Carta al Director: el abuso cotidiano contra los ciudadanos de Magallanes

Carta al Director: el abuso cotidiano contra los ciudadanos de Magallanes

Señor Director:

Uno escucha estas cosas en Magallanes y piensa que son mala suerte de otros. Hasta que te pasa. Escribo para hacer pública una experiencia que no parece excepcional, sino parte de un modo de operar que se vuelve posible cuando no existen alternativas reales. En el transporte aéreo hacia y desde nuestra región, la “libre elección” suele ser una ficción: la posición dominante deja al pasajero en desventaja y esa asimetría termina normalizando el abuso.

El 28 de noviembre de 2025 compré pasajes Punta Arenas–Santiago para viajar el 23 de enero de 2026, con regreso el 9 de febrero. Todo quedó pagado y confirmado. Sin embargo, a cinco días del viaje, al revisar la web, el tramo de ida había desaparecido y solo figuraba el retorno. No recibí correo, aviso ni explicación formal.

Llamé para consultar y recién por teléfono se me informó que LATAM “rechazó el pago” y que “devolvió el dinero”. En mi banco no había devolución. La respuesta fue la de siempre: “es problema del banco”. Pero no era el banco. Era la opacidad.

Tras insistir, la “devolución” apareció de manera unilateral en un servicio propio de la empresa, LATAM Wallet. Y no como reintegro al medio de pago original, sino como un saldo administrado por la misma compañía. En la práctica, el mensaje fue simple: su dinero no vuelve; queda dentro de nuestro sistema. Con el viaje encima, tuve que comprar el pasaje nuevamente, pagar un adicional y rearmar a última hora un viaje familiar para no perderlo todo.

Así opera el abuso cotidiano. No necesariamente con una negativa explícita, sino con un laberinto. Sin notificaciones claras, con decisiones unilaterales y “soluciones” que fuerzan al cliente a seguir consumiendo dentro del mismo circuito. La empresa no pierde; el pasajero sí. Pierde dinero, tiempo, tranquilidad. Y, con el tiempo, algo más hondo: la pérdida de DIGNIDAD y la sensación de que su vida vale menos por vivir lejos, como si la distancia también rebajara sus derechos.

En un mercado con competencia real, estas prácticas se vuelven demasiado costosas para las aerolìneas. En Magallanes, en cambio, pagamos algunos de los precios más altos de Chile para movernos dentro de nuestro propio país, con margen mínimo para reaccionar ante cambios y errores. Cada anulación sin aviso, cada devolución “a la Wallet”, se transforma entonces en indefensión estructural.

Hago pública esta carta porque no puede seguir siendo normal que viajar implique vulneración y desgaste. No es solo un inconveniente. Es un patrón que se sostiene en la desigualdad territorial y en la falta de alternativas.

Y aquí el punto de fondo… es hora de organizarnos. No basta con reclamar de manera aislada frente a un sistema que funciona precisamente porque nos mantiene separados. Se requiere visibilizar casos, reunir antecedentes, exigir fiscalización efectiva y medidas concretas. Notificación formal obligatoria ante cualquier cambio, devolución al medio de pago original con trazabilidad verificable, plazos claros, sanciones reales y un trato acorde a una zona extrema.

Magallanes no puede seguir pagando —una y otra vez— el precio de un monopolio, con pasajes más caros y con derechos más débiles.

Christian Morales Contreras.