Se busca sustituto para la centroderecha | Víctor Maldonado R.,| Opinión
Si no se está improvisando, se está haciendo una imitación bastante buena. Eso ocurre cuando los objetivos declarados no son sostenidos con firmeza porque, en la práctica, preparar la gestión valió menos que las necesidades de campaña.
Terminada la elección, las decisiones reales aún quedaron por tomar porque no existía un excesivo apego a lo que se prometió. Se está decidiendo con la inspiración del momento y sin un conocimiento preciso del Estado.
Los gobiernos respaldados por una coalición son reacios a disminuir ministerios porque eso reduce los premios que reparten entre su base de apoyo. En este caso no hay coalición que preservar ni un interés excesivo por la mantención de los equilibrios políticos. Así que esta razón no ha contado para nada.
Si se hubiera tenido un diseño de reestructuración del Estado, este era el momento para implementarlo, pero eso no es lo que se está observando.
No sabemos si el nuevo gabinete tiene varios “yogurt con fecha de vencimiento”, como dijo Pablo Longueira, pero lo cierto es que hay muchos dirigentes de partidos de centroderecha que esperan que así sea para que un ajuste los reposicione en el Ejecutivo, mostrando lo valioso que resulta su aporte.
La derecha económica pasa a tener una mayor incidencia. Al menos es lo que se aprecia por la procedencia de los independientes, que no vienen caídos del cielo, sino transferidos del ámbito empresarial.
Más que un pronóstico sobre el desempeño de algunas personas en concreto, lo que expresan los partidos de centroderecha es la notoria disminución de su influencia como actores colectivos. Simplemente, han dejado de estar en el centro de la toma de decisiones. En su reemplazo llegó la derecha económica a ocupar espacios con sus representantes.
Al nombrar ministros que no vienen del ámbito político, ni recomendados por los partidos, Kast acumula mucho poder. Sin embargo, al no ser él mismo un gestor, requiere de un equipo político que opere en plena sintonía y que sepa “bajar la línea” con mucha solvencia. Si esto falla, será un fracaso.
Los partidos de centroderecha tradicional están siendo sustituidos por los enviados especiales del empresariado. Y lo que se les está diciendo es que son prescindibles, pueden ser relevados en sus funciones y que son expertos en algo que ha dejado de tener importancia. Tienen que mirar este hecho de frente.
Si la futura administración no se propone reformas administrativas importantes, el eje pasa a la acción del Ejecutivo, en un ejercicio del poder muy personalizado.
En sí mismo, esto no constituye un problema, a condición de que se advierta que se encuentran ahora en un ámbito que tiene sus propias particularidades y a las que no le pueden imponer mecánicamente las reglas del ámbito privado.
No es la primera vez que algo así se intenta y los resultados no han sido buenos, la política no existe por maldad, sino por necesidad y no se puede improvisar.

