El pan de cada día | Jorge Restovic Skirving | Opinión

El pan de cada día | Jorge Restovic Skirving | Opinión

A las 7 de la mañana, en cualquier almacén de Chile, pasa lo mismo.

Una señora mira el pan, lo deja, y después lo vuelve a tomar. Un caballero se lleva medio kilo de papas porque no alcanza para el kilo. Una mamá hace cuentas en voz baja para que su hijo no se dé cuenta que no alcanza.

Ahí está el país de verdad. Y ahí se nota lo frágil que es este sistema. Porque cuando el sistema se enferma, a los ricos les da un resfrío. A los comunes y corrientes les da pulmonía.

En Paraguay, la Selección lo dijo clarito: habló de angustia. De no saber si vas a llegar a fin de mes. De tener los ahorros de toda tu vida en juego y no saber quién te va a responder. Acá esa angustia se llama hacer malabares. Malabares para el arriendo, la luz, el colegio, el remedio. Para que la pensión alcance. Para que la pega dure.

Y los malabares cada día son más difíciles: un millón de personas sin pega, cesantía de 9,8%, la más alta en cinco años, más de 103.000 puestos perdidos en un año, y la economía creció apenas 0,2% en septiembre. Nada. Esto ya pasó antes. Y nos pasó a nosotros también.

El patrón es siempre el mismo: un grupo compra un banco, el banco le presta al grupo, no pagan, todo se cae, y pagan los ahorristas. Pasó en Chile 1983, con 8 bancos intervenidos. En Venezuela 1994, con 17 de 49 bancos caídos. En Paraguay 1995, con un tercio del sistema quebrado. En Ecuador 1999, con depósitos congelados y el país botando su moneda. En Uruguay 2002, con los dueños condenados.

Y ahora Paraguay 2026, otra vez . Ueno Bank le prestó más de 80 millones de dólares a 5 empresas de su mismo grupo, según la Fiscalía. Nunca pagan los dueños. Pagan los que confiaron, los que ahorraron toda la vida. Y si no ponemos atención, seguirá como en Paraguay. La historia, cuando no se aprende, se repite. Y en Chile ya se repitió una vez en el 83.

Cuando la economía se cae, ¿quién paga? No pagan los bancos, ni las grandes empresas, ni los que tienen el dinero afuera. Paga la señora del almacén. Paga la mamá que hace cuentas.

A los ricos los salvan. A los comunes y corrientes los ajustan. Frágil para los de abajo, blindado para los de arriba.

Mientras tanto, arriba todo sigue igual. Los que manejan el dinero siguen manejando el dinero. Los que deciden la justicia siguen decidiendo en secreto.

El gobierno de Kast llegó prometiendo orden y tiene 59 autoridades fuera en 233 días. Una cada cuatro días. Un país no se gobierna culpando a los gobiernos anteriores. Los eligieron para hacerse cargo, no para pasar 4 años diciendo «es que el gobierno anterior». La señora del almacén no come excusas. A dos semanas de asumir vino el bencinazo, con el cuento del «Estado en quiebra». La aprobación cayó del 57% al 45% en una semana. Para la señora del almacén fue el pan más caro, la micro más cara, la vida más cara.

Después vino lo más grave: le bajaron las penas a 56 condenados por delitos sexuales contra menores, que quedaron en libertad. Y el ministro de Justicia, Fernando Rabat, salió casi a la fuerza, después de mucha presión. No fue voluntario ni a tiempo.

Después, los recortes: un papel de la Dipres recomendando cortar la alimentación escolar, y un Presupuesto 2027 con denuncias de recortes en salud, educación, desarrollo social y vivienda. Cuando el sistema se aprieta, le quitan la comida a los cabros. Nunca le quitan a los de arriba.

ADVERTENCIA: No normalicemos que nos roben.

Nos están acostumbrando a que es normal que te cobren de más, que te suban el precio, que te recorten la pensión, que te roben el sueldo con comisiones e intereses. Y no es normal. Que el sistema te saque el dinero del bolsillo todos los meses y después te diga que no hay dinero para ti, eso es robo.

Si nos acostumbramos, ya ganaron. Porque el día que el pueblo se acostumbra a que le roben, dejan de robar con vergüenza y empiezan a robar con descaro.

No es normal que la gente trabaje toda la vida y termine contando monedas. No es normal que un viejo elija entre el remedio y el pan. Eso es injusticia. Por eso me pegó tanto el comunicado de la Selección Paraguaya. No fue de expertos. Fue de hijos que dijeron: nuestra gente no es un número, es nuestra familia.

Si una decisión no ayuda a que esa señora pueda comprar el pan tranquila, no sirve.

Un país no progresa con comunicados. Progresa trabajando. Y cuidando a los que trabajan. La única medida que vale no es cuánto gastamos. Es a quién cuidamos.

Y hoy, el sistema cuida a los ricos y deja solos a los comunes y corrientes. Y eso, compañero, no es orden. Eso es injusticia.