El retroceso que nadie pidió: cuando el progreso se vuelve un privilegio | Juan Salvador Miranda | Opinión

El retroceso que nadie pidió: cuando el progreso se vuelve un privilegio | Juan Salvador Miranda | Opinión

Es increíble cómo se están planteando las cosas hoy en día. Por un lado, la propuesta de ponerle un tope de 30 años a la gratuidad universitaria es un golpe directo a quienes más se esfuerzan. Pensemos, por ejemplo, en una madre que tuvo que postergar sus estudios para criar a su hijo; con esta medida, le cierran la puerta en la cara justo cuando decide salir adelante. La gratuidad ha sido fundamental para el país, y limitarla de esta forma es, sencillamente, cortarle las alas a los ciudadanos.

Y lo del Sence termina de armar este escenario gris. El Gobierno dice que ese gasto «no se justifica», pero la realidad es que esas capacitaciones eran un valor agregado tremendo. Hoy más que nunca, con la inteligencia artificial y la automatización encima, lo que necesitamos es formación constante. Sin embargo, parece que este gobierno busca lo contrario: crear «códigos de barra» en lugar de personas, prefiriendo a un trabajador sumiso, estancado y endeudado, a quien se le impide superarse.

Al final del día, lo que vemos es una regresión enorme que busca suprimir derechos básicos. Se siente como un intento claro de replicar el modelo de la Argentina de Milei: destruir lo social para que los grandes empresarios sigan llenándose los bolsillos, mientras se asegura de que la gente no tenga las herramientas para reclamar su futuro.