Nos sobran cartones y nos faltan manos | Jorge Restovic Skirving | Opinión

Nos sobran cartones y nos faltan manos | Jorge Restovic Skirving | Opinión

El otro día estaba conversando con unos amigos y salió este tema. De la nada, uno de ellos dijo algo que me quedó dando vueltas:

«Yo ya no estudio más. ¿Para qué? En mi trabajo da lo mismo si sigo sacando más cartones. No me pagan más, no me suben de puesto, no cambia nada.»

Y tenía razón. Y eso me dejó pensando.

Ahí me nació la curiosidad de averiguar en las páginas de los observatorios laborales. De meterme a ver los números de verdad, no lo que uno escucha en la calle. Y al tiro me acordé de mis tiempos de Seremi del Trabajo, del 2000 al 2003, y luego en el gobierno del 2003 al 2006, donde el tema del empleo era una preocupación constante.

En esos años el empleo no era un tema más en la agenda. Era el tema. Todos los días había que buscar cómo generar pega, cómo capacitar, cómo conectar a la gente con las empresas. Y ahí la creatividad y la coordinación de programas era vital. No bastaba con tener un programa bonito en el papel. Había que juntar a la empresa, al liceo, al municipio, al SENCE, y hacer que la cosa funcionara en terreno. Recorría empresas, liceos, sindicatos, y veía lo mismo que veo hoy: gente con ganas de trabajar, y un sistema que no calzaba.

En ese tiempo ya lo veíamos venir. Ya se notaba que se estaban titulando muchos, pero que las pegas no crecían al mismo ritmo. Ya se notaba que faltaban técnicos, que las empresas pedían gente con oficio, y que los jóvenes salían con un cartón que no les servía para entrar a trabajar. Volví a revisar esos observatorios y me encontré con que el problema no se arregló. Se agrandó.

Hoy tenemos 329 mil personas que se titularon en un solo año. La cifra más alta en la historia de Chile. Nunca habíamos tenido tantos títulos. ¿Y la pega? Ahí está el problema. Hoy hay 356 mil personas con título que están cesantes. Y de los que sí están trabajando, casi 4 de cada 10 están haciendo algo que no tiene nada que ver con lo que estudiaron. La ingeniera atendiendo un negocio. El psicólogo vendiendo por Instagram. El sociólogo manejando un furgón. No porque quieran. Porque no hay pega en lo suyo.

Y mientras tanto, al otro lado, las empresas andan buscando 240 mil técnicos al año y no los encuentran. Que falta gente en minería, en energía, en salud, en construcción, en tecnología. Todos dicen lo mismo: «no hay técnicos».

¿Cómo puede ser? ¿Sobran titulados y faltan técnicos al mismo tiempo?

Porque nos enseñaron a mirar en menos el trabajo técnico.

Nos hicieron creer que el que va a un CFT o a un liceo técnico es porque «no le alcanzó para la universidad». Que el éxito era el cartón largo, de 5 años, con deuda. Que ser técnico era de segunda categoría.

Y el resultado está a la vista. Un país lleno de universitarios frustrados, y empresas paradas porque no hay quien arregle una máquina, quien instale un panel solar, quien mantenga un avión.

Y acá viene la parte de la plata, que es la que más duele.

Nos dijeron que el universitario siempre gana más que el técnico. Eso es mentira a medias.

Sí, un médico gana más de 3 millones y medio al cuarto año. Pero Psicología, que es una de las carreras con más gente, gana 1 millón 300 mil al cuarto año. Y con suerte encuentra pega.

Mientras tanto, un Técnico en Metalurgia gana 2 millones 600 mil al cuarto año. Un Técnico en Automatización gana 2 millones 200 mil. Un Técnico en Minería, 1 millón 800 mil.

Y al primer año, ¿sabes cuál es la carrera mejor pagada de todo Chile? No es universitaria. Es Ingeniería Industrial de Instituto Profesional, con 2 millones 600 mil, por sobre Medicina.

Pero hay algo más importante que el sueldo: el tiempo.

El técnico estudia 2 años y medio, sale a los 20 años y empieza a ganar. El universitario estudia 5 años, sale a los 24, con deuda del CAE, y recién ahí empieza. En esos 3 o 4 años, el técnico ya tiene sueldo, experiencia, cotizaciones, y hasta puede estar juntando para su casa. El universitario recién está partiendo de cero.

Por eso mi amigo tiene razón. ¿Para qué seguir sacando cartones si en la pega da lo mismo? Si nadie te paga más por tener otro diploma colgado en la pared.

No se trata de que estudiar sea malo. Se trata de que nos vendieron que la única forma de salir adelante era la universidad. Y los números dicen otra cosa: hay técnicos que ganan más que muchos universitarios, y ganan antes.

Entonces, ¿cómo se arregla esto? No con discursos, con cosas simples:

  1. Que se aprenda trabajando. En Alemania el cabro pasa 70% del tiempo en la empresa y 30% en clases. Aprende haciendo. Acá ya hay más de 200 liceos que lo hacen. Hay que hacerlo en todos lados.
  2. Que el técnico pueda seguir subiendo. Hoy si un técnico quiere seguir estudiando, tiene que partir de cero en la universidad. No le reconocen nada. Eso es castigar al que quiere superarse.
  3. Que las carreras se armen con las empresas. Preguntarle a cada sector: ¿qué técnico necesitas? ¿Qué tiene que saber? Si no, seguimos titulando gente para pegas que ya no existen.
  4. Que se diga la verdad en el colegio. Antes de que un cabro de 18 años se endeude por 5 años, tiene derecho a saber cuánto gana y cuánta pega tiene cada carrera. Eso está en http://MiFuturo.cl, pero nadie se lo muestra.

Cuando fui Seremi del Trabajo lo vi en terreno. Hoy lo confirmo con los números de los observatorios. No cambió el diagnóstico. Cambió el tamaño del problema.

Mi amigo del otro día no es flojo. No es que no quiera superarse. Es que ya entendió algo que el país todavía no entiende: el cartón por sí solo no da de comer.

Chile no necesita más diplomas de adorno. Necesita más manos que sepan hacer. Más técnicos que sepan soldar, programar, cuidar, construir, reparar.

Nos sobran cartones. Nos faltan manos.

Y mientras no lo asumamos, vamos a seguir teniendo