Juan Carlos Galdámez: Magallanes y el valor de una ruta disponible | Opinión

Juan Carlos Galdámez: Magallanes y el valor de una ruta disponible | Opinión

Magallanes adquiere valor estratégico cuando ofrece una alternativa confiable ante la interrupción de otras rutas, aunque no concentre el tráfico habitual. El aumento informado por Bloomberg abre una oportunidad para Chile: proyectar las capacidades australes existentes con inversiones útiles incluso si los desvíos disminuyen. La decisión exige distinguir la continuidad de la navegación, los servicios comerciales y la integración territorial: cada beneficio requiere una justificación propia.

Bloomberg informó el 6 de octubre un aumento superior al 70% interanual en agosto y septiembre de 2026, a partir de estadísticas locales de pilotaje de la Armada hasta el 24 de septiembre. La publicación sitúa el incremento en buques de 60.000 a 65.000 TRB, sin identificar sus tipos. Es una señal relevante, pero no una medición del tráfico total: sin la serie primaria, no permite cuantificar desvíos desde Panamá, acreditar su permanencia ni determinar servicios contratados en Chile.

La base anual exige otra lectura. En 2025, los avistamientos del Estrecho disminuyeron de 2.775 a 2.394 respecto de 2024. De los registros de 2025, 848 correspondieron a rutas desde o hacia terminales magallánicos: el 35,4%. Son movimientos, no buques únicos ni una tasa de conversión de tránsito en recalada. El alza parcial de 2026 no contradice ese balance anterior, pero tampoco demuestra que los puertos estén recibiendo más naves.

Las rutas dependen de distancia, combustible, tiempos de espera, restricciones y confiabilidad. Magallanes conecta el Atlántico y el Pacífico sin esclusas, pero exige afrontar condiciones hidrográficas y meteorológicas complejas. No necesita sustituir a Panamá para ser relevante: su disponibilidad amplía las opciones de los operadores cuando cambian los costos y riesgos de otros itinerarios. Esa disponibilidad tiene valor aun cuando se utilice de manera intermitente.

Chile no parte de cero. DIRECTEMAR describe una red de estaciones de control del tráfico en Evangelistas, Bahía Félix, Paso Tortuoso, Punta Arenas, Punta Delgada y Punta Dúngenes, con comunicaciones y reportes de navegación. Son capacidades concretas que deben reconocerse y sostenerse; su existencia, sin embargo, no demuestra por sí sola la holgura disponible frente a mayor demanda o emergencias simultáneas.

También existe experiencia portuaria verificable. DIRECTEMAR registró en 2025 1.220 recepciones de naves mayores en Punta Arenas y 276 en Puerto Williams; ambas cifras incluyen sucesivas visitas de una misma nave. EP Austral informó que el Terminal Mardones descargó, en junio de ese año, 1.200 toneladas de componentes para el parque eólico Río Cullen, en Argentina, destinados a Tierra del Fuego. La oportunidad austral se apoya en puertos, operadores y experiencia capaces de atender demanda regional e internacional.

El tránsito ya puede generar pagos por señalización, pilotaje y transferencia de prácticos, aun sin recalada comercial. Hay valor económico asociado a servicios existentes. Sin embargo, un buque puede cruzar sin demandar abastecimiento o reparación: el crecimiento de esos negocios requiere conocer sus itinerarios y necesidades. Las tarifas oficiales de transferencia previstas para ausencia de prestadores particulares tampoco equivalen a precios privados ni permiten estimar su facturación. Ampliar servicios exige competir en costo, tiempo y confiabilidad, sobre demanda efectiva.

La continuidad de la navegación responde a otra lógica. Las comunicaciones, la asistencia y la respuesta ante emergencias pueden justificar inversión por su contribución a la seguridad, aunque no generen nuevas recaladas. La integración territorial añade un tercer criterio: una capacidad que también sirva a las operaciones australes conserva utilidad cuando el tráfico extraordinario retrocede. Separar estas justificaciones permite reconocer beneficios públicos y comerciales sin atribuir a cada inversión resultados que no puede acreditar.

La mirada de red debe ser funcional. Punta Arenas, Puerto Williams y las operaciones vinculadas al Beagle y la Antártica no forman una oferta integrada por su sola proximidad. La complementariedad debe demostrarse mediante servicios, conexiones y recursos que puedan compartirse sin debilitar su función principal. La coordinación debe mejorar prestaciones identificables; nombrar nodos no justifica obras ni acredita duplicaciones.

La tarea concreta es construir una base común de decisión entre la Autoridad Marítima, los puertos y los operadores: vincular tránsitos y recaladas mediante la identificación de cada nave, registrar los servicios utilizados y contrastar la demanda con disponibilidad, tiempos de respuesta y restricciones operacionales. Así podrá medirse qué ingreso adicional queda en la región. Sobre esa evidencia, corresponde priorizar capacidades útiles bajo distintos escenarios y ejecutar gradualmente las inversiones comerciales. El criterio es fortalecer lo que mantiene utilidad, sin apostar toda la inversión a que el desvío se vuelva permanente.

Magallanes ofrece a Chile una posición estratégica y una experiencia operativa que ya produce valor. La oportunidad consiste en sostener su confiabilidad y ampliar servicios donde exista fundamento, preservando la seguridad y el entorno que hacen posible la navegación. Chile no controla las disrupciones que alteran las rutas mundiales. Sí puede convertir lo que ya funciona en capacidades útiles, incluso cuando el tráfico extraordinario disminuya.

Fuente: Portal Portuario.