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domingo 5 julio 2020
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Esos no se cuentan – Opiniones

Con esta frase, Herman Chadwick, dio por zanjada, la polémica sobre el comentado funeral de Bernardino Piñera. No me voy a referir al acto, pero sí, me quiero detener en la frase. En pocas palabras, nos confirman algo q ya sabemos: No contamos para las élites sociales y políticas. Esta idea tan arraigada desde la élite y que permea a toda la sociedad chilena se ha establecido casi como una verdad incuestionable desde los albores de la década de los 80. Quizás por lo mismo, no somos capaces de exigir derechos, nos callamos y soportamos el abuso del mercado y la ausencia del Estado. Hemos sido testigos de escandalosos casos de corrupción entre políticos y empresarios, y adelantamos nuestro juicio: no les pasará nada.

Así ha sido. Nos inculcaron una visión economicista neoliberal: somos los responsables de nuestro bienestar, si carecemos de incluso las más básicas prestaciones, es porque somos flojos. Lo hemos llegado a creer, con convencimiento.

Chile, el Jaguar de Latinoamérica, miembro de la OCDE, que se proyectaba como un ejemplo regional de una economía robusta no permite que sus ciudadanos se jubilen a la edad temprana. Estamos obligados en muchos casos, por no decir en todos, a trabajar hasta el final de nuestros días para sobrevivir. Sin ir más lejos, esta pandemia, ha sacado a la luz, la precariedad de nuestra existencia.

Vivimos en un letargo que nos mantuvo silenciados por al menos 30 años: la prosperidad económica sólo tocó a algunos privilegiados, la alegría nunca llegó y la política del abuso se institucionalizó. Lo peor es que, no obstante esa flagrante vulneración nos mantuvimos callados. Sin embargo, como reza el dicho: tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. En Octubre y tal como ocurrió en la Primavera árabe del 2010 y la revolución ucraniana del 2013 el estallido social, Chile comenzó a despertar. Ese despertar tardó 30 años, de los cuales 17 correspondieron a una brutal dictadura que instauró el terrorismo estatal como forma de política habitual.

Hemos sido pacientes, demasiado. No podemos seguir esperando, no lo merecemos, somos los que impulsamos la economía, los que financiamos a la clase política, que lo que menos ha hecho es representarnos olvidando por completo el mandato constitucional que establece que la Soberanía reside en la Nación y que su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas. No podemos seguir creyendo que somos una masa haragana porque no lo somos. Es nuestro deber, para con las futuras generaciones, liberarnos de estas falsas ideas, reclamar igualdad, sin culpa ni temores.

Los jóvenes lo entendieron y dieron el primer paso, por los mutilados, por los que ya no están, caminemos erguidos, se los debemos y vayamos juntos al encuentro de una democracia real. Ya dieron el primer paso. Por los mutilados, por los que ya no están. Ahora nos corresponde caminar a su lado y abrir todos juntos las grandes Alamedas.

Petirrojo.