Hacer memoria para seguir caminando: Una tarde necesaria con Rodrigo Cid en Puerto Natales
La tarde en la Biblioteca Ricardo Krüger Lei tenía ese silencio expectante de los lugares donde se sabe que se va a pronunciar una verdad incómoda. No era una presentación de libros al uso; era, más bien, una cita con la memoria en un rincón de Puerto Natales que, por un par de horas, se olvidó del viento exterior para mirar hacia adentro.
Rodrigo Cid Santos trajo bajo el brazo «El horror enmascarado», y con él, una pregunta que flotaba en el aire del auditorio: ¿cómo es posible que la crueldad tuviera un rostro tan cotidiano?
La charla, organizada por la Librería Ex Libris, se sintió como un cable a tierra. En estos tiempos donde el negacionismo asoma la cabeza como si el pasado fuera un estorbo, el relato de Cid nos recordó que los agentes de la DINA no eran monstruos de ficción con garras y colmillos. Eran vecinos. Eran el hombre que saludaba en el almacén o el padre que llevaba a sus hijos a la plaza. Esa «doble vida» es la que realmente hiela la sangre: la normalización del espanto dentro de la rutina familiar.
Ver a 40 personas reunidas, escuchando con un respeto casi sagrado, confirma que en Natales la identidad no solo se construye con paisajes, sino con la voluntad de no dejar que la historia se archive. Hay una ciudadanía despierta que prefiere la herida abierta de la verdad antes que el parche falso del olvido.
Más que un desfile de datos técnicos, el encuentro fue un ejercicio de reflexión sobre la condición humana. Se habló de la importancia de no bajar la guardia, de entender cómo se construye la maquinaria represiva y por qué la memoria es, en última instancia, nuestra única defensa ante la repetición.
Al final, luego del conversatorio, llegó el momento de las firmas, el protocolo desapareció. Hubo susurros, apretones de manos y ese intercambio breve pero profundo entre autor y lector. Ahí, entre las páginas recién firmadas, la biblioteca fue lo que siempre debió ser: un refugio.
Nos fuimos de ahí con la sensación de que recordar no es un ejercicio de melancolía, sino un acto de resistencia. Una de esas jornadas donde el pensamiento crítico nos devuelve, aunque sea por un momento, la brújula para entender quiénes somos y hacia dónde caminamos.

