La curiosidad humana | Manuel Luis Rodríguez U. | Opinión

La curiosidad humana | Manuel Luis Rodríguez U. | Opinión

Cuando uno de nuestros antepasados homínidos en la sabana africana bajó desde un árbol donde tenía su habitación habitual, para explorar qué había abajo o más allá, dio rienda suelta a la curiosidad. Eso ocurrió hace 1 millón y medio de años atrás.

Cuando miraba hacia las estrellas en la noche seguramente se preguntaba qué era aquello tan inmenso y tan lejano.  Y cuando descubrió que chocando dos piedras se producía una chispa,  entonces su curiosidad natural dio por resultado que con esa chispa pudo encender algunas ramas secas y se originó el fuego. La curiosidad de alguna mujer primitiva sobre las semillas y los vegetales que se reproducían en la naturaleza la llevó a descubrir y realizar la agricultura.

La curiosidad es una condición humana, que se basa en el desconocimiento, en la necesidad de saber, inherente a la especie humana. La palabra “curiosidad” proviene del latín curiositas, derivado de cura, que significa “esmero” o “cuidado”. Al añadirse a este último término el sufijo latino -osus, que denota “abundancia”, el término “curioso” describe a quien tiene gran interés por los detalles y un fuerte deseo de conocer y de estar atento a lo que ocurre a su alrededor.

La curiosidad humana, ejercicio del cerebro y la razón es el fundamento de la ciencia, de la técnica y en definitiva, de la capacidad humana para pensar y poner en práctica sus ideas, para llevarlas hacia objetos concretos.

A ciencia funciona en base a preguntas que producen respuestas provisorias, que a su vez, producen nuevas preguntas formando cadenas de interrogación interminables.  Los límites de la búsqueda de respuestas no existen, porque siempre la ciencia interroga y se interroga, para saber más y mejor.

A diferencia de las especies animales próximas, los chimpancés por ejemplo, funcionan básicamente por instinto, por sus necesidades básicas de alimentarse, sobrevivir, resguardarse, cuidarse y entretenerse. Los chimpancés pueden usar una rama para abrir puertas, pueden jugar, pueden protegerse de la lluvia, abrigar a sus crías y procurarse alimento, pero no estamos seguros cuánto pueden aprender de lo que ellos mismos hacen o de la observación de la conducta de otros.  Un chimpancé puede fumar, si un humano le dá un cigarrillo, pero el mono no sabe qué efecto hace en su cuerpo el tabaco, porque no es consciente de lo que está haciendo.

En cambio, el ser humano si es consciente de lo que hace, porque siempre puede preguntarse cuál es la causa y el efecto de sus conductas, porque dispone de una memoria consciente e inconsciente que le trae al presente sus experiencias anteriores. 

El chimpancé siempre vive en el presente, mientras que el ser humano puede pensar en pasado, en presente y en futuro, y ahí está la diferencia.