La IA entre la evolución y el pensamiento crítico | Juan Salvador Miranda | Opinión

La IA entre la evolución y el pensamiento crítico | Juan Salvador Miranda | Opinión



La clave para que la inteligencia artificial funcione de verdad no es usarla como esa herramienta genérica que nos venden en todas partes, sino saber aterrizarla a problemas específicos.

En entornos técnicos, donde las normativas y los cálculos no admiten errores, un «prompt» sencillo no sirve de nada. No puedes esperar milagros de una instrucción genérica. La IA debe integrarse y entrenarse a fondo en el contexto real de trabajo, un proceso que requiere muchísimo más tiempo y esfuerzo de lo que la mayoría imagina.

A menudo, ese esfuerzo se frena por miedo. Hay quien le teme a la tecnología, pero la realidad es que tenemos que adaptarnos. Es como cuando la gente prefería escribir cartas y esperar al cartero, o cuando el teléfono fijo nos tenía atados a una pared. La llegada de los móviles y los ordenadores no fue el fin del mundo; simplemente hizo la comunicación más rápida y fácil. ¿Hubiera sido mejor no inventarlos para «salvar» el trabajo del cartero? Por supuesto que no. Si un oficio desaparece o cambia, lo que toca es aprender a usar los medios nuevos.


Ahora bien, para que esa transición sea exitosa y no una simple sustitución, necesitamos una visión sistémica. Si hoy podemos auditar los resultados de una IA es porque tenemos una formación previa sólida; somos herederos de una educación que priorizó la lectura y la lógica. Ese bagaje es el que nos permite hacer las preguntas correctas y no dar por bueno cualquier dato que nos lance la pantalla.


Mi gran preocupación es qué pasará con las generaciones futuras. Si permitimos que los niños dependan de la IA antes de construir sus propios cimientos en matemáticas, ciencia o geografía, se quedarán sin estructura mental propia.

Sin esa base, el pensamiento crítico desaparece. El riesgo no es la tecnología en sí, sino convertirnos en usuarios pasivos que no entienden lo que ven. Nos enfrentamos a una incertidumbre profunda: ¿cómo evolucionará nuestra mente en un entorno de automatización total? El reto es evolucionar con la tecnología, pero manteniendo siempre el control sobre ella.