contador de visitas gratis
Search
viernes 22 enero 2021
  • :
  • :

Una etapa no apta para personas sin criterio formado – Víctor Maldonado R. – Opinión

 

No puede haber carrera presidencial en la centroizquierda si alguno de sus actores políticos fundamentales se encuentra ausente de la competencia. Por eso, la presentación de Paula Narváez como opción socialista es una excelente noticia para todos.

Llenándose esta ausencia, lo segundo en importancia para definir abanderado presidencial común es conseguir la nominación por el mecanismo democrático más acorde con la idiosincrasia de los partidos y del momento político.

Dejando aparte el caso de quienes ya tienen definido candidato único, como es el caso del PR, y también el de la eventualidad que se incorporara un candidato independiente aceptado por la coalición, otros están pasando por un proceso de elecciones primarias sucesivas, como es el caso del PPD y del PDC.

En este mes de enero quedará definido, en votación abierta, quien representará a estos dos últimos partidos en la primaria siguiente del conjunto de partidos coaligados. Como el PS establecerá su procedimiento democrático a fines de enero, eso deja solo el espacio suficiente como para que los socialistas definan a su representante con el tiempo calzado para llegar a la definición conjunta.

En este caso, las restricciones extraordinarias impuestas por el ajustado calendario electoral tendrán un efecto benéfico. En teoría era posible pensar en una definición previa de los partidos socialdemócratas, pero eso sería un paso muy duro de procesar en la Falange, puesto que de tres competidores quedaría solo uno con el cual dirimir.

Ahora, en cambio, las condiciones para concursar son muy parejas y en igualdad de condiciones. Esto produce un efecto aglutinante que viabiliza llegar a hacer frente a la derecha en primera y segunda vuelta presidencial.

Algunos consideran que no es lo suficientemente interesante producir una carrera entre candidatos(as), ninguno de los cuales resulta indiscutido en el punto de partida. Pero esto es un completo error. Así como hay procedimientos adaptados a las figuras carismáticas, también existen procedimientos que permiten destacar personalidades meritorias que representen la fuerza de la unidad adecuadamente expresada.

Cada alternativa tiene sus ventajas y desventajas. Tener una candidata fuera de lo común, como Michelle Bachelet, crea una mística especial que arrastra al triunfo con una certeza sostenida a todo evento. Eso ha hecho que quienes tenían la obligación de modernizar y actualizar sus partidos se confiaran en los méritos ajenos y lo dejaran para otra oportunidad.

Bachelet no era el problema, era la excusa para no asumir las propias responsabilidades. Responsabilizarla, además, por la desidia ajena rebasa los límites de lo tolerable. Ella entregó dos gobiernos a un colectivo que requería su carisma para superar sus propias falencias.

Ahora, lo que ocurra con nosotros dependerá de nosotros. No podemos recurrir a nadie para asumir nuestras responsabilidades. Nuestros líderes cumplirán con su función, pero no reemplazarán el aporte que los colectivos políticos deben volver a asumir. Al fin y al cabo, ¿cuál es el problema en actuar como adultos?