Gobernabilidad de los datos, inteligencia artificial y la paradoja del empleo | Oscar Muñoz Cea, Ingeniero en Administración | Opinión
El vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA) y la automatización ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en un factor que está redefiniendo la economía, la productividad y el mercado laboral. En Chile, este proceso ocurre en un contexto particularmente complejo, marcado por una tasa de desocupación que alcanza el 9,4%, lo que ha llevado a muchos a establecer una relación directa entre la incorporación de estas tecnologías y el deterioro del empleo.
Sin embargo, un análisis serio exige evitar conclusiones apresuradas. La evidencia demuestra que los fenómenos económicos y laborales rara vez responden a una única causa. La inteligencia artificial constituye un elemento relevante, pero no explica por sí sola las transformaciones que hoy experimenta el mercado del trabajo. Comprender esta realidad requiere mirar con mayor profundidad el origen de los datos y el contexto en que estos se producen.
Quienes conocemos sobre análisis de datos sabemos que su verdadero valor no radica en el volumen de información disponible, sino en la calidad de su interpretación. Uno de los errores más frecuentes en el diseño y evaluación de políticas públicas consiste en confundir correlación con causalidad. Por ejemplo, observar una disminución en la contratación de trabajadores jóvenes tras la masificación de herramientas como ChatGPT podría llevar a concluir que la IA es la responsable exclusiva de esa tendencia. Sin embargo, esa interpretación ignora múltiples variables que ya venían afectando el mercado laboral.
Desde la estadística aplicada, este tipo de errores puede explicarse mediante fenómenos como la Paradoja de Berkson, que advierte cómo determinados procesos de selección pueden generar asociaciones aparentes entre variables que, al analizar la población completa, no reflejan necesariamente la realidad. En otras palabras, una muestra sesgada puede hacer parecer que existe una relación mucho más fuerte entre automatización y desempleo de la que realmente existe.
El empleo juvenil, por ejemplo, ya enfrentaba condiciones de alta vulnerabilidad desde la crisis sanitaria. A ello se han sumado factores estructurales la desaceleración económica y la necesidad de las organizaciones de contener costos operacionales. En ese escenario, muchas empresas han acelerado la incorporación de soluciones tecnológicas capaces de automatizar procesos administrativos, repetitivos y de bajo valor agregado.
Desde la perspectiva de la administración de empresas la adopción tecnológica no debería entenderse como una amenaza inevitable para el empleo, sino como una oportunidad para enfrentar uno de los principales desafíos históricos de Chile: su baja productividad. El verdadero problema no es la existencia de nuevas tecnologías, sino la capacidad institucional para gestionar su impacto mediante políticas públicas que favorezcan la adaptación del capital humano.
Diversos estudios muestran que las ocupaciones con mayor exposición a la IA generativa corresponden principalmente a funciones administrativas, operativas y de oficina, caracterizadas por procesos altamente estructurados. En contraste, actividades que requieren liderazgo, juicio estratégico, creatividad, negociación, trabajo interdisciplinario o habilidades técnicas especializadas presentan una capacidad de adaptación considerablemente mayor.
La experiencia en administración financiera del Estado demuestra que la eficiencia, por sí sola, nunca constituye un objetivo suficiente. Toda mejora en productividad debe estar acompañada por criterios de sostenibilidad económica y cohesión social. De poco sirve que una economía incremente su capacidad productiva si ese avance se traduce únicamente en la sustitución sistemática de trabajadores, especialmente de aquellos con menores oportunidades de adaptación tecnológica.
Del mismo modo, la adopción corporativa de la inteligencia artificial debe desarrollarse bajo sólidos principios de gobernanza, transparencia y responsabilidad ética. Si grandes empresas internacionales justifican procesos masivos de desvinculación apelando a la automatización, economías en desarrollo como la chilena enfrentan el desafío de construir un modelo distinto: uno donde la tecnología complemente las capacidades humanas en lugar de reemplazarlas indiscriminadamente.
La inteligencia artificial no representa únicamente un desafío tecnológico; constituye también una prueba para nuestra capacidad de diseñar mejores políticas públicas, interpretar correctamente la evidencia y tomar decisiones basadas en datos de calidad. Gobernar en la era digital implica comprender que los datos, sin contexto ni pensamiento crítico, pueden conducir a diagnósticos equivocados.
El futuro del trabajo no dependerá exclusivamente de la velocidad con que avance la inteligencia artificial, sino de nuestra capacidad para gobernar los datos con inteligencia, transformar el conocimiento en políticas efectivas y construir un mercado laboral que combine innovación, productividad y desarrollo humano. Ese es, probablemente, uno de los mayores desafíos que enfrenta Chile.
Oscar Aurelio Muñoz Cea.
Ingeniero en Administración y Publicista (mención Marketing Digital).
Diplomado en Big Data y Análisis de Datos, UC.

