Los trabajos de la fundación de Punta Arenas, 1843-1848 | Manuel Luis Rodríguez U. | Historia y Memoria

Los trabajos de la fundación de Punta Arenas, 1843-1848 | Manuel Luis Rodríguez U. | Historia y Memoria
Imagen de IA de la desembocadura del Riío del Carbón en 1848, hoy Río de las Minas, Punta Arenas

Del Fuerte Bulnes al Destacamento Norte en el río del Carbón.

En mayo de 1848 ante la necesidad de construir nuevas habitaciones para los relegados y nuevas dotaciones de soldados enviados a la Colonia del Fuerte Bulnes, Mardones envió a grupos de hombres a cortar madera y «champas» de pasto para construir (que él denomina «manojos»), y cuyo relato denota lo penoso de estas elementales faenas: «El 16 hice salir dos cuadrillas de gente, una a cortar madera y la otra con víveres para ocho días a cortar pasto, como a once o doce millas al sur de la población, río adentro.  La capacidad del río no permite ir hasta allí las embarcaciones y fué preciso hacer camino como de una milla o más para conducirlo a hombros hasta donde lo pudiesen tomar los botes. Todo se hizo, pero ha costado dicho rancho 21 días de trabajo con 15, 18, 20 y 25 hombres trabajadores… Con este motivo mandé el 23 de marzo, ocho hombres con víveres para ocho días a cortar pasto y solo pudieron cortar 3.200 manojos por lo escaso que estaba. Unas veces por mal tiempo, otras por ocupación no se pudo traer pronto dicho pasto, y un temporal que hubo el 13 y 14 de abril se lo llevó y solo se pudo salvar de él poco más de mil manojos.» ([1]).

Más adelante, en junio de 1848 le explica Mardones al Comandante de la Marina, respecto de los trabajos en el litoral y en el mar en la Colonia: «Quedan en ella los 20 destinados que trajo dicho buque, de los que se han puesto al servicio de las embarcaciones de la Colonia los dos marineros que entre ellos venían para mi familia (que jamás ha existido), más los marineros son muy necesarios porque siempre están en servicio activo ya para proveer de agua a la Colonia en verano, conducción de carbón, de víveres para las vaquerías cuando están distantes y otros mil usos que con frecuencia se ofrecen, sin incluir la pesca que es de economía para la Colonia cuando se puede hacer.» ([2]).

A mediados de este año, volvía a subrayar el gobernador Mardones a sus superiores, la importancia marítima y las potencialidades comerciales que implicaba la posición chilena establecida en el Estrecho de Magallanes.  En efecto, Mardones le informaba al Ministro del Interior el 23 de mayo, que el 23 de enero último el Secretario Santiago Dunne de dicha Gobernación recibió una carta desde Nueva York, en la que se le solicitaban datos sobre la colonia de Magallanes.

El comandante de un vapor que pasó por el Estrecho de Magallanes, habría manifestado que “…todos los navegantes que han pasado por el Estrecho y tocan en Europa, opinan que no pasarán jamas por el Cabo (de Hornos), existiendo la Colonia Chilena…” ([3])

Hacia el invierno, el estado de los trabajos de agricultura para la alimentación de los colonos, permitía poner de relieve una vez más lo inadecuado de la ubicación del Fuerte Bulnes, al mismo tiempo de la necesidad de proteger las siembras de las correrías de los aonikenk.  Decía en este sentido Mardones al Intendente de Chiloé en junio de 1848: “Hice sembrar en la bahía de Agua Fresca, Río del carbón y Cabo Negro, y los indios me destruyeron estas siembras, pero se alcanzó a conocer que aquellos lugares eran más a propósito para la agricultura que la actual colonia.” Además informa de otros trabajos: “El 5 del actual he mandado gente a dos millas de aquí a rozar un pedazo de terreno como de una cuadra, que a juicio de los agricultores es bueno para las papas…” ([4])

Siempre en junio de 1848, llegó al Fuerte Bulnes la nueva dotación del contingente y relegados, momento que aprovechó Mardones para informar a sus superiores de los trabajos que se realizaban en la Colonia: “Quedan en ella los 20 destinados que trajo dicho buque, de los que se han puesto al servicio de las embarcaciones de la Colonia los dos marineros que entre ellos venían para mi familia (que jamás ha existido), más los marineros son muy necesarios porque siempre están en servicio activo ya para proveer de agua a la Colonia en verano, conducción de carbón, de víveres para las vaquerías cuando están distantes y otros mil usos que con frecuencia se ofrecen, sin incluir la pesca que es de economía para la Colonia cuando se puede hacer.” ([5])

Por el invierno de 1848 los trabajos de corte y elaboración de maderas (una de las pocas actividades que ya tenían un carácter estable), hicieron posibles los primeros intercambios con el establecimiento inglés de las islas Falklands: “Mientras exista la colonia en este punto, me parece no habrá dato que comunicar a V.S. porque su miserable localidad no presenta alguno que merezca llamar la atención de V.S. ni del Gobierno Supremo, porque todo lo que no sea hacer camarotes de talla para vivir y cortar palos, nada otra cosa puede hacerse.  A este respecto, cuando el “Condor” regrese de esa, le tendré listo un cargamento de madera para mandarlo a Malvinas…” ([6])

La condición precaria de los primeros colonos.

La situación precaria de la Colonia y de los colonos mismos era un tema de preocupación constante para el Gobernador José de los Santos Mardones, teniendo éste a la vista la condición paupérrima en que subsistía su gente.    Hacia septiembre de 1848 le escribe a sus superiores en Santiago, la siguiente descripción del uso que se ha dado en el Fuerte Bulnes a ciertos materiales de desecho: “Los sacos fueron empleados cuando la Colonia estuvo desnuda, porque se dieron para el hospital, a la tropa, presos y mujeres, para pantalones, chaquetas, camisas, fustanes y mil necesidades de aquel tiempo, los últimos cientos que habían se remitieron a Chiloé, existen como setenta que han estado para conducir carbón, en lo que se consume gran cantidad de ellos.” ([7])

Así llegaron a vestirse los colonos en Fuerte Bulnes, en los primeros años del establecimiento.

Aparece el primer nombre de la colonia: Punta de Arena.

En septiembre de 1848, la fuga de un relegado desde el Fuerte Bulnes, dio origen a una comunicación al Intendente de Chiloé de la que deducimos la presencia de un destacamento en el sector de la “punta arenosa”.  Escribe Mardones a su superior en Chiloé: “El 11 de julio último ha desertado o desaparecido de esta colonia el preso Dionisio Geldes y creyendo que se lo hubiesen llevado unos indios fueguinos que llaman Yamiscúes, que habitan alrededor de la laguna de Cabo Negro, por no haber pasado dichos indios por el destacamento que tengo en el norte en Punta de Arena, mandé que el Comandante del expresado hiciera un reconocimiento en la toldería…” ([8])

A su vez, desde el mes de octubre de 1848,  disponemos de correspondencia dirigida por José de los Santos Mardones al Comandante del Destacamento del Norte,  lo que indica que los trabajos y actividades de cuidado que allí se estaban realizando, significaban implícitamente un propósito de asentar habitantes en dicho punto.  En noviembre de ese año, Mardones le informa al Intendente de Chiloé de la pérdida de una pequeña embarcación, en los siguientes términos: “Esta falúa venía de Punta de Arena, a donde fue a llevar al oficial, sargento y víveres para aquel destacamento.” ([9])

Desde fines de 1848 el lento desplazamiento de algunos colonos hacia la “punta de arena” fue sacudido por un accidente que vino a acelerar los propósitos del Gobernador Mardones: en la noche del 16 de diciembre se produjo un incendio en Fuerte Bulnes, que arrasó el galpón de alojamiento de los destinados. 

Unas siembras de papas y el Destacamento del Norte.

Este incidente, más los rumores que circulaban acerca de un posible malón de los indígenas del sector, indujo al envío de un mayor contingente hacia el “Destacamento del Norte” en la “punta arenosa”: este personal debió caminar prácticamente a marchas forzadas, como lo atestigua esta frase escrita por Bernardo Perales, comandante del Fuerte Bulnes al Gobernador Mardones: “…he dispuesto que el ayudante Salas, conductor de ésta, salga inmediatamente con diez hombres a ponerse a las órdenes de V.S., y aunque había deseado poderlos mandar en el bote de la Colonia al cargo de un oficial del “Condor”, por la razón de no haber disponible ninguno de los de este buque, y por consiguiente marchan por tierra con las raciones puramente necesarias para el viaje y con la orden de caminar sin parar hasta que lleguen a esa…” ([10]).

Finalmente el mismo 18 de diciembre, Mardones se desplazó hacia Punta de Arena donde se instaló y desde la cual comenzó a despachar correspondencia.  El resto de los colonos que permanecían en Fuerte Bulnes comenzaron a desplazarse gradualmente en los primeros meses de 1849.

Al cabo de cinco años de penurias y trabajos, la colonia del Fuerte Bulnes no había progresado al ritmo de los deseos de sus jefes, sino que más bien su condición era extremadamente precaria y poco propicia para crecer y desarrollarse.  En las pocas carretas con bueyes que se habían logrado fabricar así como en los botes y chalupas, se hizo en numerosos viajes, el lento traslado de los enseres del destacamento que había sido rescatados del incendio.  El resto de los individuos utilizó también para trasladarse, los pocos caballares disponibles.

Las lentas y penosas faenas de traslado continuaron todo el año 1849 y hasta 1850.

De gran utilidad para los trabajos de traslado, fueron las embarcaciones que la colonia tenía a su disposición: uno o dos botes, alguna goleta o queche, y todo barco mercante o buque chileno que pasara por la Bahía San Felipe, servía para este efecto.

No hubo ceremonia fundacional, no hubo primera piedra: la nueva colonia se formó gradualmente desde unas siembras de papas… 

Punta Arenas nació del trabajo y de la necesidad, a partir de unas siembras de papas.


BIBLIOGRAFÍA.

Diario de Guerra del Fuerte Bulnes 1844-1850. Punta Arenas, 1999. Ediciones de la Universidad de Magallanes.

NOTAS.

[1] DFB N° 41, 6.05.1848, p. 246.

[2] DFB N° 59, 10.06.1848, p. 256.

[3] DFB N° 51, 23.05.1848, p. 251.

[4] DFB N° 56, 10.06.1848, p. 254.

[5] DFB N° 59, 10.06.1848, p. 256.

[6] DFB N° 61, 10.06.1848, p. 257.

[7] DFB N° 107, 7.09.1848, p. 285.

[8] DFB N° 118, 13.09.1848, pp.290-291.

[9] DFB N° 134, 17.11.1848, p. 301.

[10] DFB N° 5, 12.01.1849, p. 309.