Un Caballo de Troya Tributario | Juan Marcos Henríquez | Opinión

Un Caballo de Troya Tributario | Juan Marcos Henríquez | Opinión

El nombre del proyecto de Kast «Reconstrucción Nacional» es una exageración y falsedad que busca instalar una sensación de caos inexistente para justificar medidas extremas que además ocultan otras intenciones. Chile no necesita ser «reconstruido» como si estuviéramos en las ruinas. Las cifras muestran que nuestra economía crece al 2,6% y, hasta antes del «bencinazo», la inflación estaba controlada en un 3,5%. El país funciona, pero el presidente Kast intenta imponer la idea de un escenario de catástrofe para imponer medidas que no necesitamos y que nos pueden perjudicar. Aprovechándose del dolor y la urgencia de las zonas afectadas por los incendios, presentó un proyecto que suena bien en el título, pero que en la letra chica esconde un serio riesgo para el bolsillo de la clase media y de los sectores más postergados.  Las fuerzas de centro izquierda debe reaccionar y frenar este proyecto ante lo que es, a todas luces, un Caballo de Troya tributario. El gobierno usa la tragedia como un chantaje emocional para impulsar reformas estructurales que solo benefician a los más ricos de Chile, favoreciendo al gran capital mientras le traspasa el costo a quienes menos tienen.

La pieza central del engaño es la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23%. El gobierno desempolva la vieja y fracasada teoría del «chorreo», asegurando que esto generará inversión y empleo. En Chile 1% vio aumentar su patrimonio 30 hasta cuarenta veces mientras el resto de los chilenos se endeudó. Sin embargo, la historia y la evidencia internacional, especialmente en los países nórdicos que tanto dicen admirar, nos muestran que la alta carga tributaria no es enemiga del crecimiento, si se traduce en bienestar social. Pero aquí la trampa es doble: ¿quién paga el déficit en las arcas fiscales que dejará la rebaja de impuestos? El proyecto del gobierno lo dice sin arrugarse: se compensará con ajustes al gasto social, por ejemplo, congelando la gratuidad universitaria. Es decir, mientras los dueños de las grandes empresas celebran que el Estado les cobrará menos, los hijos de las familias vulnerables que soñaban con entrar a la universidad o a un instituto ven cómo se limitan las posibilidades. El costo no lo pagan los privilegiados, sino los jóvenes de primera generación que ven su futuro hipotecado para financiar las utilidades de los de arriba.

A esto se suma la reintegración del sistema tributario y la eliminación del impuesto a las ganancias de capital. Es una herramienta para que los dueños de empresas descuenten sus impuestos corporativos en sus declaraciones personales. Esto beneficia mucho más a la élite económica y acaba con la progresividad del sistema. El mensaje de Kast queda claro. El capital no se toca, pero la educación sí.

Si miramos las medidas que supuestamente ayudan a la clase media, el engaño se nota más. La exención de IVA para viviendas nuevas a simple vista parece una buena idea. Pero ¿quién tiene capacidad para comprar una casa con los precios y las tasas de interés altas? La respuesta es clara, y todos sabemos que pueden comprar solo los que ya tienen plata ahorrada o un buen crédito. El ciudadano de a pie, el que arrienda o vive apretado con la familia, no tiene como aprovechar esta medida. Al final termina siendo un subsidio disfrazado para las inmobiliarias que quieren vender su stock.

La repatriación de capitales es aún peor. Ofrecen una tasa baja del 7% a los que sacaron su plata de Chile, muchos evadiendo o eludiendo impuestos. Mientras una familia trabajadora recibe multas duras si no declara bien sus ingresos, a los grandes capitales se les facilita la vida para blanquear su dinero, pagando una miseria en relación a lo que deben. En la práctica es un perdón para los que se llevaron la riqueza cuando el país más necesitaba la inversión. De patriotas y republicanos bien poco.

Lo más grave, y lo que hace este proyecto un ícono antidemocrático, es el regreso de la invariabilidad tributaria, inventada y aplicada por Pinochet. Kast quiere traer de vuelta el espíritu del DL 600 de la dictadura. Así el gobierno de Kast propone que las grandes inversiones mantengan fijas sus tasas impositivas por 25 años. De esta forma, si en unos años el pueblo decide por votación que necesitamos más plata para cuidados o pensiones mejores, no podremos tocar a esas empresas porque estarán protegidas por ley. Kast nos propone un régimen tributario con contradicciones claras. Por ejemplo, no habrá invariabilidad para las cotizaciones de salud o el IVA del pan que compramos todos, pero sí quieren proteger las ganancias de los más ricos por un cuarto de siglo.

El orden fiscal de este proyecto no es más que el ajuste de siempre con otro nombre. El proyecto no busca ayudar al bolsillo de la mayoría, solo achica el Estado para la gente común y lo agranda para cuidar a los privilegiados. Usar los incendios como excusa para impulsar este proyecto es faltar al respeto a los chilenos. Chile no necesita reconstruirse y tampoco se requiere que le cargue el costo a la clase media cansada y a la juventud, mientras los ricos pagan menos impuestos. El caballo de Troya ya entró al Congreso y dependerá de las fuerzas de Parisi y la centro izquierda dejar en evidencia lo que lleva adentro y proteger a las familias chilenas.