La agonía de la pesca artesanal: leyes desiguales y costos que no dan tregua | Juan Salvador Miranda desde Puerto Natales
La pesca artesanal en Chile no está simplemente pasando por una mala racha; está viviendo una crisis estructural que amenaza con borrar del mapa su modelo tradicional. Más que una desaparición silenciosa, lo que vemos es una transformación forzada donde, en muchas zonas, la actividad se ha vuelto simplemente inviable.
Para entender por qué los pescadores sienten que tienen el agua al cuello, hay que mirar estos puntos críticos:
El fenómeno de los «pescadores de papel»: Suena contradictorio, pero existe. Gracias a un cambio en la ley de 2012, muchos pescadores artesanales terminaron vendiendo el 100% de sus cuotas a las grandes pesqueras. Esto creó una figura perversa: gente que tiene el derecho de pesca, pero no sale al mar, alimentando una concentración del recurso en manos de la industria que deja a las caletas vacías. Desde hace 15 años los pescadores artesanales de Magallanes, no pescan Merluza en un gran porcentaje traspasan la materia prima a los industriales.
El mar se está quedando vacío: No es una exageración. Recursos emblemáticos, como la merluza común, llevan más de diez años en estado crítico o derechamente agotados. Esto obliga a los viejos lobos de mar a navegar muchísimo más lejos, arriesgando más para traer cada vez menos.
Una ley bajo sospecha: En el fondo de todo está la pelea por el «fraccionamiento», o sea, cómo se reparte la torta entre industriales y artesanales. La actual Ley de Pesca (la famosa Ley Longueira) arrastra una sombra de corrupción y desigualdad que los gremios no están dispuestos a seguir aguantando.
El caso crítico del erizo en Magallanes (2026)
Si hay un lugar donde esta crisis se siente con fuerza hoy es en la Región de Magallanes. Aunque el erizo sigue siendo el rey de la economía local, este 2026 el negocio está llegando a un punto de quiebre por culpa de un enemigo principal: el precio del combustible.
Costos por las nubes: Navegar en el sur siempre ha sido caro, pero con el litro superando los $1.600, la situación es dramática. Hoy, el combustible se come casi la mitad de lo que cuesta cada viaje de pesca (entre un 46% y 49%). En lo que va de año, los costos operativos han saltado un 25%, dejando a muchos dueños de lanchas en números rojos.
La trampa del precio: Mientras la bencina no para de subir, el precio que le pagan al pescador por el erizo se ha quedado estancado. Se han visto pagos de $1.600 por docena y de $2000 por docena, un valor que los gremios tildan de «inviable». Como el precio final depende de lo que decida el mercado asiático, si afuera no compran caro, el pescador aquí paga el pato.
¿Qué están haciendo para sobrevivir? Cambio de estrategia: Muchos están dejando el erizo de lado para buscar recursos más cerca de la costa, como la luga, que requiere menos navegación.
Viajes al límite: Otros intentan estirar el chicle haciendo viajes mucho más largos para traer cargas masivas (hasta 3.000 docenas) y así intentar que el gasto en petróleo se prorratee entre más producto.
El grito de auxilio al Gobierno: Ante este escenario, la Subpesca ha lanzado planes de mitigación para unas 9.000 embarcaciones en todo el país. Sin embargo, organizaciones como la Conapach son claras: o les dan subsidios similares a los que tiene el transporte terrestre, o muchas lanchas simplemente se van a quedar amarradas en el puerto porque ya no sale a cuenta salir a trabajar.
En resumen, no es solo que haya menos peces o mariscos; es que el sistema y los costos actuales parecen diseñados para que el pescador artesanal termine desapareciendo.
Si la tendencia al alza de los combustibles se mantiene, el sector pesquero de Magallanes podría entrar en una fase de insostenibilidad operativa. Actualmente, se estima que las embarcaciones deben navegar un mínimo de 45 horas para llegar a las zonas de extracción de centolla y erizo, lo que vuelve al combustible el factor determinante del éxito o fracaso de la temporada.
Estas son las consecuencias más probables si los precios no se estabilizan:
Muchos armadores y pescadores artesanales optarán por no salir a navegar. Cuando el costo del petróleo supera el margen de ganancia proyectado, el riesgo económico es demasiado alto. Esto genera un fenómeno de «pesca de subsistencia» donde solo se realizan viajes cortos, dejando abandonadas las zonas más productivas pero lejanas del canal Concepción o canal Nelson.
A diferencia de la industria mayor, la pesca artesanal en Magallanes (embarcaciones de menos de 12 metros) a menudo utiliza bencina en motores fuera de borda. Al no tener inicio de actividades formal en muchos casos, quedan fuera de la devolución del impuesto específico al diésel, enfrentando el alza de precios sin ningún escudo tributario, lo que acelera el endeudamient
Por arriba: El alza del combustible y el dólar (cerca de los $925) que encarece insumos.
Por abajo: La reciente acusación de la Fiscalía Nacional Económica (FNE) contra 7 empresas procesadoras en Magallanes por colusión en el precio de compra de la centolla. Si las plantas mantienen precios bajos artificialmente mientras el combustible sube, el margen de utilidad del pescador desaparece.
Si el esfuerzo pesquero disminuye, habrá menos oferta de productos del mar en los mercados locales y nacionales. Esto provocará un aumento de precios en las pescaderías y restaurantes, afectando también al sector gastronómico y turístico de la región.
Aunque el Gobierno implementó el subsidio de $100.000 mensuales por embarcación a través del plan «Chile Sale Adelante», los gremios ya advierten que es insuficiente. Una crisis prolongada podría derivar en:
Protestas y bloqueos para exigir un subsidio al combustible específico para zonas extremas.
Migración laboral de pescadores hacia la salmonicultura, que actualmente concentra el 96% de la producción pesquera regional, profundizando la crisis de la pesca extractiva tradicional.
En resumen, de mantenerse las alzas, la pesca de la centolla pasará de ser una actividad productiva a una operación de pérdida, obligando a una reestructuración forzada del sector que podría diezmar la flota artesanal de Magallanes.

