La lección que nos deja la mortandad de salmones en Magallanes | Juan Salvador Miranda

La lección que nos deja la mortandad de salmones en Magallanes | Juan Salvador Miranda

Cerca de mil toneladas de salmones muertos en los centros de cultivo de los canales magallánicos no son solo un número desgarrador; son el síntoma visible de una crisis mucho más profunda. Este episodio vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda que llevamos años esquivando: la absoluta desconexión entre la escala de la industria salmonera y la infraestructura real de nuestra región.

Ante la emergencia, la respuesta fue casi insólita: subir más de 900 toneladas de biomasa a barcazas y llevarlas navegando cientos de millas hacia el norte, hasta la Región de Los Lagos, para su procesamiento. Un viaje que retrata sin filtro la incapacidad local para gestionar sus propios colapsos.

El problema de fondo es un vacío de infraestructura que roza lo inaceptable. Magallanes sigue sin contar con rellenos sanitarios idóneos para este volumen de residuos —el fallido y postergado proyecto de Puerto Natales es solo el ejemplo más evidente—. ¿Cómo es posible que una actividad económica que genera ganancias millonarias y mueve volúmenes gigantescos opere sin un relleno sanitario industrial ni sistemas locales de valorización de residuos?

Al final, lo que vemos es un modelo productivo que prioriza el rendimiento inmediato y el camino fácil. Se externalizan los riesgos críticos y se traslada el costo operativo al entorno. Mientras la industria busca atajos, son los frágiles canales patagónicos los que terminan pagando la factura de esta voracidad. La lección es clara: no podemos seguir permitiendo que el desarrollo regional se construya sobre los cimientos frágiles de la improvisación.