Una libra esterlina por cada oreja selknam | Manuel Luis Rodríguez U. | Historia y Memoria
Una libra esterlina por cada oreja de selk’nam.
Ese era el precio que los grandes terratenientes ganaderos de Tierra del Fuego pagaban a sus empleados para que acabaran con los habitantes originarios de la Isla Grande. Este bárbaro proceder está suficientemente documentado en multitud de testimonios de viajeros de finales del siglo XIX. Así lo asegura el geógrafo francés Paul Walle, “no hay ninguna exageración en esto porque hemos visto el regreso de estas partidas de caza”, y lo confirma Lucas Bridges que conoció a algunos de los más famosos cazadores de indios a los que, debido a los negocios que tenía a medias con los Braun-Menéndez, protege en su libro ocultando sus nombres.
Según el testimonio de Federico Echeuline, hijo de madre selk’nam, «las mujeres tenían un precio mayor, libra y media por cada seno cortado», asegurándose de este modo los hacendados la eliminación de la generación selk’nam todavía por nacer. James Radbourne, que trabajó en la estancia Springhill como ovejero, nos dejó estremecedores relatos de las cacerías humanas lideradas por un hombre cruel llamado Mac Donald que “no gastaba balas en los viejos ni en las mujeres que eran dejados atrás sin defensa por los otros indios, pero saltaba de su caballo y acuchillaba a todos los que podía atrapar, viejos o jóvenes, hombres o mujeres”.
Aunque el récord lo ostentaba el administrador de la estancia de José Menéndez, rey de la Patagonia, otro escocés, el temible Alexander Mac Lennan, apodado “chancho colorado”. No olvidemos que la despiadada persecución perseguía un único fin: arrebatarles a los selk’nam sus tierras para que un puñado de privilegiados se hicieran ricos con la explotación de las ovejas.
En la fotografía, tomada por Martin Gusinde en 1919, vemos a un cazador selk’nam con su arco y fechas. Fotografía tomada en el Campamento Río del Fuego, en el extremo austral de América del Sur. Original Postal fotográfica (gelatina sobre papel).

