La crisis de la vivienda en los jóvenes es un problema de toda América Latina.

La crisis de la vivienda en los jóvenes es un problema de toda América Latina.

●     EAE Business School ha elaborado un informe de la situación de la vivienda y su impacto en el bienestar de los jóvenes adultos.

●     Aunque la distancia geográfica entre y las realidades socioeconómicas parecen marcar profundas diferencias entre América Latina y Europa, el acceso a una vivienda digna está siendo un problema que traspasa las fronteras.

●     Juan Carlos Higueras, autor del informe y Vicedecano de Estudiantes y Programas en EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación Universidades, analiza las coincidencias entre los desafíos habitacionales de América Latina y España, planteando recomendaciones para abordar esta problemática.

Chile, octubre de 2026. El acceso a un techo seguro, adecuado y asequible se ha convertido en una de las mayores encrucijadas económicas y sociales.

En América Latina y el Caribe, cerca del 45% de las familias carece de una vivienda digna, según estimaciones de Hábitat para la Humanidad y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En Chile, particularmente, las dificultades para acceder a una vivienda es un gran reto para la generación de jóvenes adultos.

Según estudios de Déficit Cero, 4 de cada 10 hogares chilenos arrendados por jóvenes pagan más de un 30% de sus ingresos; cuatro de cada diez hogares en déficit habitacional son hogares jóvene y el 45% de estos sufre hacinamiento no ampliable, es decir, sin espacio suficiente ni posibilidades de ampliación. Muchos son ocupados por parejas sin hijos, madres solteras o “compañeros de piso”; este último alcanza un 54% especialmente entre los chilenos de 18 y 24 años.

No obstante, las dificultades para acceder a una vivienda no se limitan a los mercados emergentes ni a las zonas con alta informalidad laboral. Al otro lado del océano, las grandes capitales europeas también están soportando una fuerte presión habitacional que afecta la estabilidad y el proyecto de vida de la población más joven, si bien España disfruta de una mejor situación en el mercado de la vivienda que París, Londres  o Roma.

Mientras que en América Latina la producción progresiva de vivienda se financia en un 86% mediante el ahorro familiar debido a la falta de créditos adaptados a la informalidad, en España, según el Índice de Esfuerzo Inmobiliario realizado por EAE Business School, alcanza los 66 puntos sobre 100, ubicando a los adultos jóvenes de entre 25 y 45 años en un nivel de esfuerzo calificado como alto. Los encuestados afirman que el costo de la vivienda impacta negativamente su bienestar emocional y lo consideran una fuente directa de desigualdad intergeneracional.

“Son muchos factores los que están afectando a esta generación, más allá de los ingresos que se destinan al alquiler o la hipoteca”, indica Juan Carlos Higueras Redecillas, Vicedecano de Estudiantes y Programas en EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación Universidades. “También están impactando la emancipación, la formación de una familia, la decisión de tener hijos, la movilidad laboral, el ahorro y las expectativas de futuro. Por eso, medir el coste económico y social de una oferta insuficiente permite evaluar si las políticas son capaces de devolver autonomía, estabilidad y libertad de elección a los hogares”.

Como mecanismos para enfrentar esta problemática, el estudio indica que escalar las soluciones requiere evitar los incentivos inmediatos que encarezcan aún más el suelo o la construcción, centrándose en reformas estructurales de fondo.

El experto subraya que, aunque las ayudas directas pueden aliviar temporalmente la situación de algunos hogares, si se conceden en mercados con una oferta rígida, existe el riesgo de que el apoyo se traslade a los precios del alquiler o de compra.

Entre las recomendaciones para transformar este panorama, EAE Business School resalta la urgencia de diferenciar las políticas de acceso a la propiedad de las del mercado de alquiler, así como conectar de forma eficiente la planificación de vivienda con la infraestructura de transporte y la generación de empleo en núcleos metropolitanos descentralizados.

Asimismo, propone impulsar avales públicos parciales e instrumentos de ahorro que eliminen la barrera del pago inicial para hogares solventes, evitando que la capacidad de habitar un hogar seguro dependa exclusivamente del patrimonio familiar acumulado.

También es importante dejar de concebir la vivienda como una unidad aislada o un bien transaccional momentáneo y mejor abordarla como una infraestructura social y un proceso de desarrollo continuo.