericanos y los operarios chilenos instruidos en los Estados Unidos.

Resulta entonces Merino Benítez, un pionero intuitivo de lo que en esta época se conoce como “off set” y que está siendo cada vez más habitual en estas adquisiciones.

Infraestructura aeronáutica

Una de las grandes dificultades que se tuvieron desde los primeros intentos para expandir las líneas de comunicaciones aéreas desde El Bosque hacia el resto del país, fue la falta de una adecuada infraestructura, ya fueran canchas de aterrizaje, instalaciones meteorológicas, señalizaciones y, más adelante, radiocomunicaciones.

Los pilotos de la Línea Aeropostal al norte salían en cada oportunidad, como decían en su jerga: “a hacerle pelea a la ruta”. Por telegramas se informaban de la situación meteorológica en el punto de destino, pero no podían saber como se les iba a presentar durante el trayecto. Lo precario de los lugares de aterrizaje añadía un factor adicional de riesgo a esos vuelos, pese a lo cual Merino Benítez supo imprimirle una mística especial a sus pilotos que los llevó a tratar de cumplir con los itinerarios a todo trance.

Recorrió personalmente las postas hacia el norte y sur, destacó personal en cada sitio para ir reparando permanentemente el terreno y fijando las demarcaciones, fue generando puestos de observación meteorológica y mejoró la comunicación telegráfica.

Al mismo tiempo, ante la falta de cartografía apropiada para la aeronáutica, dispuso la creación del GABINETE DE FOTOGRAMETRÍA AÉREA, el 12 de Julio de 1930, iniciativa de largo plazo tendiente a formar un capital de fotos aéreas que permitiera posteriormente, en conjunto con el Instituto Geográfico Militar, producir cartografía más exacta de Chile. Dicho Gabinete es el antecesor del actual Servicio Aerofotogramétrico “General Juan Soler Manfredini”, que es el representante oficial del Estado de Chile en materias aerofotogramétricas.

CONCLUSIÓN

Varias obras se han escrito sobre la vida y las realizaciones del Comodoro Merino Benítez en pro de la aeronáutica nacional; y muchas más podrían escribirse, por cuanto pertenece a esa categoría de hombres excepcionales, decididos, tozudos en sus ideales, que dan origen a las grandes obras y explican el progreso de los pueblos.

Sin embargo, basta con recordar sus obras fundamentales, vale decir la Fuerza Aérea, el Club Aéreo, la Línea Aérea Nacional, la Fábrica de Aviones, la Dirección de Aeronáutica, el Gabinete de Fotogrametría, para comprender de inmediato que nos encontramos en presencia de una figura señera y tremendamente significativa para todos los aviadores chilenos, civiles o en uniforme.

Sus infatigables esfuerzos por establecer la aviación en Chile, su ejemplo personal, su moral, probidad y entereza; su gran liderazgo que llevó a su personal a los sacrificios más extremos en pos de este ideal aéreo, su prestigio internacional representado en condecoraciones de países destacados en la aeronáutica mundial, como Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, merecen sobradamente que el Comodoro del Aire Don Arturo Merino Benítez sea reconocido como un verdadero PROCER DE LA AERONÁUTICA NACIONAL, orgullo de la Fuerza Aérea y de Chile.

Como un reconocimiento a esta calidad, el Presidente de la República Excmo. Sr. Salvador Allende Gossens envió en 1971 un Proyecto de Ley al Congreso, proponiendo denominar al Aeropuerto de Pudahuel con el nombre de este insigne aviador chileno, recalcándose en el Mensaje respectivo que “era de justicia honrar la memoria de quien contribuyó a marcar indudablemente, una época fructífera de la aviación nacional y, en especial, de la Fuerza Aérea de Chile”.

Esta iniciativa vino a concretarse finalmente en 1980, en el marco de la celebración del Cincuentenario de la Fuerza Aérea de Chile.