Hacia una agroindustria más sostenible y competitiva

Hacia una agroindustria más sostenible y competitiva

Una investigación desarrollada en el Maule propone una innovadora solución para prolongar la vida útil de las frutas durante su exportación, reduciendo pérdidas y el uso de químicos.

Una investigación desarrollada por la Universidad Católica del Maule (UCM) propone una solución innovadora que podría marcar un antes y un después en la industria frutícola: un recubrimiento transparente, comestible y biodegradable, elaborado a partir de residuos agroindustriales.

Esta tecnología, en lugar de agregar nuevos envases, se aplica directamente sobre el fruto, actuando como una barrera protectora natural y sustentable.

Según el empresario Gabriel Massuh, reconocido empresario frutícola y por su trabajo en el impulso de tecnologías sostenibles en su empresa Bagno, “la exportación de frutas enfrenta un obstáculo persistente: el deterioro microbiológico que ocurre entre la cosecha y la llegada a los mercados internacionales”, explica.

Este proceso, que puede extenderse entre 30 y 60 días, expone a las frutas a hongos y bacterias que comprometen su calidad, generando enormes pérdidas económicas y forzando el uso de tratamientos químicos para mantener su frescura.

Kefirano: el biopolímero que transforma desechos en valor agregado

El proyecto, financiado por el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Maule y liderado por el académico Cristian Valdés, se basa en la obtención de kefirano, un biopolímero natural presente en el kéfir, conocido por sus propiedades antimicrobianas y beneficios para la salud.

Lo novedoso del enfoque es su origen: el kefirano se extrae a través de un proceso biotecnológico que utiliza como materia prima residuos agrícolas y lácteos, como descartes de frutas y suero de leche.

Estos subproductos, comúnmente considerados un problema ambiental, se convierten en insumos de alto valor para el desarrollo de esta tecnología de recubrimiento.

El recubrimiento actúa como una lámina delgada y flexible que se adhiere directamente al fruto, sin alterar su sabor, textura ni apariencia. Además, al ser biodegradable, contribuye a reducir el impacto ambiental de los procesos de embalaje.

Más allá de la conservación, el kefirano ha demostrado tener propiedades bioactivas que podrían posicionar a este recubrimiento como parte de una nueva categoría de alimentos funcionales.

Según el Dr. Valdés, el compuesto presenta efectos antiinflamatorios, antimicrobianos e incluso anticancerígenos documentados en literatura científica, lo que abre nuevas posibilidades para desarrollar «superalimentos» con valor agregado.

Actualmente, el proyecto se encuentra en fase avanzada, con ensayos de cultivo y caracterización del biopolímero ya en marcha. Las próximas etapas incluyen pruebas piloto en frutas, evaluación sensorial y desarrollo de una formulación final que permita escalar su uso comercial. El objetivo es claro: transferir esta tecnología a la industria y posicionarla como una herramienta efectiva para mejorar la competitividad del sector frutícola chileno.

Este desarrollo no solo ofrece una respuesta técnica al desafío de conservar frutas en largas cadenas logísticas, sino que también propone un nuevo paradigma basado en la economía circular, donde los desechos agroindustriales se convierten en soluciones sostenibles con impacto global. Un ejemplo de cómo la innovación nacida en regiones puede liderar transformaciones en la industria alimentaria mundial.