Gabriela Mistral y la educación de los trabajadores en Punta Arenas | Historia y Memoria

Gabriela Mistral y la educación de los trabajadores en Punta Arenas | Historia y Memoria

Un elocuente texto de Gabriela Mistral escrito durante su estadía en las tierras australes, ilustra parte de la visión que tenía la escritora, poetisa y profesora Lucila Godoy Alcayaga: «He encontrado en Punta Arenas todo lo que el señor Gobernador del Territorio anunciara antes de mi viaje. Me pintó una ciudad dura, en pleno desarrollo, con dirigentes que responden a cualquier iniciativa, surco ancho y ávido para cualquier simiente honrada, una colectividad que confiaría en mí y me ayudaría. He encontrado la ayuda prometida que ya se me está dando sin énfasis, y la confianza por la cual se me entrega la Escuela que inauguramos. Me pintó una clase obrera con ansias de cultura. Si la he querido y la he buscado en pueblos en que es inactiva e ignorante hasta lo vergonzoso, ¡cómo no he de amarla aquí si se me acerca a mi aula escolar y viviré con ella la intimidad de la enseñanza, que anuda tan apretadamente las almas porque es un cambio cálido de ternuras y conocimientos!

Me pintó el sr Contreras, un profesorado secundario y primario rodeado del respeto del pueblo, conquista lógica de sus méritos, y he encontrado este ambiente de respeto y hasta de cariño, que consuela el paisaje yermo y del rigor de la naturaleza.”

» Al hablar por primera vez al pueblo, creo que he debido, aun abusando de su generosa atención, extenderme en estos detalles. Gracias a todos los que hasta hoy me han ayudado y gracias desde luego a los que me ayudarán más tarde, que serán más aún.»

Gabriela Mistral habla de la imagen que le dio el entonces Gobernador del Territorio de Magallanes Luis Contreras, respecto de los obreros y trabajadores afiliados a la FOM, que concurrían a las charlas que brindaba la escritora en la Sociedad de Instrucción Popular, la organización educativa de la masonería en Punta Arenas.

Gabriela Mistral, pseudónimo que usaba Lucila Godoy en sus escritos, durante su estancia en Punta Arenas (1918-1920) como directora del Liceo de Niñas, expresó una visión profundamente positiva, humanitaria y elogiosa de los obreros magallánicos, destacando su vitalidad, multiculturalidad y sed de cultura en un contexto de aislamiento extremo. Eran aquellos los últimos años de la Federación Obrera de Magallanes y Gabriela Mistral no alcanzó a presenciar el asalto e incendio de la sede de la FOM

En sus cartas y crónicas, los describe como una «clase obrera con ansias de cultura», activa y receptiva, contrastando con experiencias previas en otros pueblos chilenos donde los encontraba «inactivos e ignorantes hasta lo vergonzoso».

Para ella, estos obreros —muchos inmigrantes, chilotes y europeos— representaban un «surco ancho y ávido para cualquier simiente honrada», un grupo hospitalario que se acercaba a su aula escolar para forjar lazos íntimos a través de la enseñanza, uniendo «tan apretadamente las almas». Esta perspectiva refleja su pedagogía humanista: veía en ellos no solo trabajadores, sino aliados en la renovación social y educativa, en un territorio multiétnico marcado por la brecha entre las denominadas élites y la clase obrera.

Gabriela Mistral fué pionera en la pedagogía en Magallanes. Impulsó innovaciones como las escuelas nocturnas para mujeres obreras, enfatizando su rol como «poeta y madre» en la educación popular, transformando el «fin del mundo» en un espacio de esperanza y redención cultural.

Gabriela Mistral en sus cartas y textos, criticaba fuertemente a los personajes arribistas que pululaban en la política magallánica y chilena en general, viéndolos como oportunistas clasistas, desconectados de las necesidades reales del pueblo. En su ideario político —que se declaraba «sin partido» pero pro-trabajador—, denunciaba a las élites como una «piel dorada» superficial que cubría las «entrañas y huesos» de la clase obrera. Mistral elevaba a los obreros magallánicos a símbolos de vitalidad cultural y humana.