Una loca geografía de desastres | Manuel Luis Rodríguez U. | Editorial

Una loca geografía de desastres | Manuel Luis Rodríguez U. | Editorial


Chile país de desastres. Podría decirse que la historia geográfica y la geografía política de Chile, hace que cada gobierno tenga en su breve período de gestión, a lo menos una catástrofe natural que ha golpeado al país. Haga memoria de cada Presidente que ha tenido Chile en los recientes 40 o 50 años y podrá recordar cada catástrofe natural, terremoto, maremoto, inundaciones y desbordes, marcan la vida de este país.

Casi podría decirse que es perder el tiempo en criticar un gobierno, el de antes o cualquiera que esté en el poder, porque el problema es básicamente cultural.

Y hay algo que se repite a lo largo del tiempo: somos un país latinoamericano cuya cultura es de la improvisación, del maestro chasquilla, la cultura del cañamito y el alambrito para reparar una falla o desperfecto, cañamito o alambrito que se queda ahí hasta que se rompe. Además vivimos en una cultura del corto plazo.


El país que permite la construcción de edificios y casas encima de dunas de arena, orillas de ríos, humedales, bordes de playa y riberas de lagos y lagunas. Tenemos la costumbre de olvidar el curso natural de las aguas, de los ríos, de los riachuelos, de los arroyos, de los mares y seguimos construyendo allí donde debe pasar el agua desbordada.

La ciudad de Punta Arenas, que existe desde 1848, tiene un récord registrado de un desborde del río de las Minas, a lo menos cada 15 o 20 años, y pasado el desastre, se vuelve a construir al borde del río, hasta que viene el próximo desborde tras un episodio de lluvias durante días.

Cada ciudad que se ha construido junto a un río, tiene un historial de desbordes e inundaciones, pero ese historial se olvida rápido…hasta el próximo aluvión.

Falta planificación prospectiva, pensar ciudad a 20 o 30 años plazo hacia el futuro. Pensar la ciudad y los asentamientos humanos no para el año 2030, sino que para el 2040 o para el 2050, cuando nuestros nietos tengan cuarenta años y se acuerden del que planificó la ciudad.