Punta Arenas recordó a las víctimas de la dictadura con un llamado a defender la Memoria.
A 53 años del golpe de Estado, sobrevivientes, familiares, dirigentes y nuevas generaciones volvieron a reunirse en el Memorial de los Derechos Humanos del Cementerio Municipal de Punta Arenas. Entre canciones, testimonios y ofrendas florales, la voz de quienes padecieron la represión volvió a encontrarse con jóvenes que hoy asumen el desafío de mantener viva una historia que algunos quisieran clausurar.
Defender la memoria cuando existen intentos por borrarla, recuperar la tradición de lucha por la justicia social y confiar en las nuevas generaciones para continuarla. Ese fue uno de los llamados que marcó este sábado la conmemoración realizada en el Memorial de los Derechos Humanos del Cementerio Municipal de Punta Arenas.
Francisco Alarcón, presidente regional del Partido Comunista en Magallanes, habló de memoria, pero también de futuro. Recordó los sueños que movilizaron a una generación durante el gobierno de Salvador Allende y sostuvo que aquel proyecto no fue derrotado por las ideas ni por las urnas. Fue necesario recurrir a la violencia para interrumpirlo.
Más de medio siglo después, planteó, defender esa memoria significa también recuperar la consecuencia de quienes lucharon por una sociedad más justa y transmitir esa tradición a quienes vienen detrás.
Y los jóvenes estaban allí.
Fueron ellos quienes tuvieron un papel protagónico en la conducción de la conmemoración, transformándose en una suerte de puente entre una generación que vivió la represión y otra que nació décadas después.
Eran las 12.30 horas cuando cerca de sesenta personas se reunieron frente al memorial. Durante más de una hora resistieron la baja temperatura de septiembre para acompañar un encuentro marcado por testimonios, canciones, silencios y ofrendas florales.
La ceremonia comenzó con las notas de la quena de Manuel Huinao. Después vinieron las palabras y, entre ellas, una historia que nadie debería haber tenido que contar.
Marco Antonio Barticevic era estudiante universitario cuando fue detenido tras el golpe de Estado. Tenía poco más de veinte años. Recordó su detención, el paso por el Regimiento Pudeto, isla Dawson y posteriormente un Consejo de Guerra que terminó condenándolo. Después vendrían la prisión y el exilio.
Más de cincuenta años después estaba allí para contarlo.
Su testimonio es mucho más que el recuerdo personal de un sobreviviente. Forma parte del patrimonio vivo de los derechos humanos de Magallanes. Barticevic puede todavía narrar en primera persona lo que significó que un joven estudiante fuera convertido en enemigo por sus ideas, encarcelado y sometido a la justicia militar.
Frente a él había jóvenes que nunca conocieron el toque de queda, los allanamientos ni los bandos militares.
Ellos escuchaban.
Y durante algunos minutos la distancia de 53 años pareció desaparecer.
La dictadura en Magallanes no fue una abstracción. Tuvo más de 35 centros de detención, regimientos, cárceles y una isla, Dawson, convertida en uno de los símbolos más dolorosos de la represión en el extremo austral. Dejó perseguidos, torturados, ejecutados, detenidos desaparecidos y exiliados.
También transformó profundamente al país. Mientras organizaciones políticas, sociales y sindicales eran perseguidas o desarticuladas, se impusieron profundos cambios económicos y laborales sin las condiciones propias de una democracia.
En representación del mundo sindical intervino también Juan Igor, presidente regional de la Central Unitaria de Trabajadores. Hubo un llamado a la unidad y a preservar consensos democráticos fundamentales, aquellos que establecen que ninguna diferencia política puede justificar la persecución, la tortura, la desaparición o la muerte.
La música volvió con la voz de Fabiola Catalán. El frío seguía acompañando la ceremonia y los asistentes permanecían frente al memorial.
Hacia el final llegaron las ofrendas florales y el silencio.
Detrás de cada nombre grabado allí hubo una vida, una familia, amigos, trabajo, proyectos y sueños. Y en el caso de los detenidos desaparecidos, familias que debieron cargar además con la ausencia de un cuerpo y preguntas que persisten después de más de medio siglo.
Por eso nombrar sigue siendo importante.
Y recordar adquiere una significación mayor en tiempos en que la memoria sobre las violaciones a los derechos humanos vuelve a ser cuestionada, relativizada o presentada como un obstáculo para mirar hacia adelante.
Después de más de una hora, las flores quedaron junto al memorial y los asistentes comenzaron lentamente a retirarse.

