La renuncia a la política | Sergio Reyes, Periodista | Cartas al Director

La renuncia a la política | Sergio Reyes, Periodista | Cartas al Director

Señor Director:

Hace unos días, durante una marcha estudiantil pacífica en nuestra ciudad de Punta Arenas, vimos una escena que para muchos “no tiene nada de malo”, pero que esconde un mensaje complicado. En la entrada del Gobierno Regional, protegido por un fuerte contingente de Carabineros, el Seremi de Seguridad Pública se dedicó a tomarles fotos con su celular a los jóvenes que se manifestaban.

Quienes defienden esto diciendo que “la autoridad solo hacía su pega” miran el asunto con mucha ingenuidad. El rol de un Seremi es la gestión política de la seguridad, no actuar como fotógrafo de inteligencia en terreno. No hablamos de un funcionario cualquiera; hablamos de una autoridad con formación militar en un cargo civil. En ese mundo, el registro visual no es para el recuerdo familiar: es para levantar información sobre un “objetivo” y marcar territorio. Al congelar los rostros de los manifestantes desde el blindaje policial, la cámara se convierte en una herramienta de intimidación y de sospecha.

Detrás de ese obturador opera una estrategia más profunda: el miedo del poder a la fuerza colectiva. Al fotografiar de forma individual a los estudiantes, la autoridad busca disolver la potencia de la marcha y transformarla en una simple sumatoria de personas bajo sospecha. El Estado intenta fragmentar y aislar al movimiento social porque le teme al disenso legítimo. Al reemplazar la palabra por el lente, el poder político renuncia de manera deliberada a construir consensos y salta directo a la lógica penal del control de masas.

Si el Estado tiene tecnología de sobra y centrales de cámaras para monitorear las calles de forma profesional, ¿para qué pararse en primera línea a apuntar con el teléfono a estudiantes? La respuesta es simple: para disuadir a través del miedo al “archivo” estatal. En vez de abrir las puertas para escuchar propuestas, se prefirió la parada de cuartel y tratar un problema social como si fuera un asunto netamente criminal. ¿Es esa la señal de diálogo que nuestras autoridades le quieren dar a la juventud magallánica?

Sergio Reyes Tapia.
Periodista