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martes 27 octubre 2020
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Profesionales magallánicos enviaron carta a la intendente para que evalúe las medidas de confinamiento de la región.

Un grupo de profesionales de Magallanes, envió una carta a la Intendenta Jennifer Rojas manifestando se preocupación por la actual crisis por la que pasa la región. en la carta se le solicita a la autoridad regional evaluar las medidas que se han impuesto para contener el virus.

La carta fue firmada por empresario, médicos, emprendedores regionales y economistas.

«Somos profesionales magallánicos que sentimos gran preocupación por el grave impacto en la salud física y mental de la población, la convivencia y la economía regional, debido a la actual estrategia sanitaria COVID-19. Es un hecho que después de siete semanas de confinamiento, esta estrategia no ha conseguido los resultados esperados.

Creemos que la estrategia de confinamiento impuesta en Magallanes está produciendo efectos profundos y duraderos, que socavan la salud de la población, ocasionan la pérdida de miles de puestos de trabajo y destruyen el tejido productivo, lo que impacta particularmente en los emprendimientos locales y en las personas más vulnerables de nuestra sociedad. Inicialmente, en un escenario de gran incertidumbre, la autoridad estaba llamada a actuar con la mayor prudencia.

Reconocemos su acertada labor inicial frente a este desafío histórico y su éxito en haber evitado el colapso del sistema hospitalario. Sin embargo, la comprensión acerca del COVID19 se ha incrementado, estableciendo con meridiana claridad que la población de mayor edad y personas con enfermedades crónicas e inmunodeprimidos son mucho más vulnerables ante el contagio del virus que la población joven. En el caso de los menores de edad, la enfermedad no ha demostrado ser más peligrosa que tantas otras enfermedades con las cuales convivimos a diario.

Las medidas actualmente establecidas por la autoridad han buscado restringir la movilidad de las personas, obligándolas a permanecer enclaustradas en sus hogares. Se han impuesto extensos toques de queda, restricciones draconianas a la vida económica y social no vistas en el resto del país, restricción vehicular, prohibición de clases presenciales de estudiantes, imposibilidad de practicar deportes y realizar actividades culturales incluso al aire libre, insólitas recomendaciones como el uso de mascarillas al interior de los hogares y un sin fin de otras medidas que no han dado resultado a luz de los datos disponibles.

En efecto, los contagios no cesan y una amplia mayoría de la población ya no resiste permanecer encerrada en sus hogares. Para enfrentar la situación actual, reviste menos importancia que antes saber si el virus llegó con los cruceros, si vino con personal de empresas pesqueras o si faltó mayor control en el aeropuerto; el virus ya está en la base de la población y es necesario actuar en concordancia. Además, ya se ha implementado un control por PCR de quienes arriban a la región, para evitar el ingreso masivo de personas que pudieran traer el virus.

Es necesario entonces plantearse abiertamente: ¿Es sensato persistir en una estrategia que no obtiene los resultados esperados? ¿Tiene sentido seguir deteriorando la economía y nuestro sistema inmunológico en un encierro que nos hace perder capacidad de recuperación? ¿Tiene sentido que no se permita a la población sana salir a dar una vuelta en auto o a pie, mientras sí se permite hacer filas en notarías, bancos y supermercados? ¿Tiene sentido mantener encerrados a nuestros adultos mayores sanos, impidiéndoles acceder a negocios y farmacias? ¿Tiene sentido encerrar a los sanos “para cuidarlos”, mientras a infractores de las medidas sanitarias – por estúpidas que nos parezcan – se les castiga apenas con reclusión nocturna (con toque de queda)? ¿Tiene sentido todo esto si al mismo tiempo se dice que sí es posible ir a votar en dos semanas más? ¿No sería mejor evaluar estrategias distintas, como por ejemplo, lo que se ha hecho en Suecia dirigido por el epidemiólogo Anders Tegnell, que se focalizó en la protección de la población vulnerable permitiendo que la inmensa mayoría de la sociedad continuara su vida casi con total normalidad? ¿Qué podríamos hacer para cuidar a la población considerando aspectos sanitarios, económicos y sociales hasta que se disponga de una vacuna efectiva o hasta alcanzar la inmunidad de rebaño? Estas y otras preguntas son las mismas que se formulan no sólo en Magallanes, sino también en otros países ante la misma disyuntiva.

De hecho, a partir de la Declaración de Barrington, decenas de miles de científicos se manifestaron contrarios a las cuarentenas extendidas, al igual que el Ministro Paris y recientemente la OMS. En virtud de lo anterior y constatadas las ineludibles necesidades de los magallánicos, es imperativo establecer una estrategia que balancee los riesgos y beneficios para alcanzar la inmunidad grupal, ponderando la experiencia sueca, a efectos de que la mayoría de la población (de menor riesgo de complicaciones) viva con mayor normalidad sus vidas, mientras focalizamos todos los esfuerzos en proteger a las personas vulnerables como los adultos mayores, enfermos crónicos e inmune deprimidos.

Solicitamos, entonces, a nuestras autoridades, un cambio de estrategia para enfrentar el desafío que representa la situación actual, que se implementen medidas centradas en la protección de la población vulnerable, mientras todos los ciudadanos reactivamos la actividad económica y social en toda la región de Magallanes.

FIRMAN.

Manuel José Correa, economista. Paul Gnadt, economista. Salvador Harambour, geólogo. Celia Mansilla, dirigente vecinal. Fernando Harambour, ingeniero civil. Enrique Gutierrez, capitán de la marina mercante. Miguel Ángel Haro, médico de urgencias. Gloria Vilicic, empresaria. Bernardo San Martín, médico broncopulmonar. Max Salas, empresario. Paola Romero, escultora. Alejandro Riquelme, ingeniero comercial. Cecilia Cárdenas, dirigente vecinal. Eduardo Camelio, ingeniero comercial. Paula Covacevich, ingeniero en ejecución agropecuaria. Iván Nikovic, empresario.