Leñadores, carpinteros de ribera, carreteros, carboneros, cargadores y chacareros: los primeros trabajos de construcción de la colonia de Punta Arenas entre 1848 y 1858 | Manuel Luis Rodríguez U.
Los trabajos en madera eran sin duda alguna, las faenas más importantes para el progreso material de la naciente Colonia. Aprovechando la considerable dotación de bosques que rodeaban al río del carbón y su desembocadura, el trabajo de hacheros y carpinteros de ribera era decisivo.
Ya en 1849, cuando la colonia ha sido trasladada a su nuevo emplazamiento, le escribe Bernardo Perales desde Fuerte Bulnes al Gobernador en dicha nueva localidad, refiriéndose al traslado de víveres hacia el norte del Estrecho y al trabajo de sus carpinteros de ribera: «Hoy he mandado los dos artilleros que hacen de carpinteros, para que lo compongan a la mayor brevedad, y si es que cuando llegue aquí, se halle en estado de remitírselo a Ud. con las papas, rejas y las hachas, lo haré, pero en caso contrario, tendré que mandar el bote pequeño, que solo podrá llevar los dos últimos artículos por falta de capacidad.»
Algunas semanas después le señalaba: «El bote grande de la Colonia se halla inservible y para su composición se necesita un carpintero que sea más capaz que el que hay en ésta. Si V.S. tiene a bien sirvase mandar al maestro Aro, que creo podrá desempeñar este trabajo; trabajo que es de suma necesidad porque la embarcación chica que se ha estado ocupando en la conducción de carbón la que también necesita repararse.»
Una de las condiciones contractuales que caracterizaba a estos primeros colonos, era el suministro de una «ración de Estado», consistente en víveres y algunos medios materiales de trabajo. Hacia 1849, se repartían 148 raciones diarias.
“La localidad fue emplazada en una meseta despejada previamente de árboles y arbustos, de unos doscientos metros de largo de norte a sur y unos cien metros de cerro a playa, teniendo el río “del carbón” hacia el norte y se rodeó con una empalizada de troncos con una abertura hacia el Estrecho; se edificó un cuartel en su centro y a algunos metros, la casa y despacho del Gobernador. Entre ambas edificaciones se dejó un espacio que serviría como sendero o calle para el tránsito de las personas y caballares.
Los colonos y confinados edificaron además un almacén fiscal para los víveres, una gran casona para enfermería u hospital, una casa residencia para el capataz guardián del ganado, y un galpón destinado a servir como aserradero. Todas estas edificaciones eran en madera, muchas de ellas con tablazón exterior horizontal y con techumbre de tejas labradas en alerce.
A su vez, en el sector hacia el oeste de las casas y edificaciones antes mencionadas, los colonos formaron un espacio de forma aproximadamente cuadrangular destinado a servir como “plaza de armas” -la llamada “Plaza de la Esmeralda”- donde la guarnición efectuaba su retreta diaria y donde los oficiales pasaban revista del personal. Un gran mástil labrado fue levantado en el centro de esta superficie, para izar una bandera chilena destinada a flamear permanentemente, de manera que sea visible desde el Estrecho.
Con fachada hacia esta improvisada plaza, se construyó un galpón destinado al alojamiento de los confinados en la colonia, con el trabajo de los mismos detenidos.
En el sector de la explanada que mira hacia el cerro, a su vez, se construyeron unos veintitrés ranchos someros en champa y paja, para alojamiento de algunos colonos.
Los espacios entre las viviendas fueron constituyendo otros tantos patios y huertas, donde los colonos y soldados, en su mayoría gente de Chiloé, formaron sus melgas donde sembraron sus papas y otras hortalizas para consumo familiar. Algunos corrales para los cerdos, cabras, gallinas, ovejas, caballares y vacunos trasladados desde Fuerte Bulnes, completaron los primeros medios de subsistencia de la nueva colonia.
Finalmente, la extensa empalizada de troncos que rodeaba la planicie y daba aspecto de fuerte a la colonia, dejaba espacio hacia el norte para el emplazamiento de una batería de cañones, cercano al río y apuntando hacia el norte.”
En los primeros meses de 1850, los habitantes sumaban no más de 150 individuos entre confinados, soldados, empleados civiles y sus respectivas familias.
A diferencia del anterior Fuerte Bulnes, donde los colonos y soldados vivían constreñidos por el limitado espacio del fortín, ahora en la nueva colonia, los pobladores pudieron recibir terrenos amplios donde junto a sus viviendas formaron sus sembradíos y podían desplazarse dentro de la explanada con holgura.
El clima más benigno de Punta de Arena, además protegida por el cerro y los bosques contiguos de los vientos dominantes, facilitaron que se creara entre los colonos un ambiente más optimista y predispuesto al trabajo.
Por lo tanto, los confinados solteros y casados, así como los militares célibes o con familia, se alojaban en viviendas separadas.
El motín de Cambiaso en noviembre de 1851 provocado por un grupo de confinados ex militares y elementos de la guarnición de Artilleros trasladados a la colonia recientemente- vino a trastornar completamente a la modesta colonia. Muchas viviendas fueron destruidas por el fuego y fueron asesinadas varios colonos entre los cuales el Gobernador Benjamín Muñoz Gamero. El teniente de artillería José Miguel Cambiaso se encontraba arrestado y fue liberado por la guardia, la noche del 24 de noviembre de 1851. Una vez en libertad, y con el apoyo de toda la guarnición, se apoderó del cuartel y de la plaza de Punta Arenas.
A la mañana siguiente se proclamó al general José María de la Cruz como caudillo y presidente de la República, desconociendo la elección de Manuel Montt. Cambiaso inició los fusilamientos para imponerse mediante el terror. Benjamín Muñoz Gamero gobernador de la colonia, intentó presentarle resistencia organizando sus fuerzas con la cooperación de 80 individuos llegados en la goleta norteamericana Florida. Estos llegaban a engrosar la colonia del penal. Este intento de Muñoz Gamero fracasó, pues un temporal desvió la embarcación y a duras penas lograron alcanzar el litoral al norte del estrecho.
El régimen horario de la colonia se regía por el estricto sistema militar y estaba ordenado en función de las obligaciones de los confinados, los que a su vez, constituían la mano de obra principal del establecimiento.
Esta particular “fuerza de trabajo”, se dedicaba a las faenas más variadas y duras según un horario muy disciplinado: por ejemplo, el manejo del ganado lo hacían improvisados cabreros, chancheros y vaqueros; el corte y labranza de maderas y leña para uso doméstico lo hacían como hacheros, aserradores y carpinteros; la extracción del carbón desde las orillas del río en el interior del territorio, lo hacían los “carboneros” mientras que ciertos relegados hacían las veces de carreteros, para trasladar el combustible hasta las viviendas de la colonia.
El principal problema de la colonia de Punta Arenas era su condición de colonia penal, destino de delincuentes condenados por la Justicia, lo que dificultaba el desarrollo de la colonia.
Manuel Luis Rodríguez U.

