En el discurso, evalúe dos cosas | Víctor Maldonado | Opinión

En el discurso, evalúe dos cosas | Víctor Maldonado | Opinión
  • Se dice que hay dos discursos presidenciales que son fáciles: el primero y el último. Al principio, todavía es tiempo de hacer promesas sin necesidad de mostrar pruebas de lo que se dice. Al final, se habla para la historia, intentando dejar claro el legado.
  • Los mensajes intermedios tienen que dedicarse a mostrar lo que se ha hecho. Por lo mismo, la oposición puede contestar refutando argumentos con hechos.
  • No hay que esperar demasiado de las palabras de Kast, escucharlo es incompatible con el entusiasmo, y eso hace recomendable discursos cortos. También abundará en anuncios de los próximos envíos de leyes al Parlamento y de las iniciativas que, ahora sabremos, se habían estado preparando con dedicación y reserva en cada uno de los ministerios. No era falta de capacidad, sino una estrategia propia de gente muy responsable.
  • Los buenos resultados están a la vuelta de la esquina y las mejores noticias están por llovernos, solo es necesario tener un poco de paciencia.
  • En este ambiente, quien debiera dar explicaciones es la oposición por no prestar todavía su apoyo a tan excelentes iniciativas, así que se le pide que actúe con patriotismo. Sin tener que dar pruebas de lo dicho, nada puede salir mal.
  • Esto tiene un efecto analgésico que dura unos pocos días, pero nadie le puede pedir más a un discurso y se habrá pasado con éxito una prueba.
  • Lo interesante de observar será si se evitan los errores involuntarios y se aprovecha la oportunidad para invitar a construir acuerdos nacionales.
  • Un error involuntario ha sido difundir que se da inicio a una segunda etapa de gobierno cuando apenas se llevan tres meses de gestión. Eso solo puede significar que en las primeras semanas se han cometido errores importantes y se hace necesario dar rápidamente vuelta la hoja.
  • Pero los errores de bulto sí se han hecho presentes y solo eso puede explicar que se haya tenido que reemplazar con premura dos de las principales figuras de la administración. Se evaluó que el costo de mantenerlas superaba el reconocimiento obvio de un error presidencial en la designación.
  • Fue un acierto porque, tras el cambio ministerial, ha cesado el flujo constante de chascarros y meteduras de pata. Eso no quita que el gobierno no ha destacado por enfrentar los principales problemas nacionales, sino que ha dedicado un tiempo extraordinario a los entuertos provocados por su propia llegada al poder.
  • Es coincidente con el inusual número de seremis que salieron por impedimentos que se tuvo tiempo de sobra de advertir. Esperar que estos episodios, producto de la excesiva improvisación, hayan terminado es mucho pedir.
  • Paulina Núñez, presidenta de Senado (RN), dice que ve ánimo para lograr un acuerdo amplio y ahí está la prueba mayor. La derecha dice que Chile ha podido crecer más, pero se ha conformado con poco. Puede ser cierto. También lo es que intentar imponerse por poco, sin acuerdos amplios, es también mediocre.
  • Concordemos, eso sí, que si en tres meses más la administración Kast está pasando a una tercera etapa es porque las buenas intenciones no bastaron. No se pudo controlar los efectos de un estilo propio de principiantes en la conducción, que se niega a poner de inmediato a su personal más experto.

Víctor Maldonado R.