Todos comen pescado, pero pocos conocen quiénes los pescan: las faenas de los pescadores artesanales en los mares australes.
El trabajo del pescador artesanal sigue siendo una de las faenas más peligrosas en las regiones australes de Chile. Largas semanas internados en los canales australes, sometidos a vientos huracanados y fríos interminables.
Los pescadores en la faena de la centolla, por ejemplo, cargan víveres, carnada (generalmente pescado descompuesto) y combustible para varias semanas.
Se utilizan lanchas a motor de madera o fibra de vidrio, de entre 8 y 12 metros de eslora. Navegan durante horas por canales estrechos, fiordos y senos, esquivando hielos y ráfagas de viento o “pescozones”. Buscan bahías protegidas o «tenederos» para capear el mal tiempo y pasar la noche.
La faena misma debe conocerse.
Las trampas se amarran a una línea larga (pesca de espinel) y se lanzan al mar. Se sumergen a profundidades que varían entre los 20 y los 150 metros. El extremo de la línea se sujeta a una boya o «gallo» para identificar su posición.
Al día siguiente, se cobran las líneas usando un virador hidráulico mecánico. Se seleccionan solo los machos que cumplen con la medida mínima legal. Las hembras y los ejemplares juveniles se devuelven vivos al mar inmediatamente. Las centollas aptas se guardan en el «vivero» de la lancha, una sección inundada con agua de mar, para mantenerlas vivas.
Una embarcación, una lancha a motor fuera de borda, se interna, por ejemplo, en el canal Brednock, en las proximidades del Cabo de Hornos, en busca de la preciada captura. En la noche, a la luz de las estrellas o de una fogata con leña y carbón de espino, arman algunas carpas precarias para guarecerse del frío y la helada, en la playa de alguna bahía o ensenada. Esos son los “tenederos”.
Una vez completada la carga o agotados los víveres, la lancha regresa a su puerto base como Punta Arenas, Puerto Natales o Puerto Williams. El producto se entrega fresco y vivo a las plantas procesadoras locales o a intermediarios.
Conocen por experiencia la cambiante dirección del viento, de las mareas y corrientes, reconocen el movimiento de las nubes y de las aves marinas para guiar el curso de su trayectoria. También llevan sus brújulas, radios e instrumentos de navegación. Conocen los sectores donde se encuentra la mejor pesca y reconocen el proceso natural de reproducción de las especies marinas.
El pescador se acostumbra al mar, hasta el punto de que se siente incómodo en tierra, porque prefiere la cercanía peligrosa del océano y sus rigoreLas enfermedades reumáticas son las más comunes en los trabajadores de la pesca, sometidos a largas horas y días, a las rudas inclemencias del mar austral. Es difícil la vida familiar de los pescadores artesanales, ocupados en largas jornadas en las faenas.
Cuando te sirves un congrio o una merluza en tu mesa, no sabes cuánto frío, esfuerzo y silencio, hizo el trabajo del pescador que realizó la faena de pescarlo.
El pescador artesanal, es la demostración viva y concreta de que el trabajo crea la riqueza y es un esfuerzo colectivo de grupos de hombres esforzados que van al mar para alimentarnos, mientras sus esposas, madres y familiares esperan con incertidumbre y esperanza.
Manuel Luis Rodríguez U.

