¿Cómo reparar la pista del Aeródromo de Puerto Natales sin desconectar a la comunidad ni paralizar la economía? | Juan Salvador Miranda.
Después de informarme a través de los medios regionales, analizar ejemplos de cómo se ha solucionado este gran problema en otras latitudes y a raíz de que un vecino me pidió que escribiera algo al respecto, opté por redactar este texto.
La pista del Aeródromo de Puerto Natales (PNT) ha llegado a un punto crítico. Con el vertiginoso incremento del tráfico aéreo en los últimos años, el pavimento se llenó de baches y grietas, provocando cierres de emergencia que encendieron todas las alarmas de seguridad operacional.
Para solucionar esto, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) puso sobre la mesa un plan de 7.000 millones de pesos para reparar la pista entre enero y marzo de 2027, lo que le daría 10 años más de vida útil. ¿Su argumento? Que el frío patagónico impide asfaltar fuera de la temporada estival y que, para no cerrar por completo, se intercalarán días de faena con días de vuelos.
Sin embargo, la propuesta generó un choque inmediato con distintos sectores de la comunidad. Para los residentes de Puerto Natales, el transporte aéreo no es solo un motor turístico; es un puente fundamental frente al aislamiento geográfico que les permite viajar al centro del país por razones personales, familiares o urgencias médicas. Para los pacientes que deben realizarse exámenes avanzados, tratamientos o controles de salud especializados en Santiago, sumar más de 3 horas de trayecto por carretera hacia Punta Arenas representa un desgaste físico y económico gigantesco. Por su parte, el sector turístico ve en esta operación a «media máquina» un golpe durísimo a la economía local, mientras que la industria salmonera ve amenazada la cadena de frío para exportar salmón fresco a mercados internacionales.
Cuando se cruzan la seguridad de los vuelos, la salud de las personas, el clima patagónico, el turismo y la industria local, no existen soluciones mágicas. Sin embargo, sí se puede estructurar una estrategia de compromiso integral que resguarde a los habitantes y la economía sin poner en riesgo la aviación, basada en cuatro pilares fundamentales:
Debemos exigir el uso de mezclas de asfalto tibio (Warm Mix Asphalt – WMA) combinadas con aditivos químicos para clima frío y mantas térmicas. Esta tecnología permite asfaltar a menor temperatura sin perder calidad y acorta drásticamente los tiempos de secado, permitiendo adelantar las faenas pesadas a la primavera (octubre-noviembre) o ejecutarlas con turnos continuos de 24 horas e iluminación temporal en noches estivales.
Si el desvío a Punta Arenas (PUQ) resulta inevitable en ciertos días, la autoridad no puede dejar a la deriva a los usuarios. Se requiere un protocolo de transporte con pasajes 100% subsidiados vía Fondos Regionales (FNDR) para vecinos derivados por salud, un corredor preferencial en la Ruta 9 para ambulancias, buses y camiones refrigerados, e integración aduanera y de equipaje directa desde el avión al bus.
En los días con vuelos directos, debe existir una reserva obligatoria de asientos con tarifa protegida para residentes de Última Esperanza. Asimismo, para mitigar el impacto económico sobre las PYMES turísticas y comercios locales que verán disminuidos sus flujos, el Estado debe disponer de flexibilizaciones, prórrogas en patentes o facilidades fiscales durante el periodo de faenas.
Esto no se resuelve entre cuatro paredes en Santiago. Se necesita una mesa de trabajo permanente en la zona que reúna al MOP, la DGAC, el Gobierno Regional, el sector productivo y los representantes vecinales. Esta mesa debe garantizar que la reparación sea ejecutada en tiempo récord, bajo un calendario inamovible con sanciones a la empresa contratista en caso de retrasos, y ratificando por escrito que esta obra de conservación no frenará el proyecto definitivo de ampliación del aeródromo PNT.
La salida más sensata no vendrá de la intransigencia ni del centralismo. El camino racional exige desplazar los trabajos hacia ventanas térmicamente viables con tecnología moderna, blindar la movilidad de nuestros enfermos y trabajadores, y coordinar esfuerzos para que la reparación de la pista no se traduzca en un perjuicio irreversible para Última Esperanza.

