La peor violencia contra las mujeres | Paloma Cecilia Chacón | Opinión

La peor violencia contra las mujeres | Paloma Cecilia Chacón | Opinión

En este 8 de marzo de 2026 y en el mes de marzo en general se activan los grandes desafíos que aún quedan por superar en el reconocimiento de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

A su vez se analiza la violencia hacia las mujeres como una manifestación del machismo y especialmente del poder ejercido por los hombres hacia las mujeres en diversas esferas de la vida cotidiana, profesional, laboral y especialmente en las relaciones de parejas donde el rol masculino suele estar vinculado al control que ejercen sobre sus parejas y que tácita o explícitamente implica la sujeción de la voluntad de quien ejerce un rol dominante, ello esconde una sumisión inconsciente que se asocia al amor y que nutre y reproduce relaciones de poder y control físico, psicológico, social, económico. En otras palabras, las relaciones transversales, equitativas, complementarias, respetuosas y de compañerismo quedan subordinadas a relaciones de poder y control, une que habla; otre que escucha; une que toma decisiones otre que las acata, une que lidera; otre que sigue.

Estos roles históricos construidos sobre la base del poder masculino se dan indistintamente del género, pues no necesariamente vienen asociados al hombre v/s mujer. Esta es una violencia simbólica difícil de contrarrestar, pues está enraizada en las relaciones familiares, sociales, en las tradiciones, en la educación, la religión entre otras múltiples fuentes.

La expresión más violenta de esta relación de poder, se manifiesta en la violación, en el abuso sexual y es la peor violencia contra las mujeres. Por la prensa nos hemos enterado del violador de pacientes oncológicas, donde un destacado médico magallánico cometió violencia sexual hacia sus pacientes (12 casos al menos) en los que sin embargo sólo fue posible llevarlo a juicio por dos de ellos (dada la extemporalidad de los sucesos).

La carta de la académica de derecho Laura Albornoz, nos grafica esta violencia que tiene una dimensión jurídica especial, pues el mismo violador fue indemnizado con 200 millones de pesos por haber sido despedido de la Clínica donde se le acusó la primera vez, la Directora de la Clínica, May Chomalí (actualmente designada ministra de salud) decidió que dejara de cumplir sus funciones ante esta grave acusación. A pesar de la contundencia de las pruebas, la investigación no prosperó y el Dr. Alvarez Zenteno siguió trabajando y cometiendo estos delitos horrorosos sobre pacientes oncológicas en extremo vulnerables, tanto en su consulta, en las casas de las pacientes y finalmente en el Hospital Clínico de Magallanes. Por este último caso, en la actualidad este sujeto cumple una condena de 7 años en la cárcel de Porvenir (4 años por una paciente y 3 por la otra paciente).

La prensa de la época tituló: Nuevo huésped en la Cárcel de Porvenir. Este caso es un símbolo de la desprotección de las mujeres, que aún en la época actual se aborda de manera burocrática, la justicia debe superar grandes obstáculos para demostrar la culpabilidad de los acusados, los medios de comunicación, lo invisibilizan, lo relativizan, más aun cuando el violador pertenece a una elite económica, profesional, académica, el formar parte de grupos sociales de prestigio hace más difícil demostrar la culpabilidad. En estos procesos se activan prejuicios sociales, estereotipos sexuales, relaciones de poder, influencias, en fin las familias deban hacer un doloroso recorrido por encontrar justicia.

En este 8 de Marzo los responsables de violencia sexual contra las mujeres, adultas, adolescentes, niñas no pueden dejar de ser mencionados, pues son un reflejo de la gran deuda que tiene la sociedad chilena con los derechos de las mujeres. Este tipo de hechos deben ser no sólo sancionados proporcionalmente al daño, sino además conocidos, socializados, cuestionados socialmente. Lo contrario es promover la impunidad, la ausencia de control y sanción social, la indefensión y la desprotección. Un violador, acosador sexual es un peligro para la sociedad y las mujeres deben estar atentas a cualquier manifestación de esta naturaleza depredatoria que en las víctimas deja una huella imborrable y que en la mayoría de los casos deben enfrentar en soledad y sin los apoyos médicos, psicológicos, sociales que requiere una experiencia devastadora.

Falta mucho por lograr aún para creer que las demandas feministas han dejado de tener vigencia, esta es una demanda urgente: saber quiénes son, dónde están, dónde trabajan, qué penas cumplen…desconocer esta realidad y a sus autores es una forma más de violencia contra las mujeres.

Paloma Cecilia Chacón.