El reciclaje en Suecia una lección de ecología rentable | Oscar Gibbons | Opinión

El reciclaje en Suecia una lección de ecología rentable | Oscar Gibbons | Opinión

En la década de 1980 los ciudadanos suecos comenzaron, espontáneamente, a separar de su basura residuos que consideraban reutilizables. Mayoritariamente comenzaron con el vidrio, luego el papel, siguieron con el cartón, el aluminio, después los envases tetra pack y prosiguieron haciéndolo, con casi todos los materiales artificiales que llegaran a sus manos.  

El año 1984, el Estado Sueco decidió ayudar a los ciudadanos en su labor de reciclaje, dictando la Ordenanza SFS 2022:1274, que creó la “Agencia de Protección Ambiental”, autoridad que se encarga de otorgar permisos para desarrollar proyectos productivos y supervisar su correcta ejecución.

Esa norma estableció legalmente el concepto de «Responsabilidad del Productor», conforme al cual, todas las empresas que produzcan o importen productos destinados a venderse en el mercado sueco, deben recolectar y reciclar sus envases. Esta responsabilidad incluye elaborar e importar productos libres de sustancias nocivas, que sean fáciles de reutilizar o reciclar. 

La Agencia de Protección Ambiental creó el Sistema Plantar, una de cuyas medidas consistió en la creación de la “Fundación Mantener Suecia Limpia” la cual, actuando con responsabilidad social, tiene el deber de lograr beneficios medio ambientales, exigiendo ser reutilizado cada envase de los productos vendidos por sus integrantes.

Dicha fundación fue constituida por la “Asociación Sueca de Cerveceros” (Sveriges Bryggerier); La “Federación Sueca de Comercio” (Svensk Handel); una organización denominada “Livsmedelshandlarna”, que en castellano podría traducirse “Unión Comercial Nacional Independiente de Minoristas” y participaron en su financiamiento inicial, todas las empresas suecas privadas dedicadas al retail. 

A fin de cumplir este objetivo, esta fundación creó un sistema de recolección de residuos, instalando depósitos accesibles al efecto para la ciudadanía de todo el país, tanto en sitios urbanos como rurales, siéndole obligatorio vaciarlos frecuentemente antes de colapsar su capacidad, transportando los materiales hacia instalaciones dedicadas a clasificarlos y reutilizarlos. 

La gente deposita los residuos en estos depósitos conforme a sus colores:   Amarillo: Plásticos blandos y duros (envases de plástico, botellas, bolsas y películas). Azul: Papel y cartón (cajas de cartón, periódicos, revistas, papel de embalaje). Naranja o Beige: Envases metálicos (latas de refresco, tapas, papel de aluminio). Gris o Blanco: Vidrio incoloro (frascos y botellas transparentes). Negro/Turquesa: Vidrio coloreado (botellas de vidrio verde o marrón). Cafe: Residuos de alimentos / orgánicos (restos de comida biodegradables). Rojo: Residuos peligrosos (pilas, baterías, productos químicos, bombillas). Verde: Restos / basura general (residuos no reciclables que van a incineración).

Otro de los objetivos de esta fundación es diseñar campañas para informar a las personas acerca de los beneficios ambientales y sociales del Sistema Plantar y los fundamentos de la economía circular, a fin de influir en su comportamiento.

Tiene impuesta además la obligación de constantemente efectuar investigaciones que permitan mejorar el tratamiento de los residuos domiciliarios e industriales.

Cumpliendo con ello, la fundación sugirió a la “Agencia de Protección Ambiental” crear la metodología “Returpack”, conforme a la cual el consumidor al adquirir un producto envasado paga un depósito en dinero.  Tras utilizarlo lleva el envase vacío a máquinas recolectoras que escanean su código de barras, devolviendo al consumidor el monto depositado, que puede solicitar la emisión de un cupón que podrá canjear posteriormente o abonarlo en una cuenta corriente o de ahorro bancaria.

En 2017, el gobierno sueco reformó el sistema tributario, reduciendo del 25% al ​​12% el I.V.A.  aplicable a la reparación de artículos usados, como electrodomésticos, bicicletas, ropa, calzado, ordenadores u otros bienes de consumo adquiridos, a fin de que tenga menos sentido tirar a la basura los que se dañaron, comprando nuevos que los reemplacen. Esto disminuyó en promedio el costo de una reparación, de 400 Coronas Suecas a 50.

Además, se otorgó un benefició a los contribuyentes, rebajando de su impuesto anual de renta, la mitad de lo pagado por el costo de la mano de obra implicada en las reparaciones de sus bienes. Esto aumentó significativamente los ingresos del sector productivo dedicado la reparación en Suecia, que proporciona miles de empleos, particularmente necesarios para los inmigrantes, que durante un largo tiempo se ven impedidos de ejercer las profesiones que tenían en sus países de origen, hasta ser ellas acreditadas formalmente por el Estado Sueco.

Esta política ha logrado que actualmente menos del 1% de los residuos domésticos e industriales de Suecia, sean depositados en rellenos sanitarios. 

Cerca de un 40% de los desechos se recicla físicamente, fabricando nuevos envases. Alrededor de un 30% se incinera en plantas llamadas kraftvärmeverk, centrales de cogeneración que producen electricidad y hacen circular agua caliente, mediante tuberías que entregan calefacción gratuita a la mitad de los hogares suecos. 

La incineración de residuos en estas plantas aún no ha logrado ser un sistema perfecto, todavía siguen emitiendo CO₂ y otros contaminantes, pese a haberse mejorado paulatinamente disminuirlos mejorando constantemente los sistemas de filtrado de sus chimeneas. Pese a esto, su funcionamiento representa un enorme beneficio ambiental, comparado con el daño generado por la contaminación que emana desde los vertederos sanitarios.

Desde el año 2010 Suecia, debido a la escasez de residuos domiciliarios e industriales para mantener funcionando sus plantas kraftvärmeverk, los importa desde el Reino Unido, Noruega, Italia y otros países cercanos, el año pasado importó 3.860.000 toneladas.

Esto ha causado una progresiva disminución de vertederos sanitarios en Europa.

No es que Suecia necesite importar basura para sobrevivir energéticamente. La Asociación Nacional “Avfall Sverigem”, conformada por empresas generadoras del sector, tiene estudiado que, si el flujo de residuos extranjeros se redujera, sus plantas seguirían funcionado utilizando biomasa de su industria forestal. 

La basura importada genera un gran beneficio económico. Suecia no compra residuos porque los necesite, sino porque otros países pagan por deshacerse de ellos. Con los volúmenes actuales, el beneficio económico supera los 1.000 millones de coronas anuales. 

Colateralmente Suecia genera un efecto indirecto importante, la presión económica generada a los países exportadores, que necesitan invertir sus fondos para despojarse de su basura, les ha hecho necesario estudiar cómo reducirla y reciclarla mejor. 

Cuando la basura cuesta dinero, prevenir su ocurrencia comienza a tener sentido.