El futuro, el presente y el pasado de ENAP Magallanes | José Ruiz Pivcevic y Alvaro Vargas Riquelme
El 29 de diciembre de 1945, en el pozo Springhill N°1, en Tierra del Fuego, se descubrió el
primer yacimiento de petróleo comercial en Chile. Ese hallazgo marcó un punto de inflexión
que dio inicio a uno de los cambios productivos y sociales más relevantes en la historia de
la Región de Magallanes. Impulsado por la Corporación de Fomento de la Producción
(CORFO), este proceso culminó el 19 de junio de 1950 con la creación de la Empresa
Nacional del Petróleo (ENAP).
La historia de ENAP es también la historia de sus trabajadores y, en particular, de
generaciones de trabajadores magallánicos que levantaron una industria en uno de los
territorios más australes y aislados del mundo. Desde la mítica isla de Tierra del Fuego,
construyeron campamentos e infraestructura estratégica que aún hoy forman parte del
orgullo regional y del patrimonio productivo del país.
Pero la relevancia histórica de ENAP va más allá de la creación de empleo o de
infraestructura. Su desarrollo se produjo en un contexto regional complejo: una economía
golpeada por la caída del comercio marítimo internacional y por la progresiva disminución
de la producción ovina, que había alcanzado su apogeo décadas antes. A diferencia de ese
ciclo previo —marcado por una fuerte concentración del ingreso, profundas desigualdades
sociales y una dolorosa huella histórica asociada a la violencia contra pueblos originarios y
trabajadores—, la industria del petróleo introdujo una lógica distinta de desarrollo liderada
por el Estado.
El surgimiento de ENAP y de la actividad petrolera es recordado como una verdadera épica
del trabajo. Permitió el acceso a empleos estables y de calidad, dejó infraestructura al
servicio de toda la región y consolidó una empresa pública con un fuerte compromiso
territorial. Una empresa que no solo reconfiguró la estructura productiva de Magallanes,
sino que además ha generado ingresos para el país y beneficios concretos para su
población.
Este compromiso con el desarrollo del país y de la región se mantiene vigente en la
actualidad, en un escenario donde se hace imprescindible avanzar hacia una transición
energética justa y sostenible. En ese contexto, adquiere especial relevancia el desarrollo
de una planta de hidrógeno verde en ENAP Magallanes, ubicada en Cabo Negro, con una
inversión aproximada de 14 millones de dólares. Así como hace ocho décadas el
descubrimiento de petróleo en esta región dio origen a una empresa y a una nueva etapa
de desarrollo, hoy la incorporación de nuevas tecnologías energéticas abre un nuevo ciclo,
proyectando desde Magallanes una transformación coherente con los desafíos energéticos
del siglo XXI y con una visión de largo plazo para el país.
Hoy, cuando observamos que los países líderes del mundo avanzan, innovan y compiten a
escala global de la mano de empresas públicas, mixtas o con participación estratégica del
Estado, resulta inevitable reflexionar sobre el rol de ENAP. Su historia demuestra que ha
sido una herramienta clave para el desarrollo regional y nacional, y su capacidad de
proyectarse hacia nuevas áreas energéticas dependerá de las decisiones estratégicas que
el país adopte en los próximos años. Resguardar a ENAP como empresa pública es reconocer
su aporte histórico y asegurar que Chile cuente, también hacia el futuro, con una empresa
capaz de contribuir al desarrollo, la innovación y la soberanía energética desde la Región
de Magallanes

