Acuerdos nacionales de largo plazo | Víctor Maldonado R. | Opinión

Acuerdos nacionales de largo plazo | Víctor Maldonado R. | Opinión

Dos cosas están mostrando fallas en el gobierno que aún no se inicia: su diagnóstico y la convocatoria, lo primero por simplista y la segunda por reducida.

A cada paso, la afirmación de que estamos en crisis y que el gobierno está llamado a enfrentar unos pocos temas muestra crecientes limitaciones.

Un amplio grupo transversal de derecha, entre ellos Karla Rubilar, Felipe Kast, Sebastián Sichel, Alfredo Moreno, Joaquín Lavín y Cristián Monckeberg han reaccionado a la presentación de la encuesta Casen diciendo que celebran el avance en la disminución de la pobreza y plantean que la solución de fondo requiere superar lo que puede hacer el Estado y la entrega de subsidios.

La visión es ponderada, reconoce logros y plantea objetivos más ambiciosos. Es lo razonable que se puede plantear Chile en materia de pobreza, que seguirá siendo una cuestión de interés prioritario en los años siguientes.

Considerarnos en una emergencia de primera magnitud no permite partir de una visión más equilibrada de la situación nacional.

Si se tiene el diagnóstico de un país con crecimiento con fragilidad estructural, eso solo se enfrenta con reformas profundas producto de un pacto social amplio. Pensarnos en emergencia no ayuda a encontrar soluciones de largo plazo.

Y lo que ocurre en este caso, ocurre en los demás. No se discute la centralidad que estamos obligados a darle a nuestras relaciones internacionales para que Chile no se vea arrastrado a una polarización, producto típico de la incertidumbre que crea una potencia con una conducción arbitraria como la de Trump.

Ni Boric ni Kast podían cuestionar en el Congreso Futuro lo necesario de dar mayor espacio a la ciencia y a la tecnología en la orientación del desarrollo. Aquí la proyección se hace en décadas y adoptar una mirada de emergencia es contraproducente. Los ejemplos se pueden multiplicar.

Una cosa es que se pueda ganar una elección concentrándose en seguridad, migración y crecimiento, y otra es que una guía tan pobre y limitada sirva para definir el rumbo por cuatro años a un país real con sus grandes complejidades.

El diagnóstico de crisis integral, que obliga a prescindir de lo demás, no se sostiene. Un gobierno como el de Kast podría hacer un giro pragmático y hacer que cada sector se aplique a la búsqueda de soluciones concretas y palpables que resulten valoradas por la ciudadanía, pero es evidente que esto no basta.

Los mismos que señalan que necesitamos políticas de largo plazo, no pueden tener una práctica tan limitada justo cuando llegan al poder.

Pero el segundo problema es de convocatoria. Cuando el entorno de Kast se refiere a un llamado amplio, aluden a reunir a las distintas fracciones de la derecha, pero no más allá. Un punto de vista muy restringido.

Con Claudio Alvarado y José García Ruminot como ministros, sería un despropósito no invitar a la concreción de acuerdos amplios porque hay espacio político para esta convocatoria. Pero Kast se ha dedicado a polemizar con Boric en vez de crear el ambiente propicio para un acercamiento. Los nuevos ministros requieren de un mandato explícito para negociar acuerdos y el tiempo pasa sin dar señales apropiadas. Lo señala al nombrar al gabinete o ya no lo dijo.