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miércoles 25 noviembre 2020
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El gobierno no puede, la nación sí – Víctor Maldonado R. – Opinión

Este no es un gobierno que pide la renuncia a sus personeros, es un gobierno al que se le caen sus principales figuras. Acostumbrado a no tomar la iniciativa, le acontece que espera hasta el último minuto para aplicar medidas, llega tarde, si es que llega, y por eso no recupera terreno. Su campo de acción se reduce de forma constante y sistemática.

Francisco de la Maza dice que “este gobierno se acabó”. La realidad es mucho peor: este gobierno debió terminar hace mucho, pero sigue ocupando los puestos que debiera llenar con autoridad, pero que vacía de contenido. Si esta administración dependiera de la mantención de una mayoría ya habría pasado al recuerdo junto con el estallido social. Ahora se mantiene porque no podemos sacarlo, porque no se puede ir con dignidad y porque el vacío es todavía peor.

Nos encontramos con que Carabineros tiene un nuevo encargado, esperamos que llegue a ser una nueva autoridad, algo para lo que no ha colaborado el Ejecutivo haciendo los cambios cuando no le queda otra alternativa.

Si los cambios en las instituciones estuvieran asegurados por el reemplazo de personas, todo sería sencillo. Cuando las dificultades a enfrentar son sistémicas se requiere un proceso metódico de reformas y de cambios de prácticas institucionales en la que todos deben colaborar, dentro y fuera de la institución.

No hay compatriota al que le resulte indiferente lo que ocurra con nuestra policía. Cuando no funciona, lo único que se puede esperar es que aumente el número de víctimas por acción u omisión, pero todo lo que viene es deplorable. No se trata que la oposición le desee que le vaya bien al nuevo Director General. Nos podemos lavar las manos, pero no podemos quedar limpios de responsabilidad.

Cada vez que nos subimos a un avión nos recuerdan que, ante una baja de presión, nos pongamos la mascarilla antes de auxiliar al que tenemos al lado. Por una razón análoga el gobierno no puede hacerse cargo de acompañar en solitario la reforma de Carabineros. El Ejecutivo está descompensado y no puede ayudar a otros.

A lo mejor no es la mejor idea la que ha propuesto la oposición, que no es otra cosa que nombrar un interventor. Si se pudiera nombrar un interventor más valdría instalarlo en La Moneda antes que en la policía. Como no se puede, lo que queda es convertir en responsabilidad estatal lo que no puede ser asumido por el gobierno, porque requiere de más respaldo, tiempo y apoyo. Las tareas nacionales las llevan a cabo equipos que representan a la nación y que perduran en el tiempo, a los que se les asignan metas, informar de planes y metas y acompañan la acción de la policía. No saquemos ventajas, saquemos lecciones.

Se trata de una tarea que demorará años y que más vale que la empecemos desde ya. Por eso la socorrida frase de “apurar la modernización de Carabineros” parece significar algo, pero no dice nada. Da la idea de una dinámica ya empezada y no es el caso. Parte del supuesto de que se trata de acelerar algo que ya partió y casi todas las semanas tenemos un episodio que nos demuestra lo contrario. Sugiere que estamos todos enterados de algo que sabemos como va, pero de lo que nadie lleva el registro.