Asalto e incendio en la Federación Obrera de Magallanes el 27 de julio de 1920 | Manuel Luis Rodríguez U. |Historia y Memoria
En la madrugada del martes 27 de julio de 1920, la ciudad de Punta Arenas se despertó con la sirena del cuerpo de Bomberos y una ruidosa balacera en el centro de la ciudad. Los estruendosos disparos duraron casi una hora. El asalto fue orquestado y preparado desde hacía varios meses.
A continuación, hacia las 3 de la madrugada se produjo un incendio, provocado por los mismos asaltantes, quienes volcaron el calentador a leña del salón de la sede de la Federación Obrera en la vereda sur de calle Errázuriz, entre Avenida España y calle Talca. La casona de madera de un piso ardió por más de dos horas, porque, coincidentemente, fue interrumpido el suministro de agua y los asaltantes atropellaron con sus caballos a los bomberos que intentaron apagar el siniestro.
En la mañana temprano, los vecinos de calle Errázuriz encontraron miles de casquillos de balas de fusil de guerra que habían sido disparadas contra el edificio de la Federación.
El juez letrado concurrió al lugar del suceso, donde fueron encontrados 5 cadáveres, mientras en la Cruz Roja se registraron más de 30 personas heridas a bala y con golpes de sable. Uno de los asaltantes, el policía Mardones recibió una bala en el pecho y murió en el lugar. El gobernador Alfonso Bulnes, que había presenciado el asalto efectuado por los efectivos del batallón Magallanes del Ejército y de la Policía, todos disfrazados con ponchos negros, decretó esa mañana el estado de sitio sobre la ciudad.
Algunas mujeres pasaron discretamente por calle Errázuriz tratando de averiguar si entre los restos humanos calcinados podría encontrarse alguno de sus familiares. En vano, ya que la autoridad hizo retirar los cuerpos y fueron enterrados en el Cementerio Municipal, donde la tumba de la Federación Obrera los recibió sin identificar.
Pasaron cuatro años y dos jueces instructores para que se logre establecer la verdad histórica y jurídica sobre este hecho. Ninguno de los autores, cómplices o encubridores de este crimen fue juzgado ni sancionado por los Tribunales.
La casona incendiada fue un lugar ominoso para los puntarenenses y el asalto e incendio se convirtieron en una fecha simbólica y dramática en la historia de Magallanes y de Punta Arenas.

