Una ventana de oportunidades: la conectividad con Asia y con China | Manuel Luis Rodríguez U. | Opinión
Por estos días se discute en Chile la conveniencia de un proyecto de cable submarino de internet entre América Latina y el continente asiático, mas específicamente entre los puertos de Valparaíso y Shanghai. Un consorcio de empresas chinas e internacionales presentó el proyecto a las autoridades de Chile y se encuentra en plena evaluación.
Mientras tanto, Chile cuenta a la República Popular China como su primer socio comercial con una amplia gama de negocios e intercambios. El intercambio comercial entre Chile y China alcanzó un volumen récord en enero de 2026: US$ 18.041 millones, lo que representa un aumento del 3,1% respecto al mismo mes de 2025. Las exportaciones chilenas sumaron US$ 10.680 millones, impulsadas principalmente por el cobre y el litio, mientras que las importaciones completaron el resto del total.
Chile importa desde China principalmente bienes de consumo, electrónicos, maquinaria y productos intermedios. En enero de 2026, las importaciones desde China se concentraron en equipos de telecomunicaciones, computadores, celulares, maquinaria industrial, textiles y productos químicos.
La República Popular China abastece a Chile principalmente de tecnología, maquinaria y bienes de consumo, consolidando su rol como proveedor estratégico. La tendencia muestra que, además de electrónicos y textiles, los bienes de capital están ganando peso en la relación comercial, lo que refleja un cambio hacia importaciones más orientadas a la inversión productiva.
Sobre la base de una relación comercial y económico-financiera estable y de larga data, el establecimiento de una conexión de internet directa entre el continente asiático y América Latina a través de Chile, se pone de manifiesto como una oportunidad para fortalecer la presencia de Chile en los mercados asiáticos, el acceso a nuevas oportunidades de negocios y la aceleración e intantaneidad de las comunicaciones.
Con dicho proyecto se fortalece además la presencia política y económica de Chile en el Asia-Pacífico.
Es el momento también de mirar hacia el futuro, con una mirada prospectiva de largo plazo. Eso significa pensar en 2030, en 2040 o en 2050, cuando la inteligencia artificial domine la mayor parte de las economías, los mercados y las sociedades. Si es realista pensar que «no importa el color del gato, sino que cace ratones», tiene sentido entonces que «no importa el color del cable, sino que conecte mercados».
En un orden mundial cada vez más multipolar e interdependiente, el rol de Chile como economía de escala mediana que suministra dos productos estratégicos para la conectividad como el cobre y el litio, se abre una posibilidad de multiplicar la redundancia tecnológica, mientras ya tenemos cable submarino que nos conecta con América del Norte. Ahora puede ser la oportunidad de Asia y de China.
Manuel Luis Rodríguez U.

