El peligro de viralizar mentiras: cuando el relato importa más que los hechos | Juan Salvador Miranda | Opinión

El peligro de viralizar mentiras: cuando el relato importa más que los hechos | Juan Salvador Miranda | Opinión

«La eliminación de archivos en papel y su reemplazo por archivos digitales les permite borrar la historia».

— Julian Assange

Hace poco me crucé con esa frase de Assange y no he parado de darle vueltas.

Estamos viviendo una época rarísima y bastante caótica. La llamada «posverdad» y los discursos diseñados para tocar fibras emocionales han calado tan hondo que la gente ya está dispuesta a creerse casi cualquier cosa. Si a eso le sumas el bombardeo diario de noticias falsas y la masa de perfiles ficticios en redes sociales, el escenario da miedo: da la sensación de que la democracia y nuestra noción de la realidad están contra las cuerdas. Basta con soltar una mentira, por burda que sea, para que corra como pólvora y, en cuestión de horas, medio mundo la dé por sentada sin dudar un segundo.

Un caso claro de esto fue lo que le tocó vivir a la exalcaldesa de Puerto Natales, Antonieta Oyarzo. En redes se armó una ola enorme asegurando que en su gestión le habían robado dinero al municipio. Sin embargo, cuando el asunto llegó a la justicia y se revisaron las cuentas, la evidencia demostró que no había absolutamente ninguna irregularidad. ¿El problema? Que para el algoritmo y la conversación digital eso ya no importaba: la mentira de un delito que jamás existió ya había quedado instalada en la cabeza de muchos.