El show Cancerbero | Juan Marcos Henríquez | Opinión
El Show Cancerbero
Hace dos semanas Chile despertó con un show televisivo que era transmitido en vivo por todos los matinales. El gobierno en forma imprudentes y probablemente vulnerando toda normativa, todo protocolo y arriesgando la seguridad de los procedimientos de gendarmería nos mostraba en cámara el traslado de prisioneros y pretendía presentarlo como un hito histórico. Kast no anunciaba la creación de una cárcel de alta seguridad, tampoco comprometía los fondos para su construcción o implementación, ni tampoco la inauguraba. Sólo nos mostraba los procedimientos secretos de traslado de prisioneros de alta peligrosidad. Y hasta le puso música al show para que pareciera película.
El show tenía nombre: Cancerbero. No tenía idea que significaba así que lo googlee. En la mitología griega, Cancerbero (aunque en realidad es Cerbero) era el perro de tres cabezas que custodiaba la entrada del inframundo. Como el perro que custodiaba la piedra filosofal en Harry Potter. El nombre de “Plan Cancerbero” tiene sentido ya que es la estrategia del gobierno de Kast, inspirado en el modelo penitenciario de Bukele, para aislar a los internos de mayor peligrosidad y anular el crimen organizado en las cárceles. Pero como ya nos tiene acostumbrado Kast nos presenta un show, que en realidad no ofrece nada nuevo, ya que todo lo presentado o los nuevos estándares de aislamiento en realidad gendarmería ya los implementa en algunas cárceles de Chile. Ya existe un régimen de segregación y aislamiento de presos de alta peligrosidad con celdas individuales o módulos de alta seguridad, hay tiempos reducidos de acceso a patio, restricción fuerte de visitas a través de locutorios, incluso el uso obligatorio de uniformes. Pero todo de acuerdo a los estándares y regulación nacional e internacional. Lo nuevo del show de Kast fue hacer público los procedimientos de gendarmería, pero me imagino que la justicia determinará si hubo algo impropio.
El presidente nos intentó vender, con una puesta en escena muy mediática, el Plan Cancerbero como un cambio radical e histórico en la política penitenciaria de Chile, recalcando un discurso de recuperación del “orden y control”. Sin embargo, no presentó nada nuevo y quizás lo único concluyente es que intentará copiar el modelo de cárcel de Bukele en El Salvador y digo intentará porque es ampliamente conocido que ese modelo vulnera las leyes y los tratados internacionales, con acusaciones de maltrato, tortura, desaparición y muerte de prisioneros.
Separar a los internos que controlan estructuras criminales desde la cárcel no es una idea nueva. De hecho, el Reglamento de Establecimientos Penitenciarios ya permite trasladar a un condenado a un módulo de máxima seguridad, cuando existen razones fundadas de orden o disciplina. Gendarmería puede hacerlo hoy, sin reforma constitucional y sin show mediático. Lo llamativo es que un instrumento administrativo ordinario se haya presentado como una hazaña inédita, con la parafernalia de un estreno cinematográfico.
El problema aparece al revisar el régimen anunciado. Se habla de celdas individuales, apenas dos horas fuera de ellas, visitas por locutorio, fin de las encomiendas y esposas obligatorias en espacios comunes. El Ejecutivo reconoce que el modelo se inspira en el sistema salvadoreño de Bukele, pero ese diseño no calza con lo que permite la ley chilena. La normativa nacional es precisa. El aislamiento preventivo tiene un máximo de veinticuatro horas. La celda solitaria como sanción disciplinaria no puede exceder los diez días y requiere fundamentación y control médico. Las Reglas Nelson Mandela de Naciones Unidas, que Chile suscribe, consideran prolongado cualquier aislamiento que supere los quince días y prohíben su aplicación indefinida. Un régimen permanente de encierro casi total, sin contacto humano relevante, no es segregación, es aislamiento solitario disfrazado con otro nombre. Por tanto, la apuesta de Kast debe ajustarse a la legislación nacional y a los tratados internacionales que Chile ha subscrito.
Cabe preguntarse entonces por qué Kast hace este show televisivo, si no hay nada nuevo. La respuesta probablemente está en el momento político y la escasa gestión mostrada hasta ahora, más que en el derecho penitenciario. Mientras se acumulan el hacinamiento, la falta de personal y la corrupción interna, resulta más fácil ofrecer un show bien producido antes que resolver esos nudos penitenciarios uno por uno. Un operativo bien filmado transmite autoridad de inmediato; sin embargo, sostenerla en el tiempo exige mucho trabajo y además poco vistoso.
Por otro lado, el crimen organizado no se desarma sólo encerrando a sus líderes. Requiere perseguir el dinero que financia sus operaciones, fortalecer la investigación de las fiscalías, cortar la filtración de información desde las cárceles y sostener programas de reinserción que eviten que la prisión siga funcionando como escuela del delito. Requiere levantar el secreto bancario en forma oportuna, algo a lo que la derecha y el gobierno de Kast se siguen oponiendo. Pero claro, ninguna de esas acciones permite un buen show televisivo.
Por último, insistir que el Estado tiene la obligación de recuperar el control de las cárceles y la ciudadanía el derecho de exigirlo con urgencia. Para ello hay que sacarla del terreno comunicacional y devolverla al terreno técnico. Recomponer sistema carcelario no se construye con una banda sonora ni con un desfile de buses escoltados por cámaras de televisión transmitiendo en vivo. Se construye cuando, meses después de apagadas las cámaras, el sistema penitenciario chileno pueda mostrar cifras sostenidas y un apego estricto a la ley que debe defender.

