Derrotar al algoritmo: La histórica remontada de Lula contra el tecnocapitalismo | Juan Salvador Miranda
Lula no estaba compitiendo simplemente contra Flávio Bolsonaro; le tocó enfrentarse a algo muchísimo más grande y, para ser honestos, casi insuperable hoy en día: el tecnocapitalismo. En Brasil este fenómeno se metió hasta el fondo, como pocas veces se ha visto en una elección. Un ejemplo claro fue cómo META —la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp— terminó jugando a favor de Bolsonaro. Se ajustaron algoritmos en Facebook e Instagram para limitar el contenido favorable a Lula, y las herramientas de inteligencia artificial permitían crear videos y afiches de Bolsonaro mientras bloqueaban los de Lula. Durante las primeras semanas de la campaña era evidente cómo las publicaciones bolsonaristas lograban un alcance desproporcionado. Al final, estas redes e IA no son simples herramientas: son la infraestructura por donde circula casi todo lo que la gente asume como «información» y el espacio donde hoy se socializa.
Quienes controlan esa infraestructura —piezas clave en el proyecto neoimperial de Trump— saben perfectamente cómo inclinar la balanza electoral. Lo hacen para asegurar el triunfo de candidatos que les garanticen expandir sus negocios en la región, principalmente asegurando energía para sus centros de datos y acceso a minerales críticos. Esos recursos son el combustible de la carrera por liderar la IA frente a China, una disputa que el gobierno de Trump impulsó a través de estas mismas megacorporaciones. En la práctica, las ultraderechas reciben un empujón algorítmico deliberado para construir mayorías dispuestas a entregar recursos, datos y minerales a estos tecnoligarcas. Es justamente esta alianza la que puso a Lula contra las cuerdas.
La Remontada Frente a la Máquina Digital
Las posibilidades de Lula parecían mínimas ante semejante cerco. Se tenía que dar una carambola perfecta de factores para ganar en la segunda vuelta. Era difícil, pero lo logró en lo que ya se considera una de las victorias electorales más épicas de la historia reciente.
En lo funcional, Lula hizo una buena gestión dentro de un contexto internacional complicado y con una economía global a medio gas. Entregó buenos indicadores sociales y estabilidad económica. Nada que ver con la desastrosa gestión de Jair Bolsonaro —padre del candidato opositor—, quien dejó un país en ruinas, con millones de personas volviendo a pasar hambre y con un deterioro institucional feroz marcado por el insulto y el desprecio por las reglas del juego. Sin embargo, en 2022 ese mismo Bolsonaro estuvo a punto de reelegirse y Lula apenas pudo ganarle por un margen ajustadísimo.
La lección era clara: hoy en día hacer una buena gestión ya no basta para ganar elecciones. En sociedades afectadas por el desgaste cognitivo del uso masivo de pantallas, donde los datos son reemplazados por dogmas, la política dejó de ser un asunto de administración para convertirse en pura gestión de emociones. Un terreno donde las derechas y ultraderechas se mueven como pez en el agua a fuerza de relatos simples, descalificaciones y mentiras.
Con su triunfo, fuimos testigos de la consolidación de la carrera del político latinoamericano más relevante y respetado a nivel mundial en lo que va del siglo XXI. Un verdadero gigante. Hablamos del hombre que sacó a millones de personas de la miseria y que, tras más de dos décadas en el centro de la escena política de la mayor economía de la región, dio la pelea contra un entramado de intereses multimillonarios, manipulación algorítmica y poder geopolítico para lograr una de las remontadas electorales más épicas que se hayan visto jamás.
La Clave Demográfica: Movilización, Abstención y Voto Nulo/Blanco
El triunfo de Lula se explica fundamentalmente a través del aumento significativo de la participación electoral y la reducción de la abstención, el voto nulo y el voto en blanco. En un sistema de voto obligatorio, movilizar a la ciudadanía resulta sumamente difícil; sin embargo, la campaña logró activar a un electorado clave en el momento decisivo: en la segunda vuelta votaron 2,7 millones de personas más que en la primera vuelta, y Lula logró sumar más de 10 millones de votos adicionales respecto a sus resultados de la primera ronda.
Solo para dimensionar el nivel de la remontada de Lula en Brasil:
- São Paulo: Lula subió de 9.500.000 de votos a 12.100.000 en la segunda vuelta (+2,6 millones).
- Río de Janeiro: de 3.700.000 a 4.600.000 en la segunda vuelta (+900 mil).
- Río Grande do Sul: de 2.300.000 votos a 2.800.000 en segunda vuelta (+500 mil).
- Minas Gerais: de 5.200.000 votos a 6.400.000 en segunda vuelta (+1,2 millones).
- Bahía: de 5.700.000 votos a 6.500.000 (+800 mil).
Solo entre esos cinco estados, Lula cosechó 6 millones de votos más que en la primera vuelta. Directo a los libros de historia.
- Baja de la abstención, nulos y blancos: Romper la apatía y rescatar el voto despolitizado fue el antídoto contra el empuje algorítmico de la ultraderecha.
- La trinchera de la guerrilla digital: Después de quedar en segundo lugar en la primera vuelta, André Janones abrió el canal de WhatsApp ‘Ejército de Lula’, que pasó de 50.000 a 10 millones de afiliados, para contrarrestar los bulos y la desinformación de la extrema derecha de Bolsonaro.
- Movilización territorial: La capacidad de llevar físicamente a las urnas a millones de votantes demostró que, cuando la organización popular y la contraofensiva digital se activan, la infraestructura digital del tecnocapitalismo encuentra sus límites en la calle y en la comunidad.
Un Liderazgo Histórico
Pensar en la dimensión de esta gesta exige comprender la magnitud de la figura política: el hombre que tienes que ser para que tu gente te elija cuatro veces para gobernar. Y hacerlo en un contexto de avanzada global de la ultraderecha, con el algoritmo en contra, con el imperio detrás impulsando a sus rivales y con toda Latinoamérica admirándote. Simplemente gigantesco.
En un solo mes, Lula prohibió las apuestas, redujo la jornada laboral sin pérdida de salario, fue a la ONU a defender a Palestina y a Cuba, le dijo frontalmente a Trump que Brasil no entraba en el patio trasero de EEUU, se sacó foto con Zohran Mamdani, y terminó ganándole a Meta las redes y a Bolsonaro la elección.
El triunfo de Lula nos confirma que el algoritmo de ultraderecha puede y debe ser derrotado.

