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lunes 10 agosto 2020
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Una mano de hierro mece la cuna – Víctor Maldonado – Opiniones

La derecha más dura está reaccionando, tiene un propósito definido, una estrategia que los guía y se ha desprendido de una dirección de gobierno que ya la ha decepcionado. La sensación de volver a tener conducción es manifiesta. La falta de autoridad ya no seguirá siendo la guía de acción.

El cambio en el vocabulario que emplea es manifiesto. Provista de nuevos bríos, la presidenta de la UDI habla golpeado en el consejo general de su partido:  no “están las condiciones para llevar adelante el plebiscito”, se nos informa a todos. Fue una de varias frases en tono aguerrido.

Y esto es nuevo. Más bien es nuevo de puro antiguo. Es un retorno a las raíces, con el orgullo recuperado del que ha estado circunstancialmente a la deriva por un breve lapso, del que no quiere acordarse ni dejar rastros.

La única excepción, es que se permite la disidencia acotada, en el caso de algunos que prefieran optar por el cambio constitucional. Pero se los ubica en un corralito especialmente habilitado para disidentes y alcaldes que postulan a la reelección. Nada más.

Además, este discurso incluyó cariñosas referencias a la dirección de RN: “tampoco nos vamos a dejar llevar por arrebatos populistas para congraciarnos con determinados sectores, hipotecando con ello el futuro del país”.

El estilo duro de la UDI es extremadamente decidido cuando se trata de manejar la disidencia interna. El lugar que se le deja para sobrevivir es poco más que simbólico. Las contemplaciones serán mínimas. Parece estar aquí invertido el lema del escudo nacional: “por la fuerza y, si no queda otra, por la razón”.

En la UDI no te echan pero te asfixian. Es lo que experimenta el diputado Jaime Bellolio. A los que son de la línea minoritaria y no se les concede el permiso alcaldicio para matizar, todo lo que les queda son opciones en la cornisa: o se desdicen de lo que han defendido antes, o se convierten en un caso extraño de exilio dentro de la propia casa.

El clima de violencia se da como un hecho que no se pude cambiar. No hay responsabilidad que asumir al respecto. Y, ante una violencia que, sin justificación se da como ganadora, se sacan conclusiones que desmienten los compromisos ya asumidos.

Hay violencia, no hay plebiscito legítimo. Esa es la fórmula. El plebiscito no es válido en esas condiciones, se vota que no al cambio constitucional. Esa es la conclusión. Si se aprueba igual el cambio constitucional, se evitará las modificaciones importantes, ya que se tendrá fuerza para eso. Esa es la estrategia. Torpedear los cambios puede llevar a una crisis mayor. Bien, se está preparado para eso. ¿No se dijo al principio que la violencia impedía un plebiscito viable? Esa es la profecía autocumplida.

Aquí no hay una fatalidad. Está la decisión política de construir una fatalidad, justificada con una lógica que no se sostiene. Se trata de imponerse, no de convencer. Pero el camino de Chile no puede ser el reemplazar una violencia por otra, sino el reemplazar la violencia por el diálogo de los demócratas.

Víctor Maldonado.