Eva Rogazinski, 98 años y un siglo a cuestas: la sobreviviente del nazismo que convirtió su memoria en libro.

Eva Rogazinski, 98 años y un siglo a cuestas: la sobreviviente del nazismo que convirtió su memoria en libro.

Escapó de Alemania siendo niña, sobrevivió a la guerra refugiada en Shanghái y echó raíces en Chile en 1947. Sus memorias, presentadas este mes en Santiago, reconstruyen una travesía por tres continentes y dejan una idea que interpela al presente: la empatía como única llave para la paz.

Hay biografías que parecen guardar un siglo completo. La de Eva Rogazinski Sommer es una de ellas. Nació en Magdeburgo, Alemania, el 23 de enero de 1928, y fue niña mientras el nazismo crecía a su alrededor. A los diez años llegó refugiada a Shanghái, en el extremo opuesto del mundo, «cuando ya no había prácticamente lugares adonde escapar». Sobrevivió ocho años en esa ciudad. Y desde 1947 es chilena: aquí levantó su familia, su trabajo y su hogar. Setenta y nueve años después de ese desembarco, su historia ya es libro: «Magdeburgo, Shanghai, Santiago: Memorias de Eva Rogazinski».

El lanzamiento se realizó el pasado 5 de junio en Espacio Trayecto, salón de la editorial homónima en Santiago. Cerca de 45 personas —familiares, amigos, académicos y lectores— acompañaron a la protagonista y a las autoras, las historiadoras de la Universidad Católica María Montt y Nancy Nicholls. La presentación quedó a cargo de Rodrigo Mayorga, director ejecutivo de Momento Ciudadano, y de José Miguel Vial, que vivió trece años en Shanghái.

Un testimonio que llena un vacío

El valor del libro va más allá de lo biográfico. Como advierten Montt y Nicholls, aunque existen estudios sobre los refugiados judíos en Shanghái, casi no hay trabajos sobre quienes pasaron por el gueto y luego llegaron a América Latina —y a Chile en particular—, ni relatos de esas experiencias escritos en castellano. El testimonio de Eva viene a llenar ese vacío: es, a la vez, una historia de la Segunda Guerra Mundial, de la comunidad judía, de la ciudad de Shanghái y de una migración transnacional que enlaza a Alemania, China y Chile.

Esa dimensión histórica fue subrayada por el historiador Francisco Sánchez, quien valoró el relato como «una historia apasionante que nos da muestra de fe, esperanza y sobre todo de valor, respeto a la vida y sobre todo a no olvidar una época terrible de la humanidad con los horrores del nazismo».

Las autoras destacan, además, otra arista: la agencia de Eva como mujer. En las entrevistas mencionaba casi al pasar su trabajo como emprendedora en Chile, sin considerarlo un hecho histórico. Las historiadoras decidieron ahondar ahí, porque revelaba todo lo que alcanzó pese a no haber recibido una educación formal sólida. Una vida hecha a pulso, en tres continentes y tres idiomas.

Dos años de café, kuchen y memoria

El proyecto nació casi por casualidad. A fines de marzo de 2022, las investigadoras llegaron al departamento de Eva en Las Condes a escuchar sus recuerdos de Shanghái, y la nitidez de su memoria —tenía entonces 94 años— las convenció de registrar toda su vida. Fueron 16 entrevistas grabadas entre 2022 y 2023, siempre en su departamento, «siempre con una taza de buen café y algo dulce para compartir». Al principio, Eva dudó de que su historia le importara a alguien. La sala llena del 5 de junio respondió esa duda.

Con la lucidez y la calidez que la distinguen, agradeció a los presentes: «Me siento honrada de que tantas personas queridas nos acompañen en este evento», y reconoció «el gran esfuerzo» de las dos historiadoras que durante dos años la entrevistaron.

La empatía como llave

El momento más esperado de la tarde no miró al pasado, sino al presente. Lejos de la amargura que podría justificar una infancia de persecución y exilio, Eva conectó su propia historia con la de quienes hoy dejan sus países: «Mi vida, así como la de muchos que vivimos la guerra, está marcada por el desplazamiento y la migración. Siento una gran simpatía por las personas que deben dejar su hogar y encontrar un lugar donde vivir, trabajar, buscando mejores condiciones de vida, por el motivo que sea».

Y tendió un puente entre su generación y la actual: «Creo que, a pesar de los años que nos separan, tenemos algo en común estas personas de la actualidad y nosotros, que vivimos la misma experiencia tantos años atrás».

Su conclusión sonó como el corazón del libro: «Pienso que la empatía es la llave para que, pese a las diferencias que existen entre las personas, logremos vivir en paz. Ése es el objetivo por el cual todos debemos luchar».

Las autoras leen ese mensaje en clave de presente. En tiempos de discursos de exclusión, escriben, el testimonio de Eva sirve para recordar que la construcción de puentes de diálogo es central para una sociedad más justa y democrática.

Un legado en circulación

Eva lo resumió con sus palabras: se sintió «muy contenta de tener la oportunidad de plasmar estos recuerdos en un libro que espero que sirva como legado de mi generación para el futuro». «Magdeburgo, Shanghai, Santiago», editado por Espacio Trayecto, ya está disponible. Más que la memoria de una sobreviviente, es una invitación a mirar a quienes hoy migran y buscan refugio con los mismos ojos compasivos con que el mundo —y Chile en particular— miró alguna vez a una niña de diez años que escapaba del horror.

Porque si su historia demuestra algo, es que después del desarraigo puede venir el arraigo; después de la guerra, la paz; y después del miedo, una vida plena, larga y generosa, capaz de convertirse, a los 98 años, en un faro de esperanza para las generaciones que vienen.