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Discurso del Presidente Gabriel Boric en la Asamblea General de Naciones Unidas, este martes 20 de septiembre

Discurso del Presidente Gabriel Boric en la Asamblea General de Naciones Unidas, este martes 20 de septiembre

Sr. Presidente, Sr. Secretario General, estimadas y estimados Jefes y
Jefas de Estado y de Gobierno, a todos los distinguidos invitados del
día de hoy. Es para mí un honor poder estar con ustedes en esta
Asamblea General por primera vez.
Vengo de Chile, que es un hermoso país situado en el extremo sur de
América, entre la Cordillera de Los Andes, que es la columna de nuestro
continente y el majestuoso e imponente Océano Pacífico. Un país que
tiene una geografía diversa y paisajes conmovedores, en donde
conviven juntos los cielos más claros con los mares más tempestuosos,
y el desierto más seco, con ciudades hechas de lluvia.
El pueblo chileno, como quizás algunos de ustedes conocen, es
trabajador y solidario. Gracias a su esfuerzo hemos pasado en algo más
de dos siglos de ser la colonia más pobre de España en América a ser
un país independiente, libre, soberano y pujante. Un país con tremendas
oportunidades, que hoy está a las puertas de un desarrollo integral, y
que estamos trabajando para que sea para todos y no para unos pocos.
Un país que tiene que cobre y litio para la electromovilidad, un país con
hidrógeno verde en desarrollo para proveer de energías limpias al
mundo, un país con largas costas y áreas marinas protegidas para
cuidar al medio ambiente. También, con universidades de primer nivel
para crear y compartir conocimiento.
Vengo a decirles, estimados colegas, que Chile necesita al mundo y el
mundo, también, necesita a Chile.
Pero como ustedes y ha quedado claro en los discursos que nos han
antecedido, vivimos en una época de profundas incertidumbres y
sobresaltos, en la que es claro que no existen naciones, estando todas
aquí representadas, que sean aisladas o inmunes a los sobresaltos, a
lo que acontece a nivel global, y en esto nuestro país, por cierto, no es
la excepción. Así, la guerra de agresión, la injusta guerra de agresión
desatada por Rusia en Ucrania -pueblo al que le expresamos nuestra
solidaridad- empujó al alza el precio de los combustibles y causó
desabastecimiento de granos y fertilizantes, causando un fuerte impacto
en nuestra economía y, de seguro, también, en las de muchos de
ustedes.
También, y aunque esto cueste a veces hablarlo, la guerra comercial
entre Estados Unidos y China desatada en 2018, bajo la administración
anterior de Trump, como también la pandemia, desestabilizaron la
economía global y afectaron, también, la nuestra, como seguro, también
la de ustedes.
En otra dimensión, la crisis humanitaria en Venezuela producto de ya
su prolongada crisis política, ha generado un flujo migratorio que es
inédito en nuestra región y en nuestro país, poniendo una presión
tremenda sobre nuestras instituciones y nuestra sociedad.
Por último, como seguramente muchos de ustedes están viviendo, la
crisis climática afecta con particular fuerza a nuestro continente
americano y, también, en particular, a El Caribe y los sistemas de vida
de nuestra gente. En Chile, de hecho, cumplimos con 7 de los 9 criterios
de vulnerabilidad establecidos por las Naciones Unidas, por nosotros
mismos, áreas de borde cortero de baja altura, zonas áridas y
semiáridas, zonas de bosques, propensión a los desastres naturales,
sequía y desertificación, zonas urbanas con contaminación atmosférica
y ecosistemas montañosos.
Sin embargo, nuestro país, como seguramente en muchos de los
ustedes, muchos de los del sur global, produce y es responsable de una
parte mínima, en nuestro caso el 0,24% de las emisiones globales de
gases de efecto invernadero. Mientras los países de las economías más
grandes del G20, como nos recordaba el Secretario General, produce
el 80% de los gases de efecto invernadero.
Como resulta evidente, en estos días ningún país, sea grande o
pequeño, humilde o poderoso, puede pretender salvarse solo.
Mientras preparaba en mi país este discurso, pensaba cómo en medio
de tantos discursos, de seguro muy interesantes, contando la realidad
específica de cada país, podía aportar con un pequeño grano de arena
a la construcción de un mundo más justo y posible. Y consciente que no
soy quién para dar lecciones sobre cada uno de los problemas que vive
el mundo convulso en el que habitamos, pensé que contarles nuestra
experiencia reciente como país puede servir, a quien quiera escuchar,
para sacar vuestros propios aprendizajes.
Chile vive actualmente un intenso proceso político. Hace casi tres años
debimos hacer frente a una grave crisis política y social. Durante
aquellos días, una gran mayoría de chilenos y chilenas manifestó su
malestar frente a la desigualdad y los abusos. Su indignación frente a
las largas esperas para recibir atención en la salud pública. Su hastío
frente a las millonarias deudas por estudiar. Su rechazo a las pensiones
de miseria después de largos años de trabajo. Es quizás una historia
conocida para muchos de ustedes.
Dentro de pocos meses, se cumplirán 50 años desde que el Presidente
Salvador Allende, desde esta misma testera que tengo el honor de estar
hoy día, diera cuenta de los importantes cambios sociales y políticos
que vivía nuestro país. Porque somos un país que lleva largo tiempo
buscando su camino propio hacia la dignidad y, si bien durante los
gobiernos democráticos de los últimos 30 años se redujo notablemente
la pobreza y hubo importantes avances en materia social, resulta
indesmentible que el modelo de desarrollo que adoptamos en Chile ha
mantenido una alta concentración de la riqueza, llevándonos a ser uno,
y esto nos duele, colegas, uno de los países más desiguales del mundo.
Esta desigualdad, como de seguro también pasa en muchas de las
naciones en vías de desarrollo, ha obstaculizado nuestro camino al
desarrollo, pero no sólo eso es una amenaza latente para la
democracia, pues fractura la sociedad misma, destruye la cohesión
social y, por lo tanto, termina siendo un impedimento para entendernos
y construir juntos y juntas un devenir que sea más libre y más justo.
El estallido social que viviera Chile en 2019 dejó perplejos a muchos
observadores, algunos de ustedes, que preguntaban qué está pasando
en este país y también algunos actores de la vida nacional. Y es que a
muchos les llamó la atención que un país que ha logrado índices
importantes de crecimiento económico y de desarrollo humano que dan
cuenta de importantes mejoras en la calidad de vida de su población, se
haya visto enfrentado, a la vez, a una crisis tan profunda.
Desgraciadamente, lo que ocurrió en mi Patria no fue casual, no fue
casualidad, sino la consecuencia de innumerables historias de dolor y
postergación que se fueron incubando y afectando el corazón mismo de
nuestra sociedad. Y quiero decirles que aquello, aunque no se espere,
puede pasar en sus países también. Por eso los quiero invitar a
anticiparse, anticiparnos todos juntos en la búsqueda de una mayor
justicia social. Distribuir de mejor manera la riqueza y el poder debe ir
de la mano con un crecimiento sostenible. Y tengo la profunda
convicción que espero sea compartida, que aquello es posible y es
urgente.
Desgraciadamente, debo decirlo porque acá uno no puede solamente
venir a hablar de las cosas buenas, este descontento se manifestó
también en graves episodios de violencia, como la inaceptable quema
de estaciones de metro y la vandalización de centros cívicos. Y, por otro
lado, fuimos testigos de una represión descontrolada que terminó con
muertes, heridos y más de 400 personas víctimas de trauma ocular
producto de la acción del Estado, lo que constituye, desde el punto de
vista de nuestro Gobierno y de organismos internacionales de derechos
humanos, en una grave violación a los derechos humanos que debe ser
reparada y así lo será.
Fue, estimados colegas, una larga historia de injusticias la que se
expresó en nuestro país en octubre y en diciembre del año 2019. Pero,
también, y esto es lo lindo de cómo las historias son más largas que
nosotros mismos, quienes hoy día ocupamos estos, también fue la
historia larga de la movilización ciudadana y las luchas sociales, esa
que permitió el retorno a la democracia, el reencuentro de los
demócratas, como dijera el Presidente Aylwin a fines del siglo pasado,
o en la que en los albores del siglo XX permitió avanzar en derechos
para los trabajadores y trabajadores. En las manifestaciones del 2019
también estaban las mujeres del siglo pasado que avanzaron, pese a
todo, hacia el derecho al voto femenino, nos acompañó el recuerdo de
los obreros que lograron el derecho al descanso y los pobladores que
lucharon que lucharon y siguen luchando por una vivienda digna. Son
todas esas memorias y luchas sociales las que se hicieron presentes.
Y los valores detrás de este profundo malestar, la igualdad, la justicia,
la libertad, no son ajenos a un reclamo que cada vez, con más
frecuencia, vemos en el mundo y en esta testera. La protección y
promoción de los derechos humanos en cualquier parte y por cualquier
régimen, el trabajo decente, la protección social universal y la lucha
contra la crisis climática son demandas universales que son el foco de
«Nuestra Agenda en Común» liderada por nuestro Secretario General,
António Guterres, y de los objetivos del desarrollo sostenible.
Estimados líderes del mundo:
La salida para caminar en la solución pacífica y democrática de la crisis
que vive nuestro país fue un acuerdo importante entre las principales
fuerzas políticas que permitió la elaboración de una ruta hacia la
redacción de una nueva Constitución, una que fuera capaz de sentar
las bases de un nuevo contrato social.
Esta ruta impulsada por la sociedad chilena desde la protesta y la lucha
social, y encausada políticamente por las diversas instituciones, fue
refrendada por un plebiscito de entrada en donde un 80% de los
votantes se manifestó a favor de una nueva Constitución escrita por un
órgano especialmente electo para aquello.
Y el desafío no es menor. Consiste en lograr, como nunca antes en
nuestra historia, una Constitución democrática escrita con participación
ciudadana, con participación de los pueblos indígenas y con paridad
entre hombres y mujeres. Una Constitución para todos y todas, pero
también hecha por todos y todas.
Hace algunas semanas, sin embargo, el trabajo realizado por la
Convención Constitucional entre 2021 y 2022 fue sometido a consulta
ciudadana a través de un plebiscito en el que los chilenas y chilenas
participaron de nuevo masivamente, un 85% de participación. Y en este
evento electoral, los ciudadanos rechazaron, de manera clara, la
propuesta por un 62% contra un 38% por lo que hoy como país estamos
buscando nuevas fórmulas para construir ese lugar de encuentro entre
todos los chilenos y chilenas.
Mi opción personal en ese plebiscito fue aprobar la propuesta que nos
hacía la Convención, pero el resultado fue el contrario. Algunos han
querido ver el resultado del plebiscito como una derrota del Gobierno. Y
con toda humildad quiero hoy día decirles a estas Naciones Unidas que
nunca un gobierno puede sentirse derrotado cuando el pueblo se
pronuncia. En democracia, la palabra popular es soberana y es la guía
para todo momento.
Pero ¿por qué les hablo de esto? Porque, a diferencia del pasado, en
que las diferencias en Chile fueron resueltas a sangre y fuego, hoy las
chilenas y los chilenos acordamos enfrentar de manera democrática
nuestros desafíos.
Y se los cuento porque estoy seguro de que uno de los principales
desafíos de la humanidad hoy día es el de construir democracias que
de verdad le hablen y escuchen a la gente y que acepten los resultados
cuando no son los esperados. Quienes asistimos a esta asamblea
tenemos el deber de mejorar nuestras democracias.
Durante las multitudinarias jornadas de movilización la palabra
“dignidad” se hizo presente.
Pues bien, ese mismo pueblo se acaba de expresar dándonos una
lección de democracia que tomamos. Chile le ha exigido a su
democracia y a sus actores políticos estar a la altura de sus demandas
y el desafío de hoy que tenemos nosotros es estar, también, a la altura
de ellas.
Como Gobierno, hemos recogido los resultados del reciente plebiscito
con los ojos y el corazón bien abiertos. Queremos escuchar lo que el
pueblo nos está diciendo porque confiamos en su criterio y confiamos
en su voluntad. Y hay cosas que hemos entendido muy claramente que
quiero, brevemente, compartir con ustedes. Los resultados son la
expresión de una ciudadanía que demanda cambios sin poner en riesgo
sus logros presentes. Que quiere un mejor futuro construido con
seriedad y sin caer en nuevas inseguridades. Un futuro de cambio con
estabilidad.
Y hemos entendido también, y esto como joven que hace pocos años
estaba en la calle, en las protestas, que representar el malestar es
mucho más sencillo que producir las soluciones para esto, que quienes
nos dedicamos a la exigente tarea de la política muchas veces
confundimos con facilidad nuestros los éxitos que podemos tener como
voceros de la molestia ciudadana con nuestra real capacidad de ser
constructores de mejores futuros. Y el resultado del plebiscito en
nuestro país nos ha enseñado a ser más humildes, la democracia debe
ser humilde, y a asumir que la construcción del Chile que soñamos no
está en las recetas de ningún sector en particular, sino en la síntesis
que podamos hacer combinando lo mejor que cada uno puede aportar.
Así se gobierna en el siglo XXI: movilizando las capacidades y la
sabiduría de nuestras sociedades y no pretendiendo sustituirlas.
Como Presidente de Chile estoy convencido de que, en el corto plazo,
Chile tendrá una Constitución que nos satisfaga y nos enorgullezca, una
construida en democracia que recoja el aporte de todos los sectores de
la sociedad y que sea capaz de reflejar los anhelos de justicia y libertad.
Estimadas y estimados delegados, desde la humilde historia de mi
Patria puedo decirles con mucha convicción que el camino para
enfrentar los problemas que aquejan a nuestras sociedades se
pavimenta con más democracia y no con menos; incentivando la
participación y no restringiéndola; fomentando el diálogo y jamás
censurándolo. Y, sobre todo, respetando a quien piensa distinto,
incorporando sus puntos de vista y entendiendo que el tener opiniones
diversas no nos vuelve enemigos. Me rebelo frente al abismo que
algunos pretenden cavar ante la legítima diversidad de opiniones y,
desde Chile, declaramos nuestra voluntad de ser constructores de
puentes ante estas brechas que nos impiden encontrarnos como
sociedades diversas.
Esta es la experiencia y el aprendizaje que, desde nuestro pequeño
país, queremos compartir con las naciones del mundo: profundizar la
democracia es un ejercicio permanente en el cual solo cabe perseverar
y aprender, cada uno, de las experiencias del otro.
Por eso, y ya terminando, los invito a trabajar en conjunto para fortalecer
la democracia en todos los espacios, en cada país y en la relación entre
nosotros. Necesitamos una voz unida de América Latina, necesitamos
más trabajo conjunto desde el sur global, necesitamos unas Naciones
Unidas modernizadas en todos nos pongamos mismos objetivos.
A comprometernos desde el multilateralismo con la justicia y la paz, en
todo momento y en todo lugar, a realizar las acciones que sean
necesarias y no solo declaraciones para detener la injusta guerra de
Rusia contra Ucrania y poner fin a todos los abusos de los poderosos
en cualquier lugar del mundo, a movilizar nuestros esfuerzos por
detener la violencia contra las mujeres, sea en Irán, en memoria de
Mahsa Amini muerta en manos de la policía esta semana, o en cualquier
lugar del globo. A no naturalizar las permanentes violaciones a los
derechos humanos contra el pueblo palestino, haciendo valer el derecho
internacional y las resoluciones de que año tras año esta misma
asamblea establece que conduzcan a su derecho inalienable a
establecer su propio Estado libre y soberano, como también a garantizar
el legítimo derecho de Israel a vivir dentro de fronteras seguras e
internacionalmente reconocidas. A seguir trabajando para contribuir a la
liberación de los presos políticos en Nicaragua, y trabajar para que en
ningún lugar del mundo tener distintas ideas del gobierno de turno
pueda terminar en persecución o vulneración de derechos humanos.
Estimados miembros de esta Asamblea, el mundo entero demanda
cambios y quienes somos parte de las nuevas generaciones,
aprendiendo de quienes nos antecedieron, tenemos el derecho, y la
responsabilidad de pensar y actuar para un futuro distinto. Los
ciudadanos que más sufren las consecuencias de sociedades
construidas desde la segregación y el abuso reclaman derechos y
reclaman seguridad para vivir. Ese mundo de mayor bienestar solo lo
podremos lograr con mayor democracia y ese es el llamado al que todos
y todos hoy día debemos atender y desde Chile estamos disponibles
para colaborar en cada lugar del mundo en aquello.
Muchísimas gracias.


Nueva York, 20 de septiembre de 2022