Tablero lleno y emoción a flor de piel: así fue el concierto de Quilapayún | Juan Salvador Miranda
Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a Quilapayún: fue en 1989, en el gimnasio de la Confederación Deportiva en Punta Arenas. Con los años los volví a seguir en Santiago, Temuco y Puerto Natales. Esta vez tiene un sabor muy especial: verlos justo el día de mi cumpleaños. El sábado 26 de septiembre aterrizaron en Punta Arenas y el gimnasio estaba a tablero lleno.
En la primera parte del show interpretaron La Cantata Santa María de Iquique y, luego de un receso, regresaron para interpretar lo más destacado de su repertorio. Llevan más de 60 años sobre los escenarios y, sinceramente, por la calidad interpretativa y por tan acertada selección de temas —donde los himnos no podían faltar y algunas canciones fueron adaptadas a estos tiempos que nos tocan vivir—, el final fue demoledor: primero sonó El derecho de vivir en paz, de Víctor Jara, y cerraron, después de que el público la comenzara a cantar a viva voz, con El pueblo unido jamás será vencido, fue un final muy emotivo.
El espectáculo fue impecable. El discurso continúa siendo el mismo de siempre, consecuente con su postura. Terminó el show y se veía a la gente satisfecha; en tiempos oscuros, un gran grupo como Quilapayún nos traía la esperanza de un mundo mejor.

