Para comprender el conflicto en Medio Oriente: tres líneas de tiempo que se cruzan | Manuel Luis Rodríguez U.

Para comprender el conflicto en Medio Oriente: tres líneas de tiempo que se cruzan | Manuel Luis Rodríguez U.

Primera línea de tiempo: el interés estratégico de Occidente en el petróleo de Iran.

Irán, una dictadura teocrática de la que se sospecha que esté construyendo armas nucleares, pero que ha sido atacada militar y económicamente desde hace más de 30 años por Israel y Estados Unidos, sin que ONU haya podido comprobar objetivamente que Irán posea o pretenda poseer armas nucleares.
En los últimos 20 años, las agresiones militares de EE.UU. e Israel contra Irán han pasado de operaciones encubiertas y ataques selectivos a una guerra abierta desde febrero de 2026, con bombardeos masivos sobre Teherán y otras ciudades. El punto culminante fue la muerte del líder supremo Alí Jameneí en un ataque estadounidense-israelí.

2006–2015: Operaciones encubiertas y sabotajes
El llamado Programa nuclear iraní: Israel y EE.UU. realizaron operaciones de inteligencia y ciberataques, como el virus Stuxnet (2010), que dañó centrifugadoras nucleares. Israel también tiene alrededor de 300 armas nucleares disponibles,
Táctica de asesinatos selectivos: Científicos nucleares iraníes fueron asesinados en operaciones atribuidas a Israel.

2018–2020: Escalada bajo la primera administración de Donald Trump.
Retiro del acuerdo nuclear (JCPOA) en 2018 por EE.UU.
Ataque con drones en Bagdad (2020): EE.UU. mató al general iraní Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds, lo que generó represalias iraníes contra bases estadounidenses en Irak.

2021–2025: Tensiones crecientes
En este período Israel intensificó ataques aéreos en Siria contra posiciones vinculadas a Irán.
EE.UU. mantuvo sanciones y operaciones militares indirectas, apoyando a aliados en la región contra la influencia iraní.

2026: Guerra abierta
Febrero 2026: EE.UU. e Israel lanzaron bombardeos masivos sobre Irán, destruyendo infraestructura militar y civil, precisamente mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas entre las partes en conflicto.
Asesinato de Alí Jameneí: El líder supremo iraní fue eliminado en un ataque aéreo, provocando la sucesión conforme al sistema institucional iraní.

Consecuencias demográficas, migratorias y humanitarias: se registran más de 1 millón de desplazados iraníes hacia los países vecinos, así como refugiados libaneses hacia países vecinos. Hospitales y escuelas iraníes fueron alcanzados por bombardeos estadounidenses e israelíes, con graves daños en Teherán, Minab y Sanandaj.

Nuevos liderazgos: Masoud Pezeshkian y el hijo de Ali Kamenei asumieron como nuevas autoridades políticas y religiosas asegurando la continuidad de las instituciones.

La guerra de agresión de 2026 marca un cambio significativo: ya no son operaciones puntuales, sino una campaña militar sostenida, especialmente centrada en bombardeos aéreos puntuales.

Segunda línea de tiempo: una guerra cada vez más prolongada.

La extensión de la guerra se manifiesta en una escalada en términos de extensión territorial de las hostilidades, como de incremento de la intensidad de los combates. Israel busca la oportunidad de usar el arma nuclear (a lo menos táctica o “armas de teatro”) contra Irán si percibe que la resistencia y resiliencia de Irán le impide derrotar al enemigo en corto plazo.

En todas las confrontaciones anteriores, ha quedado claro que Israel no puede por sí sola derrotar a Irán.
Las elecciones de medio mandato en EEUU pueden ser un horizonte de tiempo importante en los cálculos de los planificadores, partiendo del supuesto que la prolongación de la guerra y el incremento de bajas estadounidenses impactan en el movimiento MAGA y pueden ocasionar una derrota republicana en el Congreso.

Los estrategas occidentales han percibido que la dotación de misiles balísticos de Irán es mayor que la calculada y eso podría generar un efecto retardatario, de manera que irán puede resistir más tiempo que EEUU una guerra prolongada. En este análisis se entiende “guerra prolongada” a una confrontación o una serie de confrontaciones militares de más de 6 meses de duración.

Cabe subrayar que históricamente ninguna guerra moderna ha sido ganada solo con el arma aérea o con bombardeos desde el aire: II Guerra Mundial, Vietnam, Afganistán, Irak son guerras que EEUU logró vencer primero porque puso tropas en tierra.

Tercera línea de tiempo: los costos de la guerra EEUU/Israel/Irán pueden conducir a un colapso de la economía global.

La prolongación de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán en 2026 eleva riesgos militares de escalada regional y global, y genera un fuerte impacto económico con alzas en energía, inflación y volatilidad financiera. Los analistas advierten que el conflicto puede contagiar a potencias como Rusia y China, mientras los mercados ya reaccionan con petróleo sobre los 100 dólares y tensiones inflacionarias.

El alza de las primas de seguros es uno de los impactos menos visibles de la actual crisis: como consecuencia del conflicto, las compañías aseguradoras elevaron las primas de seguros por riesgo de guerra en el golfo Pérsico. Recordemos que las aseguradoras cubren el riesgo de guerra para la tripulación y el casco del barco, pero no para el contenido de la carga (petróleo, fertilizantes, etc.).

Principales riesgos militares y estratégicos.
Un escenario disruptivo supone el riesgo de escalada regional: Los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel contra Irán podrían derivar en un conflicto prolongado, con efectos sistémicos en Medio Oriente y riesgo aunque atenuado, de involucrar a actores como Rusia y China.

Duración estimada. El tiempo se ha convertido en un arma estratégica en la guerra moderna. Israel y EEUU calculan que la guerra podría extenderse entre 3 y 6 semanas más, dado que aún existen miles de objetivos militares en Irán, pero Irán calcula que si la guerra dura más de 2 meses la economía mundial y el dólar como moneda de cambio podrían resultar perjudicados.

El tiempo estratégico supone tomar en consideración las capacidades iraníes. Irán ha logrado reconstituir parte de su defensa aérea y capacidad de proyección misilística, lo que aumenta la posibilidad de ataques de represalia y prolonga la confrontación, pero también EEUU se enfrenta al riesgo que sus bases militares en el Golfo Pérsico y sus embajadas en el Medio Oriente sea objeto de ataques.

Inestabilidad regional: El caos puede ser “contagioso”, afectando países vecinos y generando un escenario de guerra indirecta con milicias aliadas de Irán en Líbano, Siria e Irak.

Los riesgos económicos son mayores que los riesgos militares.
El petróleo ha superado los US$ 100 dólares por barril, y el gas también ha repuntado, generando un shock energético similar al de la guerra en Ucrania. Irán ha advertido que el Estrecho de Ormuz permanecerá cerrado para los navíos petroleros de EEUU, de Israel y de sus aliados, quedando abierto el tránsito para los barcos rusos, chinos, indios y otras naciones.

EEUU está pidiendo a las potencias occidentales que colaboren con sus flotas de guerra para tratar de escoltar barcos petroleros en la zona en conflicto, pero este pedido revela que EEUU no tiene ganada la guerra y que está perdiendo en su capacidad de prevalecer en el conflicto. A su vez, si aumenta el número de bajas estadounidenses, la escena de ataúdes llegando a EEUU puede resultar poco soportable para la opinión pública y para los votantes republicanos a quienes se les prometió que su país no entraría en guerra.

Riesgos de Inflación global. El FMI advierte que la duración del conflicto determinará si el aumento de precios es pasajero o persistente; un conflicto prolongado podría elevar la inflación mundial y frenar el crecimiento del PIB (previsto en 3,3% para 2026 antes de la guerra).

Mercados financieros: Se observa fuerte volatilidad bursátil y un retorno a activos refugio como el oro y los bonos soberanos.

Impacto regional: La infraestructura energética y comercial de Medio Oriente está en riesgo, lo que podría afectar cadenas de suministro globales de combustibles y fertilizantes y encarecer el transporte marítimo.
La prolongación de la guerra en 2026 no solo amenaza con intensificar la violencia en Medio Oriente, sino que también pone en riesgo la estabilidad económica global. Para países importadores de energía como Chile, esto significa mayores costos de combustibles y presión inflacionaria interna. La clave estará en si el conflicto se limita a semanas o se extiende, lo que podría transformar un shock temporal en una crisis prolongada.

Chile importa más del 90% de su petróleo, principalmente desde América del Sur: Brasil y Ecuador aportan cerca del 60% de las importaciones, mientras que Argentina y Colombia suman alrededor del 30%. También se reciben en Chile volúmenes menores provenientes de Canadá e Inglaterra.