Los derechos que algunos quieren enchuecar | Jorge Restovic Skirving | Opinión

Los derechos que algunos quieren enchuecar | Jorge Restovic Skirving | Opinión

Vi un video el otro día que mostraba en un minuto lo que nos ha costado un siglo.
Primero no había nada. No había horario. Se trabajaba de sol a sol, 12, 14, 16 horas. Si te accidentabas, problema tuyo. Si eras mujer, te pagaban menos. Si eras niño, igual te hacían trabajar.
Después vinieron las luchas. Las huelgas. Los muertos de Chicago. Las organizaciones obreras. La gente que se atrevió a decir «así no».
Y de a poco se fueron conquistando cosas que hoy nos parecen obvias: que la jornada sea de 8 horas. Que exista el descanso dominical. Que haya vacaciones. Que si te enfermas, tengas licencia. Que si te echan, tengas indemnización. Que exista el contrato. La seguridad social. El derecho a organizarse.
Nada de eso cayó del cielo. Fue sangre, sudor y organización de trabajadores y trabajadoras en todo el mundo.
Y hoy, ¿qué nos dicen? Que eso es «rigidez».
Miren lo que está proponiendo el Ministro del Trabajo, Tomás Rau. Y suena harto dudoso.
Primero, quiere cambiar la indemnización por años de servicio. Hoy, si te echan por necesidades de la empresa, te toca un mes por año. Él propone «medio mes por año, pero a todo evento». Su argumento es que en Chile un trabajador con 10 años saca 10 sueldos y en la OCDE el promedio es 4.
Medio mes. O sea, te corta la indemnización a la mitad. Y lo disfraza de que ahora sería para todos.
Segundo, quiere los contratos por hora y dice que hay que «revisar todo lo que impide que se generen más empleos». Y que la jornada de 40 horas no se promedie en 4 semanas como hoy, sino en 15, 30 semanas o hasta un año.
¿Usted entiende lo que significa eso acá en Magallanes? Que en temporada alta te hacen trabajar 60 horas y en temporada baja te mandan para la casa sin pega, y en el promedio te dicen que trabajaste 40. Eso no es flexibilidad, es inestabilidad.
Por eso hoy es más importante que nunca que las organizaciones sindicales recuperen su poder. Necesitamos Centrales Sindicales preparadas, no de adorno. Con dirigentes representativos de verdad, que estén en terreno, que conozcan la realidad de la faena, de la salmonera, del comercio, del servicio público. Dirigentes que no se vendan y que puedan sentarse a equilibrar la balanza.
Porque sin sindicatos fuertes, el trabajador solo frente al empleador siempre pierde.
Y fíjese que esto no es nuevo. Hasta en la Biblia ya se notaba la lucha contra el abuso. En Deuteronomio 24:14-15 dice clarito: «No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra. Le pagarás su jornal el mismo día».
Hace más de 3 mil años ya se decía que no se debía explotar al trabajador. Y lo paradójico, lo triste, es ver hoy a aquellos que se dicen cristianos, hombres de fe, que van a misa el domingo y se golpean el pecho, abusar de su prójimo de lunes a sábado. Pagar poco, no pagar imposiciones, tener gente boleteando por años.
Si hasta la Biblia lo condena, ¿cómo algunos lo quieren defender hoy como si fuera modernidad?
Acá en la Patagonia el trabajo es duro. El frío, el viento, el sacrificio de estar lejos. Por eso mismo el trabajo tiene que valer. Tiene que tener dignidad.
Los derechos de los trabajadores y las trabajadoras no se discuten. Se defienden, y se defienden organizados.
Porque lo que costó un siglo ganar, no lo vamos a perder en un par de años por culpa de los que quieren borrar la historia para llenar sus bolsillos