Crianza sueca | Oscar Gibbons M. | Opinión
La escritora sueca Astrid Lindgren en 1978 recibió el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán, ocasión en que pronunció un discurso titulado: “¡Nunca la violencia!”, básicamente centrado en cuan negativos son los castigos corporales infringidos a los niños. Después se unió a científicos, periodistas y políticos, para promover una educación no violenta.
Debido a esto Suecia prohibió, mediante una ley dictada el año 1979, que se castigara corporalmente a los hijos, una simple palmada puede ser denunciada por cualquier ciudadano que la observe, como maltrato infantil, interviniendo el Estado con apoyo psicológico que investigue la dinámica familiar y obligue a sus miembros a participar en programas de educación que enseñan principios de crianza que implican educar mediante el diálogo y el contacto visual, debiendo primar siempre la inteligencia emocional, no utilizando amenazas o golpes, recomendando entre otras herramientas, que los progenitores se agachen al hablar con sus retoños, poniéndose a la altura de sus ojos, evitando que su altura les cause miedo.
Gracias a que pagan en promedio impuestos cercanos al 50% de sus remuneraciones o ingresos (los más ricos pagan hasta un 60%), tienen los ciudadanos suecos acceso a educación y salud gratuita de excelente calidad y entre otros beneficios, durante dos años la madre y el padre, desde el nacimiento de cada hij@, dejan de trabajar pero siguen percibiendo sus sueldos, para dedicarse a estar con ell@s y darles las primeras lecciones de educación acerca de los lenguajes, las matemáticas, los juegos, el respeto al medio ambiente y etcétera, tiempo durante el cual deben conducirse dando cumplimiento a la ley dictada el año 1979.
Antes, en la década de 1950, el Estado Sueco concluyó, después de efectuar numerosos estudios, que el azúcar es la principal causa de las caries dentales. En lugar de prohibir que los niños consumieran golosinas, establecieron legalmente una costumbre llamada Lordagsgodis, conforme a la cual todos los sábados los niños menores de 10 años pueden ingresar en cualquier establecimiento comercial que expenda dulces y comerlos sin pagarlos, es un día feliz para los infantes por tal libertad, lo que les enseña a la vez que no es usual hacerlo y deben luego, al llegar a casa, lavarse bien los dientes, a menos que les encante visitar a los dentistas.
Lo chistoso es que en promedio los ciudadanos suecos consumen, en promedio, 16 kilos de golosinas cada año aproximadamente, la cifra más alta del Planeta Agua, que extrañamente llamamos Tierra.
Voy a investigar si hay todavía muchos dentistas en ese país, lo dudo por lógica Cartesiana.

