La pinta es lo de menos, decíamos: hoy es todo | Jorge Restovic Skirving | Opinión

La pinta es lo de menos, decíamos: hoy es todo | Jorge Restovic Skirving | Opinión

Hay una nueva moda en los jóvenes y se llama farmear el aura.
¿Que qué es eso? Es andar por la vida haciéndose el interesante. No es ser bueno en algo, no es estudiar, no es trabajar. Es posar. Es caminar lento, mirar serio, no contestar los mensajes, subir fotos en blanco y negro mirando al horizonte como si estuvieras sufriendo por el mundo.
Antes, a diferencia de hoy, como decía la canción, la pinta es lo de menos. Lo que valía era la persona, la palabra, el esfuerzo. Si usted era bueno para la pega, si era honrado, si cumplía, daba lo mismo si andaba con buzo o con terno. Lo de adentro valía más que lo de afuera.
Hoy, en cambio, la pinta es todo.
Hoy no importa lo que eres, importa cómo te ves. No importa si trabajas, si estudias, si te esfuerzas. Importa si tienes aura. Si posas bien. Si te ves bacán en la foto. Hoy un cabro vale más por como se ve en Instagram que por lo que sabe hacer con las manos.
Antes, el respeto se ganaba. Usted era el profesor que llegaba temprano, el maestro que hacía bien la pega, el comerciante que atendía bien, el cabro que ayudaba en la casa. Tenía aura porque se lo había ganado con esfuerzo.
Hoy no. Hoy se farmea. Es decir, se finge.
Estamos criando una generación que no quiere tener, quiere parecer. Que no quiere ser, quiere que lo miren.
¿Y de dónde salen estos cabros? Son producto de padres permisivos. Padres que por culpa de estar poco en la casa, porque tienen que trabajar todo el día, llegan con culpa. Y esa culpa la tapan con plata y con permisos.
El hijo pide zapatilla de 150 lucas, se la compran. Pide el último celular, se lo compran. No lava ni un plato, no tiende ni su cama, pero tiene de todo. Le cubren todas las necesidades sin pedirle ningún esfuerzo a cambio.
Entonces el joven crece pensando que la vida es así. Que todo llega sin trabajar. Que el esfuerzo es de tonto.
Le desincentivaron el trabajo y le vendieron la pose.
Pero ojo, aún estamos a tiempo de rectificar. Porque esta generación que hoy farmea el aura, mañana nos va a gobernar.
Y tenemos que recuperar algo que se nos olvidó: la cultura del trabajo como único medio de progreso.
A nosotros nos metieron en la cabeza que progresar era tener pituto, o suerte, o sacarse el loto, o que el Estado te regale algo. Mentira. El único medio real de progresar es el trabajo. No hay otro.
El trabajo no es un castigo. El trabajo dignifica. El trabajo te hace libre. Cuando usted trabaja, usted vale. Cuando usted se gana su plata, nadie le puede venir a gritar nada. Usted se para firme.
Un país no progresa farmeando aura. Un país progresa trabajando. Así lo hizo la generación de nuestros abuelos. Se levantaban a las 5 de la mañana, con frío, con lluvia, y sacaban adelante a su familia sin pedirle nada a nadie.
¿Cómo la recuperamos?
Con cosas simples, de la casa. Volviendo a lo básico.
Primero, que nada sea gratis. Si quiere zapatillas nuevas, que trabaje en el verano. Que sienta lo que cuesta ganar 10 lucas.
Segundo, que en la casa se trabaje. Que el cabro tienda su cama, que lave su plato, que saque la basura. El trabajo forma carácter.
Tercero, premiar el esfuerzo y no la pose. No aplaudirle la foto, aplaudirle la buena nota que le costó, el gol que metió después de entrenar, la plata que ahorró. Enseñarle que ahorrar no es de tonto, es de vivo.
Y cuarto, que los padres se atrevan a decir que no. Un no a tiempo forma más que mil regalos por culpa.
Si no recuperamos la cultura del trabajo como medio de progreso, mañana nos va a gobernar una generación que solo sabe parecer, pero no sabe hacer.
El aura real no se farmea. Se gana trabajando.
Todavía estamos a tiempo, antes de que el tiempo se acabe.