El descubrimiento de un nuevo mundo | Manuel Luis Rodríguez U. | Historia y Memoria
Ese miércoles 12 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a la isla de Guanahani en Caribe, creyendo que había alcanzado la costa de Japón en aquella época llamado Cipango, estaba produciendo una revolución en la geografía y en la historia.
Su teoría cartográfica y geográfica era que, navegando en línea recta desde la costa española hacia el Este, daría la vuelta al mundo y llegaría a las costas de Japón y podría entonces llegar a las islas y territorios asiáticos donde se producían la pimienta, el clavo de olor, la canela, el azafrán.
La equivocación geográfica de Colón produjo el descubrimiento de un nuevo continente. A pesar que Cristóbal Colón viajó cuatro veces ida y vuelta a América desde España, nunca pudo saber en vida que había encontrado un nuevo continente. En ese final del siglo XV, estaba todavía en discusión entre geógrafos y cartógrafos si la tierra era redonda o plana.
El continente nuevo recibió el nombre del geógrafo y cartógrafo alemán Américo Waldsemuller y los navegantes que utilizaron su carta marítima, lo llamaron las tierras de Américo, después América.
Varios años más tarde, en 1513, el navegante español Vasco Núñez de Balboa, atravesó el territorio de Panamá desde el Caribe y encontró el océano Pacífico. Ahí comprendió que lo que se había descubierto en 1492 no eran las costas de Cipango, sino un nuevo continente.
La empresa de Colón, financiada por Isabel I y Fernando VII, tenía una finalidad económica y religiosa: conquistar tierras para obtener oro, riquezas naturales, especias y comerciarlas para competir con la República de Venecia y conquistar almas para la religión cristiana católica. Cuando llegaron los conquistadores españoles a América, los habitantes del continente americano no conocían el pecado, no conocían la culpa, no conocían la vergüenza de la desnudez, adoraban varios dioses de la naturaleza y vivían en comunidad.

